virgen-maria  María es la protectora de nuestra dimensión sobrenatural o supra-racional como cre-yentes. La fe del pueblo también destaca por su sentido de la trascendencia, de lo so-brenatural.
   Lo sobrenatural lo entiende el pueblo después de los preámbulos irracionales o afecti-vos de la fe que han de suponerse para entender la relación entre la fe y la razón. En todo caso, el pueblo desea creer con una fe cálida, no con la frialdad de la lógica o de los argumentos discursivos. El pueblo quiere la sabiduría en su sentido etimológico de saborear. Por eso el pueblo se expresa en términos de me gusta o no me gusta.
   El pueblo sabe también que a veces hay que proceder mortificándose, no dejándose llevar del gusto sensible. El pueblo, que se sabe frágil y limitado, sabe que las expe-riencias religiosas de verdad no están exentas de ascética. Por eso el pueblo valora a los santos, los que obran bien independientemente de lo fácil o lo difícil que resulten ese obrar. Por eso no es verdad que el pueblo no quiera esforzarse. El pueblo es más sufrido de lo que podamos pensar a la ligera. El pueblo sabe muy bien llevar sus penas y su-perar sus dificultades; sabe de la ayuda mutua que necesitamos; valora sobre todo el buen ejemplo de los mejores y desea imitarlos. Así, como el pueblo busca referentes, el cura en el pueblo ha de ser el referente principal, el que da buen ejemplo y el que haga valer a Cristo y a la Virgen María, inseparablemente, como referentes primordiales.
   Cuando nos encontramos con personas con dificultades para tener fe hemos de consi-derar que algunos de los elementos de la fe que hemos descrito falló alguna vez o de alguna manera. Si diagnosticamos bien, podemos hallar algún remedio. No faltan quie-nes tienen fe, pero con morbo, de manera enfermiza. Y es porque hay alguna carencia o discordancia entre los elementos de la fe que hemos descrito o mencionado. Surgen entonces impíos o faltos de respeto, envidiosos de no alcanzar lo que alcanzan los creyentes, de no tener la alegría que tienen los creyentes y los tachan entonces de simples e ilusos. Hay quienes, no estimando ninguna clase de pureza, critican a los creyentes considerándolos como retrógrados y arcaicos. Lo hacen sobre todo porque no se lanzan a ser puros y coherentes, porque no se deciden a subir por las escaleras para alcanzar a Dios, o no las bajan según los grados de humildad, porque Dios está ahí abajo, en el prójimo, al que ayudar, servir y acompañar.
   Hay mucho fondo incierto en muchos corazones y el cura ha de saber enseñar e ilu-minar a todos, con su palabra siempre amable y sobre todo con su ejemplo. Distinto es lo que pueda conseguir, porque en definitiva damos siempre con la libertad de cada cual. No podemos forzar a creer.
   En todos los casos, María es siempre la aliada de Dios y de los hombres para llegar a los corazones. Por eso y para eso, como focos de atracción, se elevan los santuarios y se erigen los altares con la Virgen María. María es la Omnipotencia Suplicante a favor del pueblo y de todos nosotros. Ella es la que puede abrir los corazones al don de la fe.
 
                            Francisco Suárez Salguero, Párroco en El Viso del Alcor
 
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