EL VERDADERO CONOCIMIENTO DE DIOS

(Catecismo, números 36-49)

Encuentro Parroquial del martes 17 de febrero de 2015
rostro de dios

Para explicarnos con sencillez, en este encuentro de hoy nos centramos o nos inspiramos en lo que dijo el Papa Francisco el pasado 10 de febrero de 2015, celebrando su Misa matutina en la Casa Santa Marta, como suele hacer habitualmente. Dijo el Papa que a Dios se le encuentra caminando y no desde un sillón, ni ojeando libros, ni cómodamente.
Como se reza en los Salmos, se trata de “buscar el rostro de Dios”, su verdadera identidad y su cercanía, lo cual sólo es posible caminando, pues de lo contrario se corre el riesgo de no hallar sino “una caricatura de Dios”.
Para dar con algo que se desea lo más normal es que se consulten catálogos, pero en el mundo “no existe un catálogo” para dar con su verdadera imagen, la de Dios, ni para conocerlo o saber de Él en su verdadera identidad. Tampoco te puedes hacer una imagen de Dios que te amoldas a ti mismo, por lo general de manera ventajosa para ti. Si lo haces, has de saber que poco o nada tendrás que ver con Dios ni Dios contigo. Ni siquiera te valdrán de mucho estos encuentros parroquiales o tu acercamiento a la Iglesia. Las cosas de Dios no se tramitan.
Decíamos el martes pasado que la Biblia empieza hablando de nuestra identidad, de nuestro ser creados “a imagen de Dios”. Esto quiere decir que el hecho de saber quién eres no lo proporcionan los ordenadores, ni las enciclopedias, ni otros medios humanos o tecnológicos, ni la ciencias…
Que sepas quién eres sólo habrás de conseguirlo, como dice el poeta Antonio Machado (y mucho más lo dice la Palabra de Dios), si “haces camino al andar” (caminar es mucho más que andar o merodear). ¿Eres peregrino o peregrina de la fe? Decimos que estamos recorriendo el Catecismo. Pues fíjate bien en la expresión: recorriendo. ¿Se te hace pesado caminar? No te acobardes, Dios te ayuda.
Para entender las cosas de Dios y entenderte a ti mismo (o a ti misma) sólo hay un modo: “poniéndote en camino”, “no dejando de caminar”. Esto no es darse una vuelta, ni un trámite. Por eso, cabe que te preguntes si estás aquí por un trámite o por una verdadera búsqueda de Dios. Ir a la Iglesia es mucho más que ir a hacer la compra, a gestionar algo, a examinarte de algo, a trabajar, a dar una vuelta, a tirar la basura… ¿De verdad quieres “conocer el rostro de Dios”, su verdadera identidad? ¿Y qué tiene eso que ver con tu vida? Sólo encontrarás a Dios si te determinas de verdad a caminar. La fe es un camino, no un complemente accesorio de tu vida, como lo puede ser un gorrito, o unos guantes, etc.
¿De verdad buscas a Dios? ¿De verdad te buscas en Dios? ¿Quién es Dios para ti?
Quien no se pone en camino, nunca conocerá la imagen de Dios, nunca encontrará el rostro de Dios. Los cristianos que permanecen sentados, los cristianos quietos o acomodados, instalados sólo en aquellos que “les mola”, etc., no conocerán el rostro de Dios: No lo conocen. Dicen: “Dios es así, así…”, o “pudiera ser que…”, pero no lo conocen. Porque están quietos, no se mueven, no buscan, no se molestan en caminar, no muestran ninguna inquietud profunda. Para caminar es necesaria aquella inquietud que el mismo Dios ha puesto en nuestro corazón, la inquietud que te motiva y te lleva a buscarle.
Has de entender bien lo que supone o significa este “ponerse en camino”. Significa, entre otras cosas, que sea Dios quien lleva tu vida, dejar que Dios o la vida misma (en la que Dios actúa) te pongan a prueba. Ponerse en camino es arriesgar. Si no te aventuras no llegarás a ser cristiano, ni tampoco llegarás a ser alguien significativo, ni para ti ni para nadie. Fíjate, si no, en la vida de los profetas, de los santos (Elías, Jeremías, Job…, la Virgen María).
Puedes quedarte quieto o decir “hasta aquí hemos llegado”. ¿Qué será de tu perseverancia? ¿Realmente para qué quieres confirmarte en la fe? ¿Te sientes de verdad llamado a responder o comprometerte en algo? Lo que hagas no lo hagas porque te lo pide o te lo exige alguien sino porque te lo pide Dios.
Si lees o consideras el Evangelio con interés, te darás cuenta de cómo Jesús se encontró con gente de todo tipo, gente que no buscaba a Dios sino sus intereses, o una observancia, o (hipócritamente) una apariencia. Te podrás percatar de cómo Jesús se encontró con gente miedosa, portadora de una falsa imagen de Dios, portadora de una caricatura, de un simulacro de Dios. El Evangelio no es un falsa carta o tarjeta de presentación sino verdadera. Muchos religiosos falsos, escribas y fariseos, etc., no estaban inquietos. Eran rutinarios, tradicionales a lo humano, observantes en apariencia, religiosos sin Dios, sin el Dios verdadero. Y todo eso porque habían aquietado la inquietud del corazón, que como imagen de Dios llevamos entrañablemente impresa en la hondura de nuestro ser. Recordemos las expresiones, por ejemplo, de San Agustín. Jesús recriminó a los fariseos así: “Dejáis de lado los mandamientos de Dios y os aferráis a las tradiciones de los hombres”. Así, en vez de caminar hacia Dios os alejáis de Dios. Y nos preocupan sólo nuestras seguridades, nuestras inmediateces, nuestras tonterías (en suma). Cambiamos la verdadera justicia por la mera legalidad. Todos somos, en este sentido, fariseos e hipócritas (o corremos el terrible peligro o riesgo de serlo).
Puedes preguntarte hoy si en vez de caminar estás quieto o quieta. Tienes por delante un camino, pero tal vez no te determinas a caminar. ¿Para qué sirve un camino sin caminar? ¿Cómo es tu fe: camino o comodidad?
Así pues, estás invitado (o invitada) hoy a ponerte en camino, a guardar los mandamientos verdaderos de Dios, a reconocerte de verdad como imagen de Dios, a asemejarte a Dios por el amor, por la más ferviente caridad. Actualmente hay quien se torna solidario o solidaria sin Dios, de un modo como horizontal, sin la trascendencia de los divino. Necesitas ser más ferviente en caridad que meloso en solidaridad, sin óbice al respecto de nuestros compromisos solidarios y sociales. Por ejemplo, la carta de presentación de Caritas es la caridad, y consecuentemente la solidaridad (no al revés). La caridad hunde sus raíces profundas en la Eucaristía, en la Iglesia, en la vida teologal. No es una virtud o una actitud cualquiera. Y lo mismo se puede decir de otras cosas o tareas eclesiales, siempre desde la determinación de la generosidad.
En conclusión: La Caridad es el Rostro de Dios. El Papa Francisco expresó este deseo en ese día que hemos referido: “Que el Señor nos dé a todos la gracia de la valentía de ponernos siempre en camino para buscar el rostro del Señor, aquel rostro que un día veremos y que aquí en la tierra debemos buscar”.
camino del corazon

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