HOMILÍA 12 SEPTIEMBRE 2013

   A Santa María del Alcor, en el Año de la Fe, con todo el corazón le decimos… guapa… reina… flor de pureza… Madre.  Y si un cristiano tiene fe…

   No la expresará en términos de retórica folclórica ni evocando asuntos que para nada conciernen a la misión de evangelizar, ni con insulsos discursos por muy populares o populacheros que sean.
  Si un cristiano tiene fe…

   La expresará con sus obras, con el obrar amoroso y misericordioso, en la más ardiente y solícita caridad, porque la fe sin obras está muerta.

Si un cristiano tiene fe…

Evitará los lujos y despilfarros innecesarios, pero no será ajeno al buen gusto estético.

Si un cristiano tiene fe…

No se extenderá en palabrería ni se pondrá a declamar una lírica ripiosa de sensibleras emociones que no conducen a nada. Si no tiene algo exhortativo o doctrinal que decir, mejor que renuncie a ocupar un foro público, porque la palabra es muy noble y los que han de escucharla también, teniendo derecho a la belleza verdadera y no a la verborrea.

Si un cristiano tiene fe…

Sabe explicarla desde el Génesis al Apocalipsis, sin que necesariamente tenga que ser erudito su discurso.

Si un cristiano tiene fe…

Lo empieza y lo acaba todo rezando.

Si un cristiano tiene fe…

Quiere su santificación con la cruz de cada día.

Si un cristiano tiene fe…

Camina en su conversión mediante el sacramento de la penitencia, del perdón y de la reconciliación, con una conciencia moral bien formada, sin acercarse a la Sagrada Co-munión sin confesarse.

Si un cristiano tiene fe…

No se mueve por la iglesia como si fuera un pagano en una finca de recreo.

Si un cristiano tiene fe…

Va a Misa sin faltar en absoluto en los domingos y días festivos, consciente de que pe-ca gravemente si no lo hace, a no ser por algún serio o excusable impedimento.

Si un cristiano tiene fe…

No murmura ni se da a difamar del prójimo, que es de lo que más disgusta a Dios y a la Virgen María.

Si un cristiano tiene fe…

No maltrata a nadie, ni abusa de nadie sino que respeta y perdona siempre.

Si un cristiano tiene fe…

Ayuda a los que carecen de lo necesario y aporta su dinero a las necesidades de la Iglesia.

Si un cristiano tiene fe…

Agrada a los demás y sabe mostrarse seriamente responsable, comprometido, porque creer es comprometerse.

Si un cristiano tiene fe…

Ama la vida y no la elimina, ni la deteriora en el medio ambiente, sino que fomenta la belleza, la pureza, la justicia, la paz…

Si un cristiano tiene fe…

No promueve tonterías aunque parezcan religiosas, porque sólo siente eclesialmente.

Si un cristiano tiene fe…

No corrompe la pureza de la fe, ni la ideologiza, ni la hace a su medida, porque la fe la tenemos eclesialmente compartida.

Si un cristiano tiene fe…

La demuestra con su humildad y con su capacidad de servir, como María, que siendo la Esclava del Señor es Reina Coronada de cielo y tierra, y es Madre de todos los hom-bres.

Si un cristiano tiene fe…

Sabe que en la Iglesia son más importantes y necesarios los curas que, por ejemplo, los costaleros, con ser éstos o poder serlo también muy dignos y necesarios.

Si un cristiano tiene fe…

Habrá de plantearse seriamente a qué le llama Dios, cuál es su vocación y como habrá de consagrarse en la misión eclesial, si como laico o como ordenado sacerdotalmente o incluso en la vida contemplativa.

Si un cristiano tiene fe…

Identifica y se identifica en la iglesia con el Sagrario, sin que exista ninguna otra iden-tidad cristiana o imagen más excelsa o verdadera.

Si un cristiano tiene fe…

Sabe que un pendón verbenero o una comparsa no constituye cultura, como no lo constituye exhibir una mitra. También hemos de saber divertir y divertirnos. Pasarlo bien no es ajeno a la fe, promover cosas tristes sí. La fe es festiva por naturaleza.

Si un cristiano tiene fe…

Sabe animar la liturgia con salmos, himno y cánticos inspirados.

Si un cristiano tiene fe…

Da igual que sea de una u otra condición o tendencia sexual, de una u otra familia o raza, de una u otra edad, de una u otra nacionalidad o consideración política, de una u otra extracción social, de una u otra titulación académica, de una u otra dedicación…

La fe no es un título sino un don de Dios.

No se puede premiar con un diploma ni queda homenajeada en azulejos.

No se resalta con actos extraordinarios o de gran magnitud o artificioso esplendor, pues todo puede quedarse en bulla y alharaca y albórbolas, como bronce que resuena o címbalo que retiñe, que retiñe en las pasiones.

