(Encuentro Parroquial del 4 de noviembre de 2014).

JOSÉ ANTONIO MARTÍN BENITEZ: UN MODELO A SEGUIR.

oño

   “La santidad es el adorno de tu casa” (Salmo 92, 5). Y también es el adorno todo lo que constituye nuestro recorrido histórico, con quienes nos precedieron en la fe. Nos proponemos adornar nuestras dependencias parroquiales con lo que constituyen nuestros mejores recuerdos de familia. Lo haremos (y lo inauguraremos) en su momento.
   Hoy nos detenemos en aquéllos que dejaron huella en nuestra comunidad parroquial: sacerdotes como Don Primitivo, Don Nicasio, Don Casimiro, Don Manuel Rodríguez…, como tantos otros que nos precedieron. También podemos recordar a seglares como Manolo el Campanero, José Rodríguez, Alvarito, José Antonio Martín Benítez, “Oño”… Rezamos por nuestros seres queridos difuntos.
 
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   José Antonio, “Oño”, es un modelo a seguir. Lo recordamos hoy, en noviembre, mes de los difuntos, cuando aún no hace un año de su muerte.
   José Antonio, que tuvo sus defectos, luces y sombras, como todos tenemos, se distinguió como feligrés, siendo incluso un ejemplo de referencia mejor que la que dejan a veces los curas en las parroquias.
   Fue capaz de iluminar al párroco que hoy habla sobre él desde un primer momento, sencillamente iniciando una relación limpia y sincera, ofreciéndose de verdad y no protocolariamente o de cumplido. Esto ha de ser valorado. José Antonio supo de verdad acerca del verdadero papel del laico en la Iglesia.
   Supo, por encima de todo, ser amigo, ser de fiar. Se le valora también por ser inteligente, agudo, prudente. Era maestro. Fue grande también su capacidad de conectar y aglutinar en torno a él por su simpatía, por su agrado natural, por su sentido de disfrutar de la fraternidad.
 
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   No es un panegírico el que pronuncio, ni este acto de encuentro parroquial es un acto de canonización, como tampoco fue de esta naturaleza su funeral, cuando dije que el recuerdo de José Antonio queda en nuestra parroquia como referente.
   No tuvo reparos en mostrar la realidad –la conocía muy bien–, incluso en los asuntos más delicados (de índole económica, documental, etc.). Sí que estuvo enterado y qué bien supo de qué va todo en la Iglesia.
   Fue de conversación agradabilísima. ¡Cómo podíamos decirnos todo lo que hiciera falta sin que nos molestáramos lo más mínimo! Esto es lo que se muestra en una verdadera amistad, lo que pasa cuando las personas nos apreciamos de verdad, constructivamente, sin malas intenciones, aunque las malas intenciones siempre las ven los malintencionados (y las malintencionadas).
   De todo hubo en la vida de José Antonio (refiriéndome yo sólo a los años de convivencia con él, años que fueron los últimos de su vida).
   Asistí al gozo de su boda de plata y al sufrimiento de estar con él en el lecho de muerte de su padre, José.
   ¡Qué dolor de verle tan feliz en la función de nuestra Patrona Santa María del Alcor, el 12 de septiembre de 2013, pasando luego a su enfermedad, sobrevenida de pronto! ¡Cómo luchó por superarse y en la aceptación del mal que finalmente se lo llevó!
   En este encuentro parroquial se pone de manifiesto la gratitud por haber llevado la coordinación de la catequesis parroquial con tanto acierto, magníficamente organizada, pacientemente dedicado en cuerpo y alma.
   Ha de agradecerse la disponibilidad de José Antonio. Personas así son las que posibilitan como efectivos los consejos parroquiales (de pastoral, de asuntos económicos, de lo que sea, coordinando, etc.).
   Ha de valorarse también a José Antonio por ser modélico como hermano mayor de una hermandad, donde, por desgracia, hay a veces miembros destacados en ramplonería y en nada más, por mucho que formen parte de juntas de gobierno.
   Por supuesto, eran José Antonio católico practicante. Ya he dicho que supo de qué va todo lo referente a la Iglesia. Por contraste, sigue habiendo en las hermandades quienes no se enteran de que todo empieza por participar en Misa al menos los domingos y festivos.
   José Antonio tuvo su corazón amante de la Madre de Dios y nuestra, decantándose su devoción por la Virgen de los Dolores (disfrutó mucho llevándola al cementerio, y parece como si ella le hubiera preparado el camino), teniendo también su gran devoción por Santa María del Alcor, e incluso por la Virgen del Rocío (iba a verla los lunes de Pentecostés).
 
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   Su corazón fue también eminentemente eucarístico. Por algo era para él gran timbre de gloria tener fundida la hermandad sacramental en la de la Virgen de los Dolores.
   Ayudó cuanto pudo en los planteamientos parroquiales, aún pendientes pero que habrán de realizarse, acerca de remodelar la capilla sacramental, la capilla de Sagrario, que es también la de la Virgen de los Dolores. Que tengan bien claro los feligreses que José Antonio, desde el cielo, nos ayudará a ello. Y será más fácil lograr de allí lo que necesitamos, ya que desde otras instancias hay más dificultades.
   En fin, no será ésta la última vez que salga a relucir la memoria de José Antonio Martín Benítez, entre otros de nuestra comunidad parroquial, en la que, ojalá, siga habiendo gente como él. Dios lo quiera.
 
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D. Francisco Suárez Salguero; Párroco de la Santa María del Alcor.
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