Agosto: Mes dedicado al Corazón Inmaculado de María.

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“MARÍA CONSERVABA ESTAS COSAS EN SU CORAZÓN”.

La primera vez que se menciona en el Evangelio   el   Corazón   de   María   es para expresar toda la riqueza de esa vida interior de la Virgen: “María conservaba estas cosas en su corazón”.El corazón de María conservaba co- mo un tesoro el anuncio del Ángel sobre su Maternidad divina; guardó para siem- pre todas las cosas que tuvieron lugar en la noche de Belén, o la adoración de los pastores ante el pesebre, y la presencia, un poco más tarde, de los Magos con sus dones, y la profecía del anciano Simeón, y las preocupaciones del viaje a Egipto.Más tarde, el corazón de María sufrió por la pérdida de Jesús en Jerusalén a los doce años de edad, según lo relata San Lucas en el evangelio. Pero María conservaba todas estas cosas en el corazón.Jamás olvidaría los  acontecimientos que rodearon a la muerte de su Hijo en la Cruz, ni las palabras que le oyó decir: “Mujer, he ahí a tu hijo”.Y al mirar a Juan ella nos vio a todos nosotros. Vio a todos los hombres. Desde aquel momento nos amó con su Corazón de  madre, con  el  mismo Corazón que amó a Jesús.

QUE NO SE INQUIETE TU CORAZÓN,

no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad, que no se llene de angustia tu corazón. “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”                               JACULATORIA DEL MES

Dulce Corazón de María, sed la salvación del alma mía.

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Al pie de la cruz, de la que fluye la misericordia de Aquel que “me amó y se entregó por mí”, el hombre termina por comprender y el alma por estallar en alabanzas.
Si  no  alabamos  a  Dios  cuando  la vida se pone “fea”, entonces es que no creemos que el sea el Dios bueno.
Alabar a Dios en todo momento es la única luz que puede iluminar la no-
che oscura de nuestra vida.
¡Los caminos de Dios son siempre caminos de alabanza!
¿Qué  elección  vamos  a  hacer  en esta vida?
¿Vamos a caminar derrotados,pensando que todo va mal?
¿Vamos a escoger la queja, la murmuración, la desesperación, o la alabanza, la bendición, la acción de gracias?
¿Por  qué  no  cambiar,  de  una  vez para siempre, la murmuración en alabanza?
La  única  actitud  del  hombre,  en  la alegría y en el dolor, es la alabanza sin
fin,  el  consentimiento  activo  en  los planes de dios.
 ORACN
“Acuérdate, Nuestra Señora del Sagrado Corazón, de las maravillas que el
Señor hizo en ti: Te eligió por madre y te quiso junto a su cruz.
Hoy te hace compartir su gloria y escucha tus súplicas.
Ofrécele nuestras alabanzas y nuestra acción de gracias.
Preséntale nuestras peticiones.
(Aquí  se  pide  la  gracia  que  se  desea obtener)
Haznos vivir, como tú, en el amor de tu Hijo, para que venga a nosotros su reino.  Mira  nuestra  confianza  en  ti,
atiende   nuestra   súplica   y   muéstrate siempre Madre nuestra. Amén”
Se reza un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
 
 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“MARÍA CONSERVABA ESTAS COSAS EN SU CORAZÓN”.

 

La primera vez que se menciona en el Evangelio   el   Corazón   de   María   es para expresar toda la riqueza de esa vida interior de la Virgen: “María conservaba estas cosas en su corazón”.

El corazón de María conservaba co- mo un tesoro el anuncio del Ángel sobre su Maternidad divina; guardó para siem- pre todas las cosas que tuvieron lugar en la noche de Belén, o la adoración de los pastores ante el pesebre, y la presencia, un poco más tarde, de los Magos con sus dones, y la profecía del anciano Simeón, y las preocupaciones del viaje a Egipto.

Más tarde, el corazón de María sufrió por la pérdida de Jesús en Jerusalén a los doce años de edad, según lo relata San Lucas en el evangelio. Pero María con- servaba todas estas cosas en el corazón.

Jamás olvidaría los  acontecimientos que rodearon a la muerte de su Hijo en la Cruz, ni las palabras que le oyó decir: “Mujer, he ahí a tu hijo”.

Y al mirar a Juan ella nos vio a todos nosotros. Vio a todos los hombres. Des- de aquel momento nos amó con su Cora- zón de  madre, con  el  mismo Corazón que amó a Jesús.

 

QUE NO SE INQUIETE TU CORAZÓN,

no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad,

que no se llene de angustia tu corazón. “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”

 

 

 

Dulce Corazón de María, sed la salvación del alma mía.

 

¿CUÁL ES EL SECRETO? Cuentan que

un rey muy ri-

co de la India, tenía fama de ser indiferente

a  las  riquezas materiales y

hombre de pro-

funda religiosidad, cosa un tanto inusual para un personaje de su categoría.

Ante esta situación y movido

por la curiosidad, un súbdito quiso ave- riguar el secreto del soberano para no dejarse deslumbrar por el oro, las joyas y los lujos excesivos que caracterizaban a la nobleza de su tiempo.

Inmediatamente después de los sa- ludos que la etiqueta y cortesía exigen, el  hombre  preguntó:  “Majestad,  ¿cuál es su secreto para cultivar la vida espiri- tual en medio de tanta riqueza?

El rey le dijo: “Te lo revelaré, si re- corres  mi  palacio  para comprender  la magnitud de mi riqueza.

Pero lleva una vela encendida. Si se apaga, te decapitaré”

Al término del paseo, el rey le pre- guntó: “¿Qué piensas de mis riquezas?”

La  persona  respondió:  “No  vi  nada. Sólo me preocupé de que la llama no se apagara”

El rey le dijo: “Ese es mi secreto. Estoy tan ocupado tratando de  avivar

mi llama interior, que no me interesan las riquezas de fuera”

Muchas veces deseamos vivir como

mejores cristianos y  tener  vida  espiri- tual, pero sin decidirnos apartar la mi- rada de las cosas que nos rodean y des- lumbran con su aparente belleza.

Procuremos “ver hacia adentro” y avivar nuestra llama espiritual, pues:

–  Al  tener  nuestra  mente  y  nuestro

corazón puestos en el Señor, podemos aprender a conocerle y amarle.

–  Las  trivialidades  y  preocupaciones de  la  vida  no  podrán  apartarnos  del buen camino.

– Crecerá nuestro amor por la familia y nuestros semejantes, que son imagen

de Dios.

Viviremos alegres en esta vida, prepa- rándonos   para   alcanzar   la   felicidad

eterna al lado de nuestro Padre.

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