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Para entender la relación profunda, cordial y vivencial del pueblo con la Virgen María tenemos que saber cuáles son los instintos o anhelos del pueblo viendo cumplidas sus hondas intuiciones en Ella.
   La psicología del pueblo o psicología de base que de algún lo personaliza es de ca-rácter vital, lo cual ciertamente tiene su dimensión de irracionalidad. Todo lo vital es de algún modo irracional, sin por ello quedar reducido a lo visceral.
   En eso sentido, lo primero que destaca en María –y la gente lo capta– es la contem-plación sublimada de los procesos vitales básicos relacionados con la gestación y el na-cimiento. El pueblo ve en María, Bendita entre las mujeres, como transfigurados los procesos vitales más primordiales de la vida. Por eso la gente tiende a poner en pre-sencia de María a su hijos pequeños, recién nacidos o incluso antes de nacer, durante los embarazos. Esto es muy popular, como también lo es el enamoramiento, todo lo afecti-vo y casarse ante una imagen de la Virgen
   La gente conecta con María llevándole sus preocupaciones, los problemas, la falta de salud, las dificultades matrimoniales y familiares, los asuntos de los hijos, es decir, todo lo que es primordial.
   La gente conecta con María en todo aquello que tiene que ver con su entorno, con los de su misma sangre y con los de su propia tierra. Por eso se dan las declaraciones ma-rianas de patronazgo, las peregrinaciones, las romerías y las visitas a los santuarios ma-rianos.
   La gente sabe valorar a María en cuanto celestial, pero también la quiere terrena, cer-cana, inmediata, íntima, para hablar con Ella, para hacerla recadera ante Dios.
   La gente quiere conversar con María, no razonar con ella. Nadie va a Ella con argu-mentos sino con necesidades y agradecimientos. Por eso María no es abstracta sino con-creta en imágenes, porque a Ella no se le llevan abstracciones o ideas sino asuntos vi-tales y concretos.
   Otro instinto del pueblo, de la gente, es el anhelo de felicidad. La gente no quiere perder el sentido de la alegría y del amparo o cobijamiento. El pueblo sabe que Dios es
su refugio y su fortaleza, tal como lo ponen de manifiesto los Salmos. El pueblo quiere sentirse contento, alegre, cobijado, consolado. Y esto lo encuentra en María. Por eso el pueblo acude a María.
   Las grandes fiestas populares y las romerías en honor de la Virgen María son claro ejemplo de lo dicho. ¡Cuántas veces son éstos los únicos lugares y tiempos en los que de verdad existe la verdadera alegría y la gente se muestra contenta! ¡Qué feliz se encuen-tra la gente por el hecho de juntarse y cobijarse, como en familia ensanchada! La gente necesita sobreponerse a todo desarraigo, a la intemperie, al desgarro de no tener a nadie con quien compartir.
   Es popular también, a un nivel como más elevado, el anhelo que tiene la gente por sa-berse salvada o redimida, por tender a ello y necesitarlo, por pedirlo para sus difuntos. Es un anhelo del corazón, el anhelo que destacó San Agustín cuando dijo: “Nos hiciste para Ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que repose en Ti”. Es éste el anhelo de vida eterna, de superar la muerte; y el pueblo encuentra colmado también este deseo acudiendo a María. Lo expresa muy bien en la Salve, una oración absolutamente popular.

 

Francisco Suárez Salguero, Párroco en El Viso del Alcor

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La Virgen del Carmen en procesión ( El Viso del Alcor)

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