RETOMANDO EL CREDO:

QUÉ SIGNIFICA CREER Y QUÉ SUPONE DESEAR A DIOS

(Encuentro Parroquial, martes 27 de enero de 2015)

   Al abrir el Catecismo de la Iglesia Católica (números 26-28) nos encontramos con la cuestión de qué significa “Creer” y sobre cómo el creyente desea a Dios: “Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra”.

   En cuanto al deseo de Dios, dice el Catecismo:

  • Está inscrito en el corazón del hombre, porque éste ha sido creado por Dios y para Dios.

  • Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí.

  • Sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar.

   Se añade esta cita de GS 19, 1:

   “La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; pues no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador”.

   De múltiples maneras, en su historia, y hasta el día de hoy, los hombres han expresado su búsqueda de Dios por medio de sus creencias y sus comportamientos religiosos (oraciones, sacrificios, cultos, meditaciones, etc.). A pesar de las ambigüedades que pueden entrañar, estas formas de expresión son tan universales que se puede llamar al hombre un ser religioso:

   Dios “creó […], de un solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra y determinó con exactitud el tiempo y los límites del lugar donde habían de habitar, con el fin de que buscasen a Dios, para ver si a tientas le buscaban y le hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros; pues en él vivimos, nos movemos y existimos” (Hech 17, 26-28).

   Según el Papa Francisco (14 de junio de 2014, Misa matutina en la Casa de Santa Marta, festejando al Sagrado Corazón de Jesús), Dios busca una relación de papá-hijo para decirnos “estoy contigo”.

   “Dios está esperando por nosotros”, expresó el Papa Francisco, invitando a los fieles a ser pequeños y sencillos de corazón para poder comprender el amor de Dios, que está buscando tener una “relación de papá-hijo” para decirnos “estoy contigo”.

   El Papa señaló que, para comunicar su tierno amor de Padre, Dios necesita que el hombre se haga pequeño. Dios no espera sino “dándose”, no habla sino “reacciona”. No hay sombra de pasividad en el modo en que el Creador entiende el amor por sus criaturas.

   Dios nos da, de corazón, la gracia, la alegría de celebrar en el corazón de su Hijo las grandes obras de su amor. Podemos celebrar la fiesta del amor de Dios en Jesucristo, el amor de Dios por nosotros, “el amor de Dios en nosotros”.

   Hay dos aspectos de amor, señaló el Papa. En primer lugar, el amor está más en el dar que en el recibir. Y el segundo aspecto es éste: el amor está más en las obras que en las palabras. Cuando decimos que el amor está más en dar que en recibir, queremos decir el amor, para ser tal, se “comunica”: siempre comunica de corazón. El amor es recibido por la persona amada. Y cuando decimos que está más en los hechos que en las palabras expresamos que el amor siempre da vida, la genera, hace crecer y madurar.

   Sin embargo, explicó el Papa que, para “comprender el amor de Dios”, el hombre tiene necesidad de buscar una dimensión inversamente proporcional a la inmensidad, es decir “la pequeñez del corazón”. Recordó cómo Moisés dijo que el pueblo hebreo fue elegido por Dios porque era “el más pequeño de todos los pueblos”. Además, Jesús en el Evangelio alabó al Padre diciendo: “Porque ha escondido las cosas divinas a los sabios y las ha revelado a los pequeños”. Así, lo que Dios busca en el hombre es una “relación de papá-hijo”, lo que le lleva a “acariciar”, lo que Dios expresa cuando dice “yo estoy contigo”.

   Esta es la ternura del Señor, en su amor, vino a decir el Papa; esto es aquello que Él nos comunica y da fuerza a nuestra ternura. Pero si nosotros nos sentimos fuertes, no experimentaremos nunca, como por no necesitarla, la caricia del Señor. ¡Son tan bellas, tan hermosas, las caricias de Dios! “No temas –nos dice Dios nuestro Señor–, pues Yo estoy contigo, llevándote de la mano”. Lo expresó Jesús al decir de sí mismo: “Yo soy manso y humilde de corazón”. También Jesús se puso abajo para recibir el amor del Padre.

   Como nosotros buscamos a Dios (¿o acaso no?), nos encontramos con que Dios nos amó “primero”. Él está siempre “primero que nosotros”, “Él está esperando por nosotros”, “Él nos está esperando”.

   Nosotros hoy, como el Papa Francisco, pedimos para los que estamos aquí, “la gracia de entrar en este mundo o ámbito tan misterioso de Dios, la gracia de sorprendernos y tener paz con este amor que se nos comunica, que nos da alegría y nos lleva por el camino de la vida como a un niño, de su mano”.

   Cuando llegamos a Dios, Él está ahí. Cuando le buscamos, Él nos ha buscado antes. Él nos antecede antes, nos espera para recibirnos en su corazón, en su amor. Y estas dos cosas pueden ayudarnos a comprender este misterio de amor de Dios con nosotros y en nosotros. Para que podamos expresar este amor, necesitamos –y Dios necesita– ser humildes, sencillos, pequeños como los niños, como los que afectivamente se sorprenden.

D. Francisco Suárez Salguero , Párroco de la Santa María del Alcor.

credo

 

Anuncios