Como son los líderes así son sus pueblos y como son los pueblos así son sus líderes. Esto tiene mucho de verdad. En la Historia de la Salvación esto es así desde Abraham. Puede decirse que la relación entre el cura y el pueblo se da según unos vínculos en-trañables (o desentrañados). Según sea la compenetración, siempre conditio sine qua non, así será lo que ocurra.
  También existen los anti-líderes, como Hitler. Y en grado menos trágico existen anti-líderes en muchos campos, también entre los curas, aunque sean, gracias a Dios, los menos. Muchos, aunque no sean líderes, tampoco son anti-líderes.
   ¿Cómo entender al sacerdote en cuanto líder del pueblo? Para responder a esta pregunta, hay que considerar al cura (y él mismo se ha de considerar) en su desnudez, desprotegido, sin arroparse en nada ni en nadie. El sacerdote no puede ocultarse detrás de su parafernalia, de su cargo o rango, de su asociación o de su organización. No puede haber nada que se interponga entre el cura y el pueblo, pues el pueblo quiere a su cura directo y en riguroso directo, no en diferido ni desde otras instancias que no sea el cura en sí mismo y por sí mismo. Por eso el cura no deberá pertenecer a nada, a ninguna obra, sino al pueblo, no inclinado por aquí o por allí. El pueblo no quiere instancias intermedias, eslabones o mediaciones que se le interpongan en la accesibilidad a su pastor. Por eso, no es bueno que el cura (diocesano) se involucre al menos demasiado en pertenencias que no sean su pueblo. Pertenecer a los Kikos, al Opus Dei, a tal o a cuál cosa, incluso a una Hermandad, aunque le reporte una seguridad y una protección al cura, es pastoralmente contraproducente. Los líderes de los movimientos eclesiales son líderes de (y en) sus movimientos, no líderes de (y en) el pueblo. El cura es un solo y un desnudo ante su pueblo, aunque es óptimo que viva la colegialidad presbiteral, arciprestal, de equipo amigable y fraterno que se ayuda (en lo humano y en lo pastoral). Al menos así lo pienso yo. Y espero que el pueblo no desproteja a su cura si de verdad es líder, no funcionario. El pueblo sólo desprotege al cura que ya se ha protegido él por su cuenta. De todos modos, el cura corra su riesgo, pues también he podido observar el final de algunos curas totalmente arrinconados en un asilo como lo son muchos de los abuelos y abuelas aun teniendo familia, hijos y nietos en gran número. Podemos encontrarnos con la compasión y con la misericordia de los demás (o de alguien) o no.
   Los curas tenemos que amar y servir al pueblo desinteresadamente, al pueblo siempre formado por nuestros hijos y hermanos, no al pueblo formado jurídicamente por nuestros feligreses.
   En todo caso, sólo el amor suscita o despierta al amor. Si se quiere obtener amor, sólo hay un camino: amar.
 
                     
                                Francisco Suárez Salguero , Párroco de la Santa María del alcor.
 
 
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