Ser cura o párroco no es desempeñar un oficio, haber obtenido un cargo para ejercerlo correctamente, cumpliendo bien, como en plan funcionariado o administración. Ser cura es testimoniar una paternidad oblativa, no en un trabajo sino en una misión. Consiste en consumirse por los demás sin dejar ni retener nada para sí.
   Estamos en unos tiempos difíciles y complejos para la Iglesia, unos tiempos en los que para nada se necesitan sacerdotes que sólo sean funcionarios eclesiales, meros administradores de doctrina y sacramentos. Se necesitan líderes que pongan en ejercicio el don de profecía, el don de la entrega personal absoluta, hasta desangrarse en la cruz si es necesario. Desde la cruz es desde donde mejor se enseña.
   Jesús tuvo su influencia sobre el pueblo, sobre el que además tenían su influencia los fariseos. Jesús y los fariseos lucharon entre sí, no lo olvidemos. Los fariseos dictaban lo que el pueblo debía hacer. Pero Jesús fue reconquistando el pueblo a los fariseos. Jesús andaba con el pueblo en cercanía, mientras los fariseos no se mezclaban con el pueblo ni se contaminaban con él. Los fariseos sólo querían del pueblo su obediencia a las leyes. Jesús sólo quería del pueblo que se supiera amado de Dios. Los fariseos dejaban la indiferencia en los corazones. Jesús hacia surgir fuego ardiente en los corazones. Los fariseos entristecían. Jesús encandilaba.
   Jesús nos puso sobre aviso acerca de la levadura de los fariseos, pero nos enseñó que un poco de levadura en nuestra fe hace crecer a la masa acercándola al Reino de Dios. Ese poco de levadura en nuestra fe es nuestra oración confiada y nuestro amor entrañable. Todo lo demás es obra de Dios.
   El cura tiene que ser alguien de recogimiento interior, alguien que se arrodilla ante el Sagrario, alguien que contempla allí la soledad de Dios y se ve en soledad ante Dios, alguien que, estando agotado, encuentra la áspera soledad del hombre de Dios convertida en la dulce soledad con Dios. A este liderazgo como referente y con corazón es al que acude la gente, el pueblo. Es el liderazgo de la cercanía y de acercarse al pueblo, para impregnarse del pueblo habiéndose impregnado de Dios.
 
 
                      Francisco Suárez Salguero,  Párroco de santa María del Alcor.
 
 
 
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