EL CAMINO DE LA ORACIÓN SEGÚN SANTA TERESA DE JESÚS

S. Teresa   La oración es camino de amistad con Dios. Ha habido varias definiciones de oración a lo largo de la historia. Santa Teresa de Jesús nos dejó una: “No es otra cosa oración mental, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”.   La oración, entonces, es tratar como un Amigo a Aquél que nos ama. Y “tratar de amistad” y “tratar a solas” implica buscar estar a solas con Aquél que “sabemos nos ama”.Y a Dios le agrada estar con el hombre –como el amigo se goza en el amigo y un padre o una madre con su hijo. Dios siempre se agrada cuando el orante decide “estar a solas con Él”, orando, tratando con el Amigo. La oración,a amistad, es un camino que comienza un día y va en progreso. El orante comienza a tratar al Amigo que le ha amado desde toda la eternidad, y así empieza a conocerle, a amarle, a entregarse a Él, en una relación que sabe que no finalizará, pues en la otra vida será un trato “cara a cara” y en felicidad infinita y perpetua.  La oración es camino de interiorización. “Tratar a solas” es indicativo de búsqueda de soledad y de silencio, para poder estar con el Amigo. “Acostumbrarse a la soledad es gran cosa para la oración”, dice la Santa. Y a los principiantes dirá que “han de menester irse acostumbrando a estar en soledad”. Y apoyándose en el Evangelio nos recuerda: “Ya sabéis que enseña Su Majestad que sea a solas, que así lo hacía Él siempre que oraba”.   La soledad-silencio debe verse como tiempos en los que el alma, sola y a solas, se vuelve a Dios. Así, la soledad-silencio no es ausencia, sino presencia del Amigo. En la soledad-silencio podemos captar la voz de Dios y las inspiraciones de su Santo Espíritu. Orar no es tanto hablar nosotros a Dios, sino guardar silencio ante Él: abrirle la puerta para que Él se comunique a nosotros desde nuestro interior.  La oración nos exige momentos específicos en el día para estar a solas con Él, que sabemos nos ama. Y tan importante es esto que Teresa de Jesús presenta la búsqueda de soledad como prueba de la autenticidad de la oración, al decirnos que la oración acrecienta el deseo de soledad: “Desead ratos de soledad para gozar más de aquel bien”.  Al estar a solas y en silencio, la persona va interiorizándose, o sea, va uniéndose a Dios que está en su interior.  La oración es camino de purificación. Santa Teresa nos dice que “Dios no se da a Sí del todo, hasta que no nos damos del todo”. Así que si queremos que el Señor se apoderes de nosotros en la oración de quietud y de unión, debemos darnos por entero a Él.   Y en esta donación total, nuestro peor enemigo es nuestro “yo”. Dice la Santa que “no hay peor ladrón” que “nosotros mismos”. Se refiere a las tendencias egoístas que tenemos que combatir, pues impiden nuestra libertad espiritual. El amar la voluntad propia antes que la de Dios nos carga de “tierra y de plomo”.  No siempre se tratará del deseo de cosas ilícitas; puede tratarse de cosas buenas, pero que están conforme a nuestra voluntad, a nuestro criterio. Hay que mirar por encima de nuestros conceptos humanos, por buenos que puedan parecer, y atender a la voluntad de Dios antes que a la nuestra, porque dice el Señor: “Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes que vuestros planes” (Is 55, 8-9).  También nos recuerda Teresa de Jesús que el “Venga a nosotros Tu Reino” (donación de Dios al alma) va, en el Padrenuestro, junto al “Hágase tu voluntad” (donación del alma a Dios). Y nuestra donación a Dios es siempre una donación dolorosa, pues en ella Dios va purificando a la persona de apegos y afectos desordenados. Esta purificación a veces hace llorar el alma y sangrar el corazón, pero termina por dejarnos completamente libres para Dios.  El sufrimiento no hay que rechazarlo, pues cuando esto hacemos la cruz se vuelve más pesada. Tampoco debe verse como un peso que hay que aceptar necesariamente. En el sufrimiento hemos de reconocer la cruz que Dios nos brinda para nuestra purificación y para nuestra unión con Él.  Si el Señor nos envía algo de sufrir, según Santa Teresa, eso es prenda de su predilección. Jesús pasó por ese camino, siendo “su Hijo Amado” (Lc 4, 17). Por eso, cuando Dios trata a un alma como a Jesús, es precisamente porque mucho la ama.   ¿Parece locura, quizá masoquismo? Tengamos en cuenta que San Pablo nos advierte: “A nivel humano uno no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece locura; no es capaz de percibirlo, porque sólo se puede juzgar con el criterio del Espíritu” (1 Cor 2, 12).   La actitud de Teresa de total entrega a la Voluntad de Dios, no importa lo que Dios pida, no importa lo que Dios mande, viene mejor expresada en este poema, del cual hemos extraído algunas estrofas:

Vuestra soy, para vos nací,

¿Qué mandáis hacer de mí?

Dadme riqueza o pobreza,

Dad consuelo o desconsuelo,
Dadme alegría o tristeza,
Dadme infierno o dadme cielo,
Vida dulce, sol sin velo,
Que a todo digo que sí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme, pues sabiduría,
O por amor, ignorancia,
Dadme años de abundancia
o de hambre y carestía;
Dad tiniebla o claro día;
pues del todo me rendí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme Calvario o Tabor,
Desierto o tierra abundosa,
Sea Job en el dolor,
O Juan que al pecho reposa;
Sea la viña fructuosa
O estéril, si cumple así.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Si queréis, dadme oración,
Si no, dadme sequedad,
Si abundancia y devoción,
Y si no, esterilidad.
Soberana Majestad,
Sólo hallo paz aquí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, para vos nací,
¿Qué mandáis hacer de mí?

   La oración es camino de transformación. La oración es transformante: si no cambia nuestra forma de ser, nuestro modo de vivir, nuestros valores, no está siendo provechosa, pues orar es cambiar de vida.   El camino de oración va siendo trazado por una secuencia de acciones que Dios va realizando en la persona que le busca sinceramente. La total entrega a Dios, la total identificación de la persona con Dios, no puede ser fruto sólo de nuestro esfuerzo personal, pues excede nuestra capacidad. Es fruto de la acción de Dios en el alma que se deja guiar por Él, por el camino estrecho de la purificación interior, que lleva a la transformación de la persona en el modelo que es Cristo. Sin embargo, Teresa de Jesús nos dice –como a sus monjas– que es esencial la práctica de la virtud, pues es imposible ser contemplativo sin tener virtudes y que “es menester no sólo orar, porque si no procuráis virtudes, os quedaréis enanas”.  Aunque Dios ha infundido en nosotros las virtudes en el Bautismo, sin mérito nuestro, no las hace crecer sin nuestra colaboración, siempre con la ayuda de su Gracia. Al practicar las virtudes, facilitamos la acción de Dios en nosotros y el alma se hace más apta para sentir y seguir las mociones del Espíritu Santo. Tan importante es para Santa Teresa el crecimiento de las virtudes, que ha llegado a decir: “Yo no desearía otra oración, sino la que me hiciese crecer las virtudes”. Y también: “Si (la oración) es con grandes tentaciones y sequedades y tribulaciones, y esto me dejase más humilde, esto tendría por buena oración”.  La oración es camino de paz. Una persona totalmente entregada a la voluntad de Dios, no puede sino vivir en paz, que es uno de los frutos del Espíritu Santo.  No importa cuál sea la situación, propia o de nuestros hijos o familiares, si estamos entregados a Dios, si estamos en sus manos, estaremos en paz.  La paz no se prueba estando fuera de la tormenta. La paz es, ante todo, estar en serenidad en medio de la tormenta. Y la experiencia propia y/o de otros nos muestra que vendrán ratos de tormenta. Pero si tenemos confianza en el “Amigo que nunca falla”, si nuestra voluntad es una con la suya, ¿qué podemos temer?  “Señor: Tú nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas Tú” (Is 26, 12). San Pablo corrobora esto en su “Todo lo puedo en Aquél que me conforta” (Fil 4, 13). Y Santa Teresa sintetiza la Oración como Camino de Paz en su breve poema:

Nada te turbe,
nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda,
La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.

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