Encuentro parroquia martes 24 de febrero.

LA REVELACIÓN:
DEL HOMBRE RELIGIOSO AL HOMBRE DE FE
O VERDADERAMENTE CREYENTE

(Catecismo, números 50-53)

Antes de nada hemos de saber distinguir la religiosidad natural de la fe revelada, pues no son lo mismo, ni mucho menos.
La religiosidad natural se centra (positivamente) en la prosecución de cosas por parte del hombre: la abundancia, el éxito, el amor, la salud… De otra parte, negativamente, se centra en evitar cosas: las adversidades, el dolor, el sufrimiento, la enfermedad, la muerte…
Se centra también la religiosidad natural en el sentimiento, en la necesidad afectiva de estar ligado con cierta apertura a algo o a alguien trascendental distinto de uno mismo. Busca las sensaciones, las emociones que conllevan la ilusión de un amor universal y de poder contar con una protección.
La religiosidad es cuestión de creencias con sentido de probabilidad, de acercamiento a lo incomprensible. Cada persona tiene sus creencias y hasta los ateos tienen sus creencias.
Pero la fe, por la Revelación (Palabra de Dios actuando en la Historia) es cuestión de certeza y conlleva adhesión, fidelidad, compromiso.
Resumiendo (y simplificando): La religiosidad es el hombre buscando a Dios, mientras que la fe, fundada en la Revelación, es Dios saliendo al encuentro del hombre, el hombre buscando a Dios, el hombre no sólo abierto a Dios sino sabiéndose amorosamente alcanzado por Dios.

DIOS                                                                                                                   DIOS (ABIERTO AL HOMBRE)

EL HOMBRE (ABIERTO A DIOS) EL HOMBRE
ESTO ES LA RELIGIÓN ESTO ES LA REVELACIÓN

La fe viene por la escucha del anuncio de salvación, por la predicación, por el kerygma. Lo ha recordado el Papa Francisco en su Exhortación La alegría del Evangelio:

“Hemos redescubierto que también en la catequesis tiene un rol fundamental el primer anuncio o ‘kerygma’, que debe ocupar el centro de la actividad evangelizadora y de todo intento de renovación eclesial” (nº 164).

