images (11) No hemos de anclarnos en la “fe del carbonero”, pero tampoco hemos de despreciarla a la ligera.
   Por fe, el denominado “carbonero” (que ya identificaremos, contando de dónde y có-mo nos llega la expresión) no sabe de qué se trata. El “carbonero” cree porque hay que creer, sin más, sin ver necesario dar razones. Es una actitud de fideísmo.
   Contra el fideísmo está el racionalismo, que considera como verdadero y cierto sólo lo que  se puede explicar racionalmente, desde la razón.
   Los cristianos creemos, pero además debemos formarnos para dar razón de nuestra es-peranza. La fe no es enemiga de la razón.
   Para eso, siguiendo una tradición doctrinal de siempre, compuso el Papa Juan Pablo II su encíclica Fides et Ratio (año 1998). Para eso vino a decir G. K. Chesterton, en su cuento La cruz azul (recomendable para leer), que la sabiduría deberá contar siempre con lo inesperado. La vida espiritual, como la vida misma, nos depara muchas sorpre-sas. El carácter espiritual de la vida jamás pierde actualidad.
   No olvidemos que si la fe no brota de la razón, y no sólo del corazón, no se hace valer contra la razón. La fe no es irracional. No olvidemos que muchos santos y místicos han pasado por el trance de la duda y han salido de ella fortalecidos por su amor a Cristo.
   Pero Dios concede a algunas almas una fe pura, una fe que, ni para su adquisición ni para su mantenimiento o aumento, dichas almas necesitan acudir a la razón, es decir, que ellas no se apoyan para nada en las consideraciones del raciocinio. Es la denomi-nada fe pura o “fe del carbonero”. El origen de esta denominación surgió por un car-bonero que vivía en Ávila en el siglo XV. Cuando le preguntaban: ¿Tú en qué crees?, él contestaba de inmediato: En lo que cree la Santa Iglesia. ¿Y qué cree la Iglesia?, a lo que respondía: Lo que yo creo. Pero ¿qué crees tú? Lo que cree la Iglesia… Y no había forma de sacarle del círculo cerrado de estas contestaciones. El obispo de Ávila era entonces Don Alonso de Madrigal, apodado “El tostado”, muy conocido por lo mucho que escribió. Cuando fue puesto en tela de juicio por sospechoso como hereje y le pre-guntaron acerca de su fe, Don Alonso de Madrigal respondió: Mi fe es como la del carbonero.descarga (9)
   La razón es necesaria y conviene a la fe, pero en el pueblo sigue habiendo almas de carboneros incapaces de razonar, de buscar mentalmente argumentos racionales; y sin embargo tienen una fuerte fe que además se le aumenta. La razón o motivo de ello está en el amor a Dios que poseen, de modo que cuanto más aman más fuertes se muestran en su fe. La fe del carbonero ni ha desaparecido ni desaparecerá jamás, su base de apoyo y desarrollo no se encuentra en la razón, sino en el amor al Señor y en cómo viven este amor.
 
                Francisco  Suárez Salguero;  Párroco
  

 

 

 

 

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