Encuentro parroquial martes día 2 de diciembre.
 
EL CONSEJO DE HERMANDADES DE NUESTRA PARROQUIAL
 
 
   Una de las vivas realidades de nuestra parroquia es la del Consejo de Hermandades y Cofradías. Esta establecida para regular el funcionamiento y las buenas relaciones entre las Hermandades. Y a verdad que cumple su cometido de manera encomiable. Es de agradecer.
   Con total generosidad y en buen espíritu responde el Consejo a cuanto conviene y procede no sólo en relación con las Hermandades sino también en todo lo referente a la vida parroquial, a la solicitud que se le hace desde cualquier instancia, destacando la de nuestra Caritas Parroquial.
   Desde que me hice cargo de la parroquia como párroco, he tenido el gusto de ver en el Consejo a cuatro presidentes, rodeados siempre de buenos consejeros. Dichos presidentes han sido: José María Alcántara, José Manuel Pérez Benítez, José Manuel Rodríguez Martín, Juan Manuel Sánchez Bonilla y Manuel Jesús Falcón Cordero (en la actualidad).
   En mayo de 2013, el Papa Francisco, habló así refiriéndose a las Hermandades: No os conforméis con una vida cristiana mediocre. Lo dijo aún en el contexto del Año de la Fe que había promovido el Papa emérito, su predecesor, Benedicto XVI (que ora por todos nosotros y nosotros debemos orar por él).
   Las Hermandades han de mantenerse espiritualmente activas, significativas en la comunidad católica (diocesana y parroquial), desempeñando la tarea de ser auténticos evangelizadores y avivando la relación entre la fe y la cultura popular, con sentido litúrgico y celebrativo en la caridad y la fraternidad por las que habrán de caracterizarse.
   Son muy valiosas –como lo han sido siempre– las Hermandades, una realidad tradicional de la Iglesia que ha vivido en los últimos tiempos una renovación y un redescubrimiento eclesial, con valentía y dedicación.
   La piedad popular –resaltó el Papa– es una senda que lleva a lo esencial si se vive en la Iglesia, en comunión profunda con los que rigen como legítimos pastores. Queridos hermanos y hermanas –añadió–: la Iglesia os quiere. Sed una presencia activa en la comunidad, como células vivas, piedras vivas. Como han resaltado los episcopados en muchos lugares del mundo, particularmente donde las Hermandades están más presentes, el Papa resaltó también que la piedad popular es una manera legítima de vivir la fe.
   Dijo también: Amad a la Iglesia. Dejaos guiar por ella. En las Parroquias, en las Diócesis, sed un verdadero pulmón de fe y de vida cristiana. Sois una gran variedad de colores y de signos. Así es la Iglesia: una gran riqueza y variedad de expresiones en las que todo se reconduce a la unidad, al encuentro con Cristo. Celebradlo en la vida sacramental. No abandonéis la confesión frecuente ni la Misa dominical y en fiestas de guardar. No pequéis por faltar a esto. El próximo día (añado yo ahora) trataremos acerca de cómo se hace un buen examen de conciencia encaminado a efectuar celebra-tiva y sacramentalmente una buena confesión de los pecados. Progresemos en la con-versión que nos labra la dicha de ser buenos cristianos.
   Las Hermandades tienen una misión específica e importante, la de mantener viva la relación entre la fe y las culturas de los pueblos a través de la piedad popular, en la Pasión y en la Gloria, a través de todo el Año Litúrgico, a través de la familia, transmitiendo la fe a los hijos, poniendo de manifiesto los valores evangélicos, las virtudes teologales, todo lo que es bueno, bello, laudable, fraterno, grato y virtuoso.
   Sed evangelizadores, todos y todas. Que vuestras iniciativas sean puentes, senderos para llevar a Cristo, para caminar con Él. Y, con este espíritu, estad siempre atentos a la caridad. Cada cristiano y cada comunidad es misionera en la medida en que lleva y vive el Evangelio, y da testimonio del amor de Dios por todos, especialmente por quien se encuentra en dificultad.
   Queridas Hermandades –decía el Papa–: la piedad popular, de la que sois una manifestación importante, es un tesoro que tiene la Iglesia y que los obispos han definido de manera significativa como una espiritualidad, una mística, porque sois un espacio de encuentro con Jesucristo, lo mismo que quieren ser (añado yo) nuestros encuentros parroquiales de los martes.
   Acudid siempre a Cristo, fuente inagotable de bendición y de todo lo bueno; reforzad vuestra fe, cuidando la formación espiritual, la oración personal y comunitaria, la liturgia. A lo largo de los siglos, las hermandades han sido fragua de santidad de muchos que han vivido con sencillez una relación intensa con el Señor. Sed santos. No os conforméis con una vida cristiana mediocre.
   Tras la exposición del tema (el Consejo de Hermandades), el presidente actual saludó y completó sobre algunas informaciones, concernientes, por ejemplo a los pregones, a cómo forman parte activa del Consejo los hermanos mayores, etc. Y el encuentro concluyó con la sensación de haber sido muy grato y provechoso.
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