Tema del encuentros de esta semana    
                                       CATEQUISTAS
 (Encuentro Parroquial 23 de septiembre de 2014)
   Voy a contar aquí –con preguntas y respuestas– qué tipo de catequista hay en la Parroquia Santa María del Alcor tal como encontré desde que llegué (año 2007):
   En primer lugar, no deseo que nos desanimemos sino que nos elevemos al mejor nivel catequético posible. Este encuentro de hoy es sólo aproximativo o de punto de partida sobre la catequesis. Abundaremos en esta área y los próximos encuentros y más de una vez en adelante.
   ¿Hay muchos?
   A primera vista, podría decirse que suficientes, más mujeres que varones y como de todas las edades. Los vi y los sigo viendo flojitos, aunque valoro que hacen lo que pueden y es de agradecerlo.
   ¿Hay catequistas estables, permanentes de toda la vida, o son más bien ocasionales?
   Predominan los (las) ocasionales, motivados/as en muchos casos, como madres (sobre todo en primera Comunión), las que se ofrecen como catequistas de sus chicos para poder celebrar la primera comunión cuando más o mejor les puedan interesar.
   ¿Están de verdad vinculados/as o integrados/as con sentido eclesial en la parroquia?
   Hay de todo. Por lo general no o, en todo caso, los y las hay de un modo bastante superficial.
   ¿Están en buena preparación como tales? ¿Cuál es el nivel de formación cristiana, sobre todo doctrinal y litúrgica, que poseen? ¿Desean de verdad formarse como catequistas?
   En realidad no se constata en ellos/as una buen preparación como catequistas, ni se aprecia de verdad un deseo de formación en serio.
   ¿Tienen algún estilo y acertado sentido de la pedagogía de la fe y vida cristiana?
   Destacaríamos que como grupo y por lo general son superficiales y bullangueros/as o sentimentalmente emotivos/as. Hemos tenido más reuniones del tipo gallinero que como grupo serio, atento. Algunas veces, con valoraciones excepcionalmente buenas, me pregunté: ¿Esto es un grupo de catequistas o de cacatúas?
   ¿Van habitualmente a Misa?
   Los hay que sí y los hay que no, digamos que tal vez en un respectivo 50 %, siendo tal vez algo más el porcentaje de los que van a Misa. Pero son algo más en el porcentaje de los que no van cuando hay vacaciones escolares, lo que no deja de ser llamativamente extraño, aunque hay que constatar el viajar. En cuanto a la frecuencia sacramental o que se les vea en oración, ante el Sagrario, etc., no parece que lo practiquen mucho, aunque lo han ido teniendo en estima.
   ¿Hay catequistas en situaciones moral y canónicamente irregulares?
   Sí, pero se detectaron sin crear malestar y así se ha de proseguir, comprensivamente.
   ¿Hay –como debiera– una catequesis preferentemente de adultos?
   Como tal catequesis de adultos no hay, salvo cursillo de novios o, en todo caso, presacramental –de bajo calado– para la confirmación, y de padres con ocasión del bautismo de los hijos. El camino neocatecumenal, por ejemplo, fue y sigue siendo rechazado.
   Se constata también:
 La falta de un coordinador o coordinadora (o coordinadores y coordinadoras) realmente eficiente o con la suficiente capacidad organizativa y de funcionamiento. Aunque hay que hacer constar algunos agradecimientos de verdad.
 Pedagógica e iniciáticamente deficientes a la hora de impartir las catequesis o de llevar a cabo el proceso catequético o de iniciación cristiana.
 Prácticamente mucha ausencia o déficit de postcomunión.
 En las catequesis y grupos más juveniles o de Confirmación, además de ser dudo-so el seguimiento de asistencia y participación, se observa que los que se preparan para confirmarse no suelen ir a Misa, siendo el resultado de poco mordiente apostólico o misionero, de sensibilidad apostólicamente laical escasa en los con-firmados por lo general, etc.
 No hay postconfirmación o consiguiente pastoral de jóvenes, ni pastoral vocacional, etc., aunque todo esto se va encaminando bien.
 Falta el imprescindible equipo de liturgia (al menos bien organizado) en la parroquia que necesariamente tendría que tener mucho que ver con la catequesis.
 Se constata también una falta de relación entre catequistas-padres y entre ambos en relación a la enseñanza religiosa escolar.
 Demasiada preocupación por aspectos muy formales y superficiales: por ejemplo fechas para reservar salones de celebración, que todo salga bonito, que la celebración va motivada “porque hace ilusión” (mera sensiblería), por los regalos y la fiesta, etc., pero todo sin la necesaria hondura sacramental ni espiritual, ni por la continuidad de la iniciación cristiana.
 Hay catequistas que adolecen de “capillismo grupal cerrado”, expresándose en términos de “mis niños”, “mi grupo”, etc., sin referencia parroquial, debiéndose-les recordar que no son “sus niños”, ni “su grupo”, pues son niños o grupos de Dios y de la Iglesia. Tales catequistas –algunos o algunas al menos– se me fueron presentando como esquivos o reticentes, como si yo en cuanto párroco me metiera donde no me importa cuando les requería o me mostraba como responsable de la acción catequética parroquial (los vicarios parroquiales…).
 Demasiada relación y conceptualización con lo escolar, por ejemplo no yendo a Misa si es período vacacional escolar, etc., llamando clases a las catequesis, maestros a los catequistas, dependencia del libro, etc.
 Tal vez no actué siempre bien ni supe acertar, aunque soy consciente de mi gran paciencia al respecto. Os pido perdón por mes desatenciones o faltas en la tarea catequética. Tampoco pude abarcar y atender la catequesis por las características de tantas otras atenciones como demanda esta parroquia. Quiero recordar a los catequistas –una vez más o mirando al futuro– mi triple función de párroco (como es de cualquier párroco): REGIR, ENSEÑAR, SANTIFICAR. Y que deje yo de tener esa sensación como de tener que pedir perdón como si lo de llevar controlada la catequesis fuera un inmiscuirme indebido, o tiránico-paternalista o yo qué sé.
 En esta ocasión, ORDENO, de una vez por todas que DE FORMA ABSOLUTA-MENTE INMEDIATA cada grupo de catequesis, por parte de su catequista y coordinador o coordinadora, ha de proporcionar y gestionar en el despacho y archivo parroquial, la lista bien confeccionada de cada grupo respectivo. De no ha-cerlo, como muy tarde en Navidad, podrá ser destituido o destituida como cate-quista de inmediato o en el siguiente curso (igual que quienes no participen al menos en 10 encuentros parroquiales, que más que formativos, sin dejar de serlo, son participativos y de implicación en la vida parroquial, en nuestro funcionamiento comunitario y no en solitario o por cuenta propia). No se puede ser catequista sin estar comprometido con la parroquia siguiendo las directrices diocesanas, arciprestales, vicariales, etc. Acaba de salir el nuevo Directorio. De esto también se tendrá que ocupar el vicario parroquial.
 En las próximas reuniones o encuentros (de los martes), perfilaremos cómo hemos de actuar.
 
  D. Francisco Suárez Salguero , Párroco de la Santa María del Alcor
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