La importancia de la mujer tiene su reflejo en María, la nueva Eva, la que en vez de llevar a los hombres a la perdición, a la engañosa seducción, lleva a la vida y a la salvación. En María, todos nos elevamos y nos renovamos, las personas y los pueblos.
   Dios está en todas partes, pero ha querido llegar con total cariño a todos a través de las madres. María, como en la boda de Caná, es la que está en todo y señalándonos a Jesús nos reclama para que hagamos lo que Él nos dice. Ella se cuida de que no decaiga nuestra alegría. Ésta es la importancia de la mujer en la religiosidad popular y en la Iglesia.
   La Virgen María es la Madre del Pueblo que sólo se entristece cuando la Iglesia se mundaniza. María está al servicio de Dios y de su pueblo enseñándonos a servir, a ser como Ella portadores de Dios. Como Ella lleva al pueblo en su corazón, así debemos llevarlo también nosotros. Y el cura es el que más tiene que llevar al pueblo en su corazón. Por eso el cura tiene que ser totalmente mariano, siendo virginal como Ella. El cura, que sexualmente es un hombre, es capaz de adoptar no sólo el rol de padre sino también el de madre, por su delicadeza y ternura, por su cercanía y atenciones, por su tono en el hablar y por su total entrega y dedicación a los demás. Y como los curas en realidad no son mujeres, harán muy bien en rodearse de mujeres no como sirvientas sino como verdaderas agentes de pastoral en todo.
   ¡Qué bien lo hacen las mujeres en Caritas, en la Pastoral de la Salud visitando a los enfermos, en los Equipos de Liturgia y en pisotear a la serpiente primordial que es el diablo, como María! El diablo no quiere que la Iglesia sea pueblo, por eso lo politiza y lo ideologiza todo, por lo mismo que es enemigo de la mujer en cuanto fuente de la vi-da.
   Las mujeres del pueblo creyente son las heroínas y las referentes para todos, más que los curas, más que otros líderes. El liderazgo de la mujer es de otra naturaleza. Tal vez dejaran de ser referentes populares en la Iglesia si fueran curas. ¿Cómo sería una parroquia con una párroca al frente?
   Lo que sí sabemos es cómo fue una mujer al frente de un ejército: Juana de Arco, la Doncella de Orléans y Patrona de Francia, heroína y santa (1412-1432). Le fue revelado que tenía como misión celestial salvar al pueblo francés del injusto dominio inglés. Se mantuvo siempre fiel a Jesucristo y a su Iglesia.
   No vamos a entrar en detalles biográficos (el lector puede acceder a eso de muchas maneras), pero sí podemos destacar el hecho de su heroicidad y de su santidad, habiendo sufrido mucho y siendo finalmente quemada viva en una hoguera, acusada injustamente como hereje y hechicera. Su vida, como la de su familia y la de su pueblo, no fue fácil.
   Era analfabeta; nunca supo leer ni escribir, pero pudo decir: “sé cocer e hilar como cualquier mujer”. Cuantos la conocieron pudieron testimoniar que era conmovedora su conducta de piedad y su vida sacramental, muy practicante en lo que a obras de misericordia se refiere. Era tan buena que todo el pueblo la quería. Y ella amó tanto a su pueblo que dio la vida por él.
  
                                        Francisco Suárez Salguero, Párroco de la Santa María del Alcor.
 
 
 
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