HOMILÍA VIRGEN DE LA MERCED
 
(24 de septiembre de 2014)
 
                 A la Santísima Virgen de la Merced le encomendamos hoy todo aquello que – digamos– le compete como Madre de redención. Ella nos mantenga felizmente unidos y concordes como parroquia (no vayamos a ser parroquia y convento como España y Cataluña o seamos lo que tengamos que ser pero con total sensatez, cordura, sentido común y sentido eclesial). La Virgen de la Merced es de origen catalán, pero supo hacerse internacional, española, visueña. ¿Querrá acaso secesiones o independencias? ¿Qué querrá?
   En primer lugar le encomendamos la paz, una paz tan gravemente resquebrajada en la actualidad que requiere la conciencia de todos y la ayuda divina. Como en los viejos tiempos, cuando se originó la orden de los mercedarios, sigue habiendo hoy cristianos perseguidos, pasándolo mal y masacrados en destacadas zonas de desaforada o extremista violencia islamista. En la amplia geografía del mundo los cristianos son los que siguen perseguidos. Ninguna otra fe lo es actualmente como la fe cristiana. A la Virgen de la Merced, Reina de los Mártires, encomendamos también su velar y el nuestro ante tanta violencia, ante las guerras de todo tipo que se suceden implacables y sin clemencia. ¡Cuánto atropello, cuánta corrupción, cuánto abuso, cuánta injusticia! Virgen de la Merced, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos. Que la Virgen de la Merced nos haga sensibles socialmente y nos ayude a regenerarnos en la honradez, en la honestidad, en la justicia, en la solidaridad, en la generosidad, sensibles ante la pobreza. Que de ricos ricos, existan los menos posibles y que de pobres pobres existan también los menos posibles. Promovamos lo que el Papa Francisco desea en su Alegría del Evangelio: la equidad, no la inequidad. Que la Virgen de la Merced nos ayude a prosperar, a progresar, a dignificarnos laboral y culturalmente. ¿Cuándo nos vamos a enterar de una vez que donde abunda la corrupción abunda el dinero injusto y donde abunda el dinero injusto abunda la corrupción? No es más que éste el origen de todas las crisis, un origen absolutamente asociado al doble hecho de marginar a Dios y a los demás respecto a nosotros, respecto al hombre que se endiosa en nosotros o en torno nuestro.
   En segundo lugar le encomendamos a la Virgen de la Merced la custodia de la familia y de la vida, cuando en medio de tergiversados valores y supuestos derechos, egoístas y rentables, se conculca lo más fundamental: la defensa de los inocentes nonatos. De paso pedimos también la intercesión de uno de los santos mercedarios que tiene venerada imagen en este magnífico retablo conventual: San Ramón Nonato.
   Es sagrado o inviolable del valor de la vida desde su concepción hasta su final natural. Ahora mismo (hoy) se prevén dos o tres pérdidas: 1) de vidas en cuanto a nascituros, 2) de coherencia política en quienes nos gobiernan, 3) de desconfianza y decepción demo-crática. La muerte (redondeando) de más de 100.000 seres humanos al año no puede depender de variables políticas o de temores y cálculos electorales.
   Es sagrado también el amparo de los más débiles y necesitados, así como el compro-miso social a favor de las mujeres en dificultad. Que la Virgen de la Merced, la bendita entre las mujeres, nos ayude y nos determine cada vez más y mejor al respecto, incluyendo, en cercanía y respeto efectivo, los verdaderos derechos de la mujer, digo bien: los verdaderos, los de esa verdad que es Cristo (N. P. Jesús) y del Dios verdadero proviene, ni de unos ni de otros, ni míos ni tuyos, ni del poder que ostentó Pilatos claudicando de mala manera cuando se lavó las manos.
   También podemos encomendar a la Virgen de la Merced los frutos del próximo sínodo de obispos sobre la familia. Le encomendamos al Papa Francisco, a los obispos de todo el mundo, a los nuestros de España, a los propios de nosotros D. Juan José y D. Santiago. Le pedimos también por España a nuestra Madre de la orden mercedaria, una orden que surgió en Cataluña, tierra por la que también pedimos su intercesión, para que la política acierte, democráticamente, tanto en las formas como en los contenidos y en los proyectos, por parte de quienes a ella se dedican. En esto y en todo, lo que realmente nos importa como cristianos (así al menos lo pienso yo), se llegue a lo que se llegue o venga lo que venga, es que nunca nos declaremos enemigos, ni caigamos gravemente en las faltas o pecados de insolidaridad, injusticia, intolerancia. ¡Nunca enemigos! ¡Nunca aprovechándonos unos de otros! ¡Nunca abusando o reduciéndonos a mera mercancía! Pues eso eran los cautivos que tuvieron que redimir los mercedarios, así como también los trinitarios (alusión a Treinta doblones de oro…).
   Podemos seguir pidiéndole a la Virgen de la Merced por nuestro querido pueblo de El Viso, pues tiene aquí, en el corazón de todos, mucha veneración. Muchas mujeres de nuestro pueblo llevan su bendito nombre. Las felicitamos en la onomástica.
   Con estas palabras deseo igualmente pedirle a la Virgen de la Merced por un buen curso escolar, aún en sus comienzos: por los maestros y maestras, por el profesorado, por los niños y por los jóvenes. Y que tengamos salud, funcione bien la sanidad; en fin, que Dios nos libre de todo lo malo.
   Pedimos también a la Virgen de la Merced por nuestra parroquia y por esta Hermandad de N. P. Jesús Nazareno y María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso. Sean iluminados y bendecidos, con total amparo y protección, todos los hermanos y hermanas de esta corporación cofrade, grande, de venerable antigüedad y muy significativa en El Viso. ¡Ánimo, hermanos, que compartimos y agradecemos vuestro desvelo por esta preciosa iglesia y por los titulares que con tanta dedicación y acierto mantenéis!
   Encomendamos también a la Virgen de la Merced todo lo concerniente a las cárceles, a la política y a la pastoral penitenciaria. Ojalá llegara algún día una vida en la que todos pudiéramos gozar de libertad plena, la libertad de los hijos de Dios, la libertad interior y exterior, la libertad conviviendo en paz. Santa María de la Merced, Santa María de la Libertad, ruega por nosotros.
 
                 D. Francisco Suárez Salguero , Párroco de la Santa María del Alcor.
 
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