La pastoral tiene mucho de pedagogía, de acción educativa; y la meta de la pastoral popular mariana no es otra que la de hacer libres de verdad a las personas en particular y como pueblo. Todos hemos de aprender la libertad (interior y exterior) de los hijos de Dios, un tema absolutamente neotestamentario.
   La Virgen María, muy destacadamente en sus santuarios, educa a los hombres para que sean hombres esperanzadamente nuevos y a los pueblos para que sean pueblos nuevos, en avance igualmente esperanzado.
   Educar cristianamente es ayudar a que los hombres sean libres, autónomos, responsables, de modo que sepan sobre todo amar, compartir experiencias, convivir en paz, resolver las injusticias y testimoniar el amor de Dios que, por el Espíritu Santo, ha sido derramado en nuestros corazones y procura la sanación de todos los odios.
   Educar no es lanzar reprimendas, censuras y excomuniones, mucho menos castigar, ni amedrentar. Que nadie esclavice a nadie. Que nadie asuste a nadie. Ya la vida misma nos trae sus disgustos. No seamos siesos añadiendo sufrimientos a los que ya de por sí la vida trae consigo. Es verdad que existe el infierno (muy clarito expresado en los evangelios), pero nos educamos sobre todo en la esperanza de ir al cielo. Puede ser que algunos al morir en vez de ir al infierno lo que les pase es que han salido de él. Perdónenme si esto es una licencia teológica por mi parte, dado que no soy teólogo sino cura de pueblo y desde el pueblo deseo dejar la expresión.
   Que la pastoral popular sea para la libertad es un aspecto poco estudiado y poco dado a conocer. Tal vez sea incluso algo sospechoso de herético, si herejía es la tan traída y llevada teología de la liberación. No voy por aquí, entre otras cosas porque no domino el tema, aunque ¿de qué si no va a ser la teología sino de liberación? Otra cosa es qué se entienda por liberación, sin que sea éste el lugar ni el momento para la disquisición al respecto.
   ¿Pero qué fue Moisés sino el libertador de los hebreos esclavos en Egipto? ¿Fue aquello una liberación o no? ¿Fue pastoral la acción de Moisés o no? Y así podemos ir sacando a relucir a muchas otras figuras bíblicas, se supone que para nada sospechosas de heréticas.
   Hay una figura bíblica de la Virgen María como aquella a la que le dijo la hija del faraón: “Tómalo y edúcalo” (Ex 2, 9). Del pequeño Moisés (esclavo) habría de resultar un gran Moisés (príncipe). De esclavo hay que pasar a libre y de libre a libertador. En esta frase está resumida la vida y la misión de Moisés, como la vida de cada uno de n
osotros. Nadie es libre de verdad o del todo mientras no sea libertador. A María le podemos atribuir el grado de doctora de la liberación. “Doctores tiene la Iglesia”, se dice (y doctoras), pero la Doctora de la Iglesia por excelencia es la Virgen María. Ella nos educa en la libertad interior que consiste en responder del todo a Dios. Nuestra libertad es nuestra disponibilidad. La Virgen María, también como mujer y como todas las mujeres por lo general, es La Disponible. ¿No es mayor la disponibilidad de las mujeres que la de los hombres en la Iglesia? ¿No nos aprovechamos los hombres y reducimos esa disponibilidad a servidumbre? Aunque los hombres ya no siempre lo logremos, esa sigue siendo aún nuestra intención. Habrá que ahondar en esto, acerca de la importancia de la mujer en la religiosidad popular y en la Iglesia.
 
Francisco Suárez Salguero, Párroco en El Viso del Alcor
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