La fe sólo se lleva bien con la verdad: “Ya podría yo… tener una fe que mueve mon-tañas; si no tengo amor, no soy nada… La caridad es paciente y bondadosa; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa ni orgullosa; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta…” (1 Cor 13).

La fe es totalmente ajena al afán de protagonismo o al cargo o rango que se ostente.

Si un cristiano tiene fe…

Sabe ponerse en su sitio y darle a cada cual el lugar que le corresponde, pero puede relativizar las “cuestiones de protocolo”, sin reivindicar ni buscar para sí los primeros puestos sino procurando en todo la sencillez y la amable cercanía con todos.

La fe es hacerse niño para entrar en el Reino de Dios o pertenecer a él.

Madre de nuestra fe, Santa María del Alcor, concédenos la gracia de despreciarnos a nosotros mismos sin despreciar a nadie, para que nuestra corona de gloria no sea sino la gloria de Dios, la gloria con la que tú sola destacas como Enaltecida y Coronada.

ANIMACIÓN DEL PÁRROCO PARA SALIR DE LA MEDIOCRIDAD

15 de septiembre de 2013

   “El fenómeno de la ‘secularización’ –la tendencia a vivir la vida en una proyección horizontal, dejando a un lado o neutralizando la dimensión de lo trascendente, aunque se acepte de buena gana el discurso religioso– desde hace varias décadas afecta a to-dos los bautizados sin excepción y obliga a quienes por mandato divino tienen la tarea de guiar a la Iglesia a tomar una posición determinada”. Así se expresa de entrada la presentación del Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros (Congregación para el clero 2013).

Es normal –queridos feligreses– que seamos normalitos, pero no deberíamos ser con-formistas. Si alguien se encuentra instalado en su rutina acomodaticia, que a veces no es más que superficialidad y hasta frivolidad popular, del montón, quizá siendo revestida también de religiosidad esa rutina acomodaticia, esta carta pretende sacudir tal actitud, para ver si poco a poco surgen en nuestra comunidad parroquial algunos y algunas que se comprometan de verdad a una mayor altura de vida cristiana.

De ramplones y mediocres está demasiado lleno nuestro mundo, en este tiempo en que predomina la superficialidad y no la excelencia.

Sobra gente que le da importancia a lo que no es tan importante. Eso es la mediocri-dad. Mediocre es quien se queda vitalmente en poca cosa, en las insignificancias de la vida, el que se queda en mezquino, vulgar, corriente, fastidioso, ajeno a lo que engran-dece y enemigo de la generosidad. Mediocre es el que vive para sí mismo o para sus intereses y no para los demás ni para la comunidad. No se interesa sino su interés y su particularidad, mostrándose ese interés hasta caprichoso a veces. El mediocre es como un enano inmaduro, un infantil que no crece.

¿Serías tú capaz de superar esta mezquina forma de ser y de obrar pasando a la cate-goría de quien hace producir sus talentos como nos pide el Evangelio? ¿Serías tú capaz de ser así en la parroquia, como en los demás ámbitos de la vida?

Los mediocres no nos hacen ninguna falta, pero te necesitamos a ti si dejas de serlo.

El mediocre es alguien que vive según sus conveniencias y no acepta las opiniones de los demás sino busca desacreditarlas, no es un animoso para nuevas tareas sino como-dón; es persona torpe, débil en su personalidad, de voluble voluntad, alguien indeciso y envidioso. Le fastidia que le exijan, le fastidia la perfección, le fastidia romper sus es-quemas, a los que da un valor absoluto y determinante aun cuando no valen nada. El mediocre no tiene nada de genial, ni de creativo, ni de héroe. El mediocre es tibio y cobarde. Al mediocre le trae sin cuidado ser santo y para nada le preocupa que ésta sea la vocación universal de todos en cuanto bautizados. El mediocre es alguien incapaz de amar y por eso su conducta no concuerda con el obrar cristiano. El mediocre es un en-vejecido. Si queremos una parroquia viva y siempre renovada con la fuerza del espíritu hace falta tu respuesta joven y misionera hacia los jóvenes. Si a un joven le exiges poco, no da nada o se queda acomodaticio en la mediocridad, aunque deambule por la cate-quesis o por una hermandad. Si a un joven le exiges mucho, lo da todo.

En resumen, sobran los mediocres y son necesarios los decididos por Cristo y por su Iglesia, para desempeñar las tareas parroquiales en comunión con el párroco y con las directrices diocesanas, con la fuerza de la oración y de los sacramentos, en permanente conversión.

Y las tareas parroquiales son de índole muy variada: evangelizar y catequizar, animar y cantar la liturgia, atender las áreas pastorales de familia, jóvenes, caridad, hermandad y vida social… Cuanto sea frívolo ha de ser ajeno a la parroquia. ¿Serás capaz de pasar de la frivolidad a la espiritualidad?

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