“Es preciso insistir […] dando un relieve particular a la Eucaristía dominical y al domingo mismo, sentido como día especial de la fe, día del Señor resucitado y del don del Espíritu, verdadera Pascua de la semana” (Juan Pablo II, Novo millennio ineunte, nº 35).eucaristía-manos

  Posiblemente pertenezcas a una de estas tres categorías de personas:
 
 a) Católico que ibas a Misa con tus padres cuando eras pequeño y un día, durante la adolescencia, dejaste de ir. Fue porque entraste en una crisis: era tiempo de dejar de ir sólo porque tus padres iban y no llegaste a entender por qué debías ir. Estas líneas son para ti.
  b) Católico que nunca fuiste a Misa de modo constante. Quizá ni siquiera sabías de la obligación de asistir todos los domingos. Te parece hasta curioso o exagerado que la Iglesia pretenda esa práctica para todos. Estas líneas también son para ti.
 c) Católico que va a Misa y quiere ayudar a muchos a volver a sentir la necesidad de participar en ella. Lo que sigue quiere aportarte algunas ideas o puntos que te ayuden en esta tarea.
                               Lee por favor el siguiente texto despacio, meditándolo.
                                     Por qué se ha de ir a Misa
  Demos por cierto, aunque te sientas cristiano (o cristiana), que casi siempre dejaste de ir a Misa por capricho o inconscientemente (o tal vez nadie te habló de la importancia de la Misa y por eso no vas), entremos en materia.
 
 1.- Hay que ir a Misa porque es un mandamiento de Dios.
 Dios pone de manifiesto nuestra ineludible necesidad (salvífica) de centrar en Él nuestra vida, sin que esto tenga por qué aburrirte. Así se refleja ya en el libro del Éxodo (20, 8-10): “Acuérdate de santificar el día de sábado. Los seis días de la semana tra-bajarás y harás todas tus labores. Pero el día séptimo lo consagrarás al Señor tu Dios”. Has de suponer que Dios, por tu mismo bien, tiene su razón y su derecho a exigirte esto. Nuestro tiempo también es primordialmente de Dios No es bueno decirle “no dispongo de tiempo para ti”.
 
   2.- Hay que ir a Misa porque eres hijo de Dios y hermano de los demás hijos de Dios.
 No eres hijo de Dios sólo interiormente (en tu corazón o en tu conciencia individual) sino también externamente, necesitando expresar tu fe (y proclamar el Credo) de modo que los demás la vean, no por exhibirte sino por necesidad de mostrarte unido a los demás. El verdadero culto es el que se celebra en comunidad, juntos. El individualismo es contra o a la fe. Más allá o independientemente de tus gustos personales has de mostrar tu vida en comunión. No se va a Misa porque guste ni se deja de ir porque no guste. No ir a Misa es despreciar a Dios y despreciar a los demás, la manera más egoísta de no compartir, la manera más patente de decirle a los demás “no os necesito ni yo necesito dar gloria a Dios con vosotros”.
 
   3.- Hay que ir a Misa por la libre pertenencia a la Iglesia que nos compromete y obliga.
  La Misa no la obliga la Iglesia arbitrariamente ni la imponen los curas por capricho o por bastardos intereses. Hemos de saber que la Misa es a la vez lo mínimo y lo máximo que necesitamos los cristianos. Es absurda –y hasta maldad por tu parte– por tu parte toda queja o rebeldía al respecto. Si vas al Catecismo, verás denunciado tu pecado en toda su gravedad.
 
  4.- Hay que ir a Misa porque se peca gravemente si no se va.
  Que se peca gravemente quiere decir, sin más, que puedes ir al infierno. ¿Hace falta más comentario? Sin la Eucaristía, te cierras a la vida eterna. Jesús no dejó lugar a du-das: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que come de este pan vivirá para siem-pre…; si no coméis la carne del Hijo de Dios y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros…; el que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna” (cf. Jn 6, 30-58).
 
    5.- Hay que ir a Misa porque es de vital importancia, te va la vida en ello.   Esto quiere decir que no de otra fuente te surtirás de fuerza y de caridad para vivir como hijo de Dios y hermano de los demás y de las demás que te necesitan, como tú necesitas de ellos.
 
    6.- Hay que ir a Misa porque es Jesucristo mismo quien nos lo pide con apre-miante invitación.
 Al instituir este Sacramento, Jesús se expresó diciendo: “Haced esto en memoria mía”. Ir a Misa no es sino cumplir este mandato del Señor. Y no es sólo una memoria histórica, es una memoria que lo hace presente. Jesús te invita y se te entrega. No responder, ser indiferente a su llamada, no acatar su mandamiento sólo tiene un nombre: desprecio.
 
      7.- Hay que ir a Misa precisamente porque muchos no van y a pesar de que no se muestre del todo una vida cristiana de verdad en quienes vamos.
 La Misa es, en este sentido, la mejor apología frente a la increencia o la indiferencia religiosa del mundo en que vivimos. No hay otro modo o camino mejor para defender, robustecer o manifestar nuestra fe. La Misa es el primero y el fundamental de los testimonios que ha de dar un cristiano. ¿Te das cuenta de qué testimonio de fe da a los que no creen quien dice creer y muestra no valorar lo que cree?
 
    8.- Hay que ir a Misa porque es mejor que no ir.
  Si lo piensas bien, ¿hay algo mejor en el mundo que la Misa? ¿Por qué te la pierdes? ¿No será porque no yendo se está en mejores condiciones para ser peores? No te engañes ni te dejes engañar. Los que no van a Misa no son mejores. ¿A qué aspiras, a la vida buena de la gracia de Dios o a la buena vida de la desgracia del pecado?
   
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  ¿Qué es eso de católico pero no practicante y cómo se llega a ello?
 En primer lugar, eso es una contradicción. Hay quienes además la dicen con cierto orgullo. O se es católico de verdad y con todas las consecuencias o no se es. No hay ninguna variedad de católico, como si se tratara de la variedad de una especie. Un buen católico (o católico de verdad) siempre es eso que dio en llamarse “practicante”. Está en la mentira total quien se declara “buen católico no practicante”.
   Pensándolo bien, la expresión “católico no practicante”, además de ser contradictoria es negativa, equivalente a:
   “católico no católico”,
   “católico en la vida particular o privada pero no públicamente”,
   “católico pero sin tener que parecerlo o que identificarse como tal”,
   “católico que no vive lo que cree”,
   “católico cuya fe y compromiso son menores que la propia comodidad, indiferencia o pereza”,
   “católico sí pero no”,
   “católico pero relativamente o relativizando algunas cosas”,
   “católico en teoría o culturalmente pero no en la práctica ni vivencialmente”, etc.
   Estos supuestos católicos (que en realidad no lo son o dejaron de serlo) son los que, al perder la fe, dejan de adherirse a la doctrina católica y van por libre, más o menos hiper-críticos y quejumbrosos.
   Se cumple lo que ya señalaba San Agustín en el siglo IV: “El que no vive como pien-sa, termina pensando como vive”. Su relación con Dios llegará a reducirse a compro-misos de índole sociológica (bautismos, bodas, primeras comuniones, confirmaciones, funerales…) y necesidades (salud, dinero, trabajo) que sean tan imperiosas como para acordarse de que Dios existe y pudiera ser que prestara alguna atención.
   Un problema serio de dejar de ir a Misa, es que significa el comienzo de una religio-sidad centrada en uno mismo, una religiosidad en la que se impone el yo (mi, me conmigo): “yo siento”, “yo pienso”, “me cae bien o mal”, “me viene bien o mal”, “conmigo esto no va”, etc. Muchos tienen una religiosidad de sí mismos, ensimismada, narcisista, de frente al espejo de su mediocridad y de su egoísmo, enmascarándose incluso en la falsa devoción o en una devoción a medias (con una fe de medianía, no profunda). Han dejado de esta frente a Dios o en la presencia de Dios. Cuando esto ocurre, ¿cómo se le va ocurrir a esta gente ir a Misa? Le dirán más bien a cualquiera: “¿Cómo se te ocurre decirme que vaya a Misa?”.   Quienes dejan de ir a Misa verán en su vida ese proceso de insensibilidad espiritual que va llegando a la sequedad del alma, convertida en terreno árido para las cosas de Dios. Esa aridez es la que lleva al aburrimiento de no ser felices. Al tedio de las cosas espirituales. No aburre la Misa, es la persona así la que ya está aburrida incluso en Misa. Esa persona aburrida no sabe ni divertirse, a no ser frívolamente, superficialmente, arti-ficialmente. La persona que se desacraliza no admite lo sagrado.
   Males y pecados que antes preocupaban, dejan de preocupar, y cada día se reza me-nos. El alma se va volviendo indiferente, pierde sensibilidad espiritual. Y esto sucede poco a poco. Quien deja de ir a Misa, al principio puede tener la impresión de que no ha pasado nada, de que todo sigue igual, pero no es así. Ha dejado de ser teocéntrico, de vivir centrado en la Eucaristía semanal. Ha desplazado a Dios del centro de su vida. Experimentará cómo todo se paga y se apaga. Al pecador le parece siempre que su pe-cado no tiene consecuencias, hasta que lamentablemente lo descubre y sufre, porque ha hecho sufrir. Convéncete por tu bien y el de quienes te rodean: Sí tiene graves conse-cuencias apartarse de Dios, dejar de ir a Misa.
   La clave a la que alude siempre un “católico no practicante” es la de no ir a Misa. Deja de ir a Misa siempre por algún motivo negativo, nunca por un motivo positivo. ¿Hay algún motivo de valor para no ir a Misa, algo que demuestre que es mejor no ir que ir? ¿Alguien ha dejado de ir a Misa después de haberlo reflexionado y pensado bien antes de decidirlo? Se puede decir que no. Se deja de ir a Misa por dejadez, por una dejadez no decidida racionalmente, sin saber por qué.
   He aquí un error bastante común: se deja de ir un domingo a Misa por dejadez y pe-reza, o bien por la vergüenza de tener que confesar, o porque sin confesar no se puede comulgar; y como al no confesar ni comulgar la persona se siente mal, se desiste de ir a Misa sin más. Luego esto se hace hábito y costumbre (pues uno se acostumbra a todo); la costumbre se justifica y acaba rebelándose la persona incluso de manera visceral: “¡Déjame en paz!”. No se quiere por nada del mundo que a uno le recuerden el tema, ni aunque te lo recordara un ángel que se te apareciera… Si quieres, piensa en lo contrario: ¿No estará interesado el Demonio de que no vayas a Misa?
 
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 Motivos más frecuentes que se aluden para no ir a Misa
 1.- Pereza, desgana, estar cansado o cansada.
  Más que motivos son excusas.
 
    2.- No sentir esa necesidad.
 ¿Desde cuándo las ganas son leyes por la que hemos de regirnos? ¿No solemos hacer lo necesario y lo que de verdad nos importa, nos guste o no, lo sintamos o no, nos cueste o no?
 
   3.- Me aburro.
  Te proyectas como mediocre diciendo que la Misa es aburrida. Por el contrario, ¿dónde está dicho o escrito que a Misa va uno a divertirse o a pasarlo en grande? ¿De verdad te parece que Dios o el Evangelio son aburridos? Si tanta gente va a Misa (in-cluso a diario) y lo hace gustosamente, ¿no será que esa gente ve y gusta algo que a ti se te escapa? ¿Qué es aquello de la Misa a lo que no tienes alcance o no aprecias? ¿Por qué?
 
   4.- La Misa es siempre lo mismo.
  Si comparas la Misa como si se tratara de un espectáculo, una función, una velada, una obra de teatro, una película…, llevarías razón; pero la Misa no es nada de eso, pre-cisamente porque tiene que ver realmente con la vida, porque es vida, una celebración participativa y no un espectáculo al que se asiste de manera pasiva, ni como una clase o una charla que hay que soportar. Hay muchas cosas que repetimos sin achacar que siempre es lo mismo (piensa y haz una lista de esas cosas repetidas que hacemos en la vida, precisamente porque estamos vivos y activos). Piensa, por ejemplo, en muchas de las cosas que sí son siempre lo mismo en la misma religiosidad popular o en las tra-diciones familiares o culturales que practicas.
 
    5.- Las cosas de la Misa no me interesan.
  Compara qué cosas te interesan y cuáles no, cuáles más y cuáles menos. Si todo lo que se refiere a Dios te da igual o no te interesa, tienes un gran problema. ¿Cuál es tu escala de valores en la vida? Realmente, ¿a qué aspiras?
 
    6.- No tengo tiempo.
  ¿No tienes mínimamente una hora para la Misa de entre las 168 horas que tiene una semana? Si no tienes tiempo, no tendrás tampoco eternidad. Si no optas por la Misa, no optas por el Cielo. De todo el tiempo de vida que Dios te da, el tiempo que te obliga a la Misa es el 0’59 %. ¿A qué viene que se lo escatimes a Dios?
 