He aquí, desde nuestra parroquia el anuncio de la salvación, el kerygma que os anuncio:
Ojalá este encuentro, queridos hermanos, sea muy importante, un encuentro histórico en vuestras vidas, un encuentro fundamental, que cambie o reoriente vuestras vidas.
La fe viene por la predicación, entra por el oído; y ¿por qué viene por la predicación la fe? La fe es una virtud sobrenatural, que la da Dios. Hay una fe inicial, una fe religiosa natural, y otra cosa es la fe como virtud sobrenatural, es una virtud teologal, que es sobrenatural. La fe, la esperanza y la caridad son las tres virtudes teologales, sobrenaturales, fruto de la gracia de Dios.
¿Por qué entre la fe por el oído? ¿Por qué sin la fe no hay Salvación? Entonces esto que estoy haciendo yo ahora, aumenta la fe, da la fe, si es que Dios ha decidido daros la fe desde lo alto. Pero cuando Dios me ha dicho de venir a hablaros, me ha dicho también que Él os ha traído aquí a escuchar, no a otra cosa.
Entre los primeros cristianos no se daba el Bautismo (ni otros sacramentos) a una persona, si no se descubría que realmente había recibido de Dios la fe; cuando había escuchado el Kerygma, el Evangelio, y había comenzado a cambiar su vida, tenía obras, ¡obras de vida eterna! San Pablo habla de las Obras de la Vida Eterna; habla de obras de muerte y de obras de vida eterna. Y ¿Cuáles son estas obras de Vida Eterna? ¿Es rezar? Más rezan los musulmanes. ¿Es ser honesto en el trabajo? También los ateos lo son. ¿En qué consisten esas obras? ¿Es ayudar a los que sufren? Muchos lo hacen; las ONG hoy en Europa, casi todas de izquierdas y ateas, ayudan a los que sufren; no faltan quienes están motivados a ayudar a los que sufren sin aceptar que Cristo hubiera muerto en una Cruz para redimirnos. El 70 % de las Organizaciones no Gubernamentales Europeas lo componen personas no creyentes o de fe indiferente. Así pues, ¿En qué consisten estas obras de vida eterna? Pues consisten en aquéllas que muestran claramente que ¡en Cristo la muerte ha sido vencida! ¡Ha resucitado! Por lo tanto: Amaos como yo os he amado, nos dice.
No, no, no es un cuento chino, no es un teatro. O sea que la Noticia es que un hombre ¡HA VENCIDO A LA MUERTE! ¡Cristo Verdaderamente ha Resucitado! Ha subido al cielo. ¿Y ahora dónde está? Está delante del Padre, presentando sus llagas gloriosas por los que me estáis escuchando. Esa hermana que está ahí, y aquél otro chaval, o aquel señor, o este otro ¿Eh? Otro que está por allí.
La Naturaleza de Dios, la Esencia Divina, es estar Él en ti, es sacarte la muerte de dentro. Es que no seas más esclavo del pecado, de tus concupiscencias, de tus pasiones, de tu orgullo, de tus envidias, que no soportas que nadie te humille; de tus cosas, de que en el fondo ¡No eres feliz! Cristo quisiera amarte, estando en ti, viviendo en ti, profundamente. Esta es la Naturaleza Divina, ¡EL AMOR, A TI, A TI PECADOR! “No he venido a llamar justos, sino a pecadores”, dice el Evangelio. “¿Cómo entenderéis esto de misericordia quiero y no sacrificios?” Y le juzgaban porque comía con los pecadores, con las prostitutas, con los publícanos, con los avaros, etc. Por eso pueden asustarnos las parroquias donde hay muchos considerados buenos, cumplidores, religiosos, santones… ¿Para qué sirve eso? ¿Es que de nuevo queremos llenar las Iglesias? ¿Por qué ese empeño en la concurrencia? Lo importante es que este sacerdote sea capaz de morir, obedeciendo al Obispo, eso sí que es de verdad. Que ese sacerdote de verdad, demuestre que tiene Vida Eterna. ¡Que lo demuestre! Antes de cura, es cristiano, y si es cristiano, es porque participa de la naturaleza misma de Cristo ¡Esto Salvar al mundo!
¿Aceptáis ser humillados? Los hijos del demonio no aceptan jamás se humillados, solamente Dios se humilló, Cristo, “no retuvo ávidamente su igualdad con Dios, sino que se humilló y se hizo hombre. Y siendo hombre, tomó la condición de Siervo, obedeciendo en todo, hasta la muerte”. ¡Obedeciendo! El demonio no puede obedecer, en todo se busca a sí mismo, su yo, su yo, su yo ¡En todo! él, él, él. Pero eso, yo, yo, yo, ¡ES UNA CONDENA! ¡JAMÁS ES FELIZ ESTE HOMBRE!
Y el cristianismo no le juzga, no le dice eres un sinvergüenza, eres un egoísta, eres un tal. ¡NO! Cristo lo ve como una víctima, Cristo no juzga a nadie, y ofrece gratis la posibilidad de romper las cadenas, al yoísmo, al egoísmo, y de poder subir a la Cruz con él y salvar al mundo, no solamente a esta generación, sino a todas las generaciones. Entendedlo bien que Dios os ha llamado a algo ¡GRANDE! ¡GRANDE! ¡GRANDE! ¡No estéis aquí por un trámite!
Cualquier asunto que te parezca duro y difícil, no es duro si es con Cristo, porque el Amor a Cristo es la única verdad ¡Ama a Cristo! ¡Todo lo demás es vanidad! ¡Amar a Cristo! Y el amar a Cristo, ni la vejez, ni la enfermedad te lo puede quitar. Un cristiano enfermo, Dios le llama a estar sobre un altar con Cristo crucificado. La vejez nos ayuda a hacernos humildes; tienes que aceptar que te ayuden, te cuesta subir las escaleras, te fatigas, te haces pequeño, te preparas al cielo. O sea, el cristianismo nos da una dimensión maravillosa de luz, de amor; todo se hace gracia, todo contribuye al bien de los que aman a Dios. Tenemos que recuperar un cristianismo auténtico, para que cuando se apague la luz en la sociedad, nos vean; no vean una pastoral, o no vean cosas, no vean actividades, vean de verdad la ¡Luz! ¡La luz! ¡QUE CRISTO HA RESUCITADO! ¡QUE CRISTO DA LA VIDA POR LOS HOMBRES!
Dice San Pablo: “El que no ama a Cristo, sea anatema, sea maldito”; yo repito esa frase de Pablo, todos los que estáis aquí que no amáis a Cristo, sois malditos. Ah ¿Creéis que muchos aman a Cristo? ¿Qué es el amor? ¿Es un sentimiento devocional? ¿Qué es el amor? ¿Qué es amar a Cristo, hermanos? ¿El amor a Cristo? ¿Amar a Cristo? Realmente ¿Amar a Cristo? Pues a eso nos llama hoy el Señor, pues a eso. Hermanos, término diciéndoos esto, ¡Animo! Cristo os ha elegido. ¡Seguidle! ¡Nos urge!
Cristo nos ha dejado unas huellas luminosas, para que pongamos el pie donde él lo puso; y esa huella dice así “insultado, y no respondió con insultos. Abofeteado, y no respondió con bofetadas, sino que remitió la justicia al Padre” ¡Hizo un acto escatológico! Tiene que pasar el moralismo de pelagianismo súper exigente que hay en la Iglesia, y de hacer de la Iglesia una asistente social, solamente. Aparece el Concilio Vaticano II, empeñado en las comunidades cristianas, que muestren al mundo qué es “Ser Cristiano”, qué es formar parte del Pueblo de Dios. No somos mejor que nadie, porque hemos recibido de Dios la fe, como un don, que ha ganado Cristo para nosotros. Y ser insultados o mal vistos ¡es una huella de Cristo luminosa, para todo cristiano! ¡Es una gracia para los cristianos! ¿Y cómo podemos aceptar esto en una sociedad atea o endeblemente religiosa, que odia esta imagen, la de la Cruz? La han quitado en Europa de los hospitales, de los colegios; la han quitado de todas partes, de los tribunales de justicia, en Italia, en España, en Francia, prohibido todo signo religioso ¡No soportan esta imagen!
En un mundo ateo el sufrimiento no tiene sentido, porque es el hombre mismo el que deja de tener sentido. ¡Por eso muchos no pueden soportar a Dios, la fe! Por eso piden que a los enfermos terminales se les mate. No está bien que sigan ahí sufriendo y haciendo sufrir a las familias. Hay que darