ParrocoLa relación del cura con el pueblo no es de buenísimo y mera condescendencia. No es buen cura el que se comporta de un modo pastelero o poco exigente. La vida en la Iglesia es un don, pero también una tarea de todos.

   Hay dos extremos que debemos evitar: el sobrenaturalismo desencarnado y la falta de compromiso. El sobrenaturalismo hemos de evitarlo porque no lleva a nadie a tomar grandes decisiones sino a hacer a la cumplidoras, conformistas, meramente cultual, de rezos e inciensos, etc.; y la falta de compromiso hay que subsanarla porque en la Iglesia hemos de estar ocupados, atareados, formados, informados, generosos, contemplativos y activos, participativos y colaboradores…, no ajenos a que en ella, además del pueblo, exista una élite empeñada en gestos y acciones de la mayor concreción posible. En la Iglesia hemos de agruparnos para ser pastoralmente efectivos, humildes y serviciales.
   A un pueblo, como a los jóvenes, si se le exige poco no da nada, pero si se le exige lo que hay que exigirle lo da todo. No nos olvidemos de las enseñanzas y ejemplos del Señor. El Señor es todo dulzura y todo exigencia a la vez. No lo olvidemos. No caigamos en la comodidad, en el desentendimiento, en la indiferencia, en las excusas…
   Pero el cura no deberá imponer nada, ni forzar a nada. Mejor que la pastoral de la obligación es la de la invitación, la que exhorta y llama. Luego harán más caso unos que otros. No importa, pero ese es el proceder pastoral. También ocurrirá que habrá siempre quienes no sirven a la Iglesia sino que se sirven de ella, y encima no harán otra cosa que quejarse y murmurar. Hemos de tener asumido que en la Iglesia y en el pueblo hay que tener mucho aguante y mucha paciencia.
   El pueblo ha de sentirse llamado a ser magnánimo y libre, a responder con genero-sidad, no a regañadientes, no sintiéndose molesto. Uno de los primeros deberes de un cura es el de no molestar, pero también es un deber ineludible es de exigir, de buena manera, pero exigir.
   Para que el pueblo se sienta interpelado por sus curas, éstos han de saber captar el sentir del pueblo, entenderlo, amarlo. El pueblo tiene su sensibilidad en lo que a fe se refiere. La iglesia le da a ello un nombre: el “sensus fidei”. Y aquí es donde el cura co-mo pastor tiene que saber aterrizar. Lo iremos viendo.
 
Francisco Suárez Salguero, Párroco en El Viso del Alcor
 
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