 7.- Ir a Misa me rompe otros planes.
 ¿Qué planes? ¿Fútbol? ¿Diversión? ¿Excursión? ¿Feria? ¿Visitas? ¿No eres capaz de articular tus cosas, quitando de tu tiempo sólo el pecado? ¿Te olvidas del primer man-damiento: “amarás a Dios sobre todas las cosas”?
 
 8.- Es que no lo tengo claro, tengo dudas de fe.
  Si este es tu caso o problema, comprenderás que no arreglas nada dejando de ir a Misa. Entre otras cosas, vamos a Misa para acrecentar nuestra fe, la cual se disminuye dejando de ir. La fe se incrementa haciendo tres cosas: rezando, confesando y comul-gando. De ahí surge también el aumento de esperanza y de caridad, la vida teologal. No hay otros métodos ni otros caminos.
 
  9.- Me enfadé con Dios.
  Hubo algo en mi vida (la muerte de un ser querido, un fracaso muy doloroso, una gra-ve enfermedad, una muy lamentable tragedia) y me enfadé con Dios. Así que si Dios se portó malamente, ¿por qué voy a ir a Misa? No yendo a Misa le muestro mi discon-formidad con Él. Así es. Hay gente que deja de ir a Misa para mostrar su enfado y hasta su venganza ante Dios. Son gente que, en vez de fortalecerse y robustecerse en su fe, reacciona con una gran pataleta, como la de un niño pequeño de mala crianza y ca-prichoso. No piensan ni aprecian que el más maltratado y despreciado de la historia es Dios, ya que Cristo murió en la Cruz, en medio de atroces sufrimientos, de manera absolutamente injusta, por nuestros pecados y amándonos. Además, Dios sigo maltra-tado en todas las víctimas maltratadas y sigue sufriendo en todos los que sufren. Más aún: ¿Quién sale perdiendo en la reacción de enfado y rebeldía: Dios que no se aparta de nosotros o nosotros cuando nos apartamos de Él?
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 10.- ¿Qué es eso de ir a Misa, si podemos comprobar que muchos de los que van se portan muy mal y muchos de los que no van se portan bien?
  Haces esta pregunta y te quedas tan pancho o pancha. Es evidente que no basta con ir a Misa, que luego hay que portarse bien. Igualmente es evidente que no tiene nada que ver la física cuántica con que sean muy buenas las torrijas. Siempre hay cosas que no tienen nada que ver la una con la otra. Los que va a Misa y luego no son honestos hay dos cosas: una buena (ir a Misa) y una mala (no ser honestos). Lo malo de ser deshonestos no hace que la Misa sea mala. Hay que deshacerse de ser deshonestos, no de ir a Misa. Y en cuanto a los buenos que no va a Misa, puedes pensar que más bueno que nadie es Dios. ¿Por quién te has de guiar, por los buenos que no va a Misa o por el buen Dios que te invita y te manda a ir a Misa? Sé sincero o sincera: ¿De verdad son mejores los que no van a Misa que los que van? Para ir a Misa no hace falta organizar un concurso de bondad, ni que lo pienses en tu interior. No es cuestión de quién es más bueno y quién es más malo. En todo caso, dejar de ir a Misa no mejora a nadie sino que lo empeora. Y si te consideras mejor que nadie, prueba a ir para mejorar a los que van que son peores, ¿no te parece?
  
11.- Si tengo que confesar para comulgar, no voy a Misa.
 Nadie ha dicho nunca que tengas que comulgar (no es estrictamente obligatorio, aun-que sí es lo conveniente). Dicho con toda claridad: si no vas a Misa, pecas gravemente; si no comulgas en Misa, no pecas. Si comulgas indebidamente, pecas sacrílegamente. En todo caso, el problema no es insoluble, tiene fácil solución: confiesa con humildad y confianza tus pecados. Confiésalos nombrándolos, no vagamente, no difusamente, no sentimentalmente (los pecados tienen nombres, adjetivos, connotaciones, agravantes, atenuantes, señas de identidad, y hasta números como tu carnet de identidad). Si entras en la confesión diciendo que no tienes pecado ya estás pecando de mentiroso o menti-rosa (lo dice el mismo apóstol San Juan en sus Cartas, por ejemplo). Y no vale que te imagines que Dios te confiesa sin la mediación sacerdotal, sin el sacramento del perdón tal como instituyó la Iglesia a la luz de la Sagrada Escritura y a través de los tiempos. Nadie sale confesado ante la imagen de la que es devoto o devota. El sacerdote, que también necesita el perdón, es ministro de la reconciliación, representando a Dios y a la comunidad, sin tener otro interés que el de perdonar y ayudar, sin torturar. No nos cansemos de pedir perdón a Dios, que Él no se cansa nunca de perdonar.
 
  12.- Algunos adolescentes no van a Misa con tal de llevar la contraria a los pa-dres y algunos adultos con tal de llevar la contraria a los curas.
   Tan sólo decir que esta actitud es propia de personas inmaduras. ¿Te parece que es lo correcto hacer sufrir o dar quebraderos de cabeza a los demás o despreocuparte de los que se preocupan por ti? ¿Te hace eso más feliz?
 
  13.- Es que el cura me cae mal.
 Por muy mal que te caiga un cura, no se va a Misa para agradarle o como si le hicieras un favor. En todo caso, yendo a Misa eres tú quien te favoreces, más aún si aguantas al cura que no te cae bien. En todo caso, en Misa no recibes ni celebras el amor del cura sino el Amor de Dios. Y es a Dios a quien tú respondes, no al cura. Que el cura sea o no simpático no te excusa de tu participación o no en la Misa. También puedes hacer, si te es posible, ir a Misa donde el cura te sea más acorde. Esto no es malo, pero no deja de ser una tontería. Lo mejor no es ir a Misa a cualquier sitio sino a tu comunidad o pa-rroquia de referencia. Tal vez tengas que ser más comunitario o comunitaria que cle-rical.
 
 ¿Qué hay que hacer para mejorar la Misa,para que también resulte grata y satisfactoria?
 1.- Es evidente que para conseguir eso lo primero que hay que hacer es ir a Misa, porque si no vas no podrás valorarla ni mejorarla.
 2.- Aprende y fórmate para que no estés en Misa sólo calentando un poco el asiento sino tratando de vivir lo que allí se hace como acción sagrada, litúrgica. Si no haces esto, claro que te vas a aburrir. Catequízate y estudia. Sólo se aprende pensando. No hay formación sin aprendizaje, sin lectura, sin reflexión… Es evidente que lo que no se entiende no se disfruta. ¿Cómo vas a disfrutar de la Misa si no sabe qué es? Actual-mente dispones incluso de Internet para formarte buenos y sistemáticos criterios, aun-que lo mejor es que te enroles en las áreas pastorales y catequéticas de tu parroquia. Lo mejor es que te enroles en un bien formado equipo de liturgia, un equipo que prepara la Misa en oración, no sacando moniciones o intervenciones prefabricadas, ni de Internet ni de ningún otro sitio, mucho menos añadiendo cosas o intervenciones innecesarias, sentimentales, frívolas, de telenovela. Aprende a ser un especialista al respecto. Si lees, hazlo bien, proclamando, enardeciendo, enfervorizando…
    3.- Medita y pide al Señor que te dé espíritu de oración. El Señor te descubrirá entonces maravillas inagotables por las que asombrarte y alabarle con indescriptible alegría.
  4.- No vayas a Misa ni estés en ella de manera frívola o distraída. La Misa no es un ejercicio de concentración mental, pero si eres persona disipada, dada al cotilleo y a no saber silenciarte para escuchar, malamente vas a sacarle gusto a la Misa (ni a nada).
  5.- No estés en Misa sin que se te escuche, en las oraciones bien acompasadas, en las respuestas, en los cantos… Los que cantan –posiblemente un coro– sepan que no cantan en Misa (como si se tratara de un concierto) sino que cantan la Misa, animándola para que canten absolutamente todos los participantes.
   6.- Participa en los cantos, porque quien canta reza el doble que quien sólo recita o repite fórmulas. No olvides que a Misa vamos con nuestras alabanzas y salimos bende-cidos. No olvides que la Misa es Pascua. ¿Sabes qué es Pascua?
   7.- Y de lo que deberías avergonzarte como de grandísimo escándalo es de estar en instituciones o circunstancias que tienen que ver con la Iglesia y ni por esas vas a Misa. Como es vergonzoso y grave que muchos padres dispongan a sus hijos a hacer la Primera Comunión de modo que resulte también la última.
  8.- Finalmente, la Misa se disfruta como ámbito de la ternura, una ternura manifestada siempre en la Virgen María, Madre de Dios y nuestra, Madre del Amor Hermoso y de todo Consuelo. Y no te olvides del Sagrario.

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¿Cuándo no es obligatorio ir a Misa?

El mismo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2181 (remitiendo a los cánones 1245 y 87 de derecho canónico) alude a eximentes por los cuales no siempre es de obligación a ir Misa (al menos de manera ocasional).
No es obligatorio ir a Misa en los supuestos siguientes:
–          En la niñez antes de los 7 años de edad (del uso de razón), teniendo en cuenta que a la edad de 7 años los niños se preparan para la Primera Comunión (y han de ir a Misa acompañados por sus padres, en familia).
–          Cuando hay una imposibilidad física o moral mínimamente grave: enfermedad o convalecencia, ancianidad con achaques de debilidad física o mental, viaje inelu-dible (por ejemplo para asistir a un duelo por un familiar, etc.).
–          Motivos de trabajo, sólo en los casos de personas que son de escasos recursos eco-nómicos y no pueden prescindir de trabajar en uno o varios domingos determi-nados o fiestas de precepto que coincidan con aprovechar la ganancia que nece-sitan para vivir y sostener a la familia. Hay trabajos que se dan sobre todo en do-mingos y fiestas. Estos motivos no excusan de ir a Misa siempre que puedan o comprometiéndose a organizar el trabajo inesperado o inexcusable de algún modo que permita ir a Misa. Sólo no se peca no yendo a Misa si no queda más remedio que faltar a la misma.
–          El obrar la caridad en alguna ocasión requerida está antes que la obligación de ir a Misa. Por ejemplo: tener que estar ineludiblemente pendiente de enfermos (cari-dad corporal) o tener que atender a alguien que por ausencia estaría en peligro mo-ral o correr algún riesgo (caridad espiritual).
–          Por cumplir otras obligaciones que no dejan o no coinciden con el tiempo en el que se puede ir a Misa: cuidar de niños (o ancianos, o enfermos), estar de guardia, estar en alguna misión que no depende de la propia voluntad, en trabajos a mucha distancia de una iglesia, en ciertos tiempos agrícolas de recolección o cosechas, etc. En todo caso, siempre que se pueda hay que ir o procurar ir a Misa.
–          Si se está en un país no católico o poco católico o si la Iglesia Católica estuviera allí perseguida. Al menos hay que proceder con prudencia y según sea posible sin correr graves riesgos o peligros.
–          En todo caso: si se falta a Misa de modo que sea pecado, hay que confesarlo antes de comulgar en la Misa siguiente; pero si se falta a Misa sin que sea pecado, no hay que confesarlo para poder comulgar.
Todos los católicos deben de ir a Misa, pero no todos van del mismo modo
–          No hay que ir a Misa por motivos sociales o de protocolo. También hay veces que en Misa puede que se esté de más si no es la fe la que le motiva. Nadie estorba en Misa, pero sí puede que se eche de menos la debida actitud (se está allí física-mente pero no se está allí de corazón o al menos con una respetuosa actitud de simpatía o sintonía. Se está obligado a ir a Misa, pero no se está políticamente obligado, o culturalmente obligado, u obligado por conveniencias sociales o del ti-po que sean, etc.
–          No se puede obligar a ir a Misa de un modo caciquil (hubo un tiempo en que el dueño del cortijo o la dama señorita daban de comer a los jornaleros o criadas si iban a Misa).
–          Antes o a la vez que obligar a ir a Misa, los pastores (los curas) tendrán que dis-cernir a qué nivel de actitud o motivación están los feligreses para ayudarles con-venientemente, con toda diligencia y sin abrumar, con la mejor enseñanza y man-sedumbre. ¿Qué hacer y cómo, por ejemplo, para tantas familias que consideran la Primera Comunión sobre todo una Puesta de Largo? ¿Habrá que impedir la Pri-mera Comunión a atenderla evangélicamente, algo así como siendo fermento en la masa? Con todo, el sacerdote y el catequista tendrán que aprovechar estas fechas, por ejemplo, para advertir acerca de los graves pecados de sacrilegio que se pue-den cometer por parte de quienes comulgan indebidamente o sin confesar bien.
–          Conviene resituar también la Primera Comunión (Adulta) en el proceso de la Ini-ciación Cristiana que pasa por el Sacramento de la Confirmación, que no es una segunda Puesta de Largo. No deberá de ir a la Confirmación quien no va a Misa o no se confirma para ir a Misa.
–          En cualquier caso, hay que ir a Misa por convicción, además de porque está man-dado.
   Véase la Audiencia del Papa Francisco (miércoles 12 de febrero de 2014).
Editado por: D. Francisco Suárez Salguero. Párroco de  Santa María del Alcor.
 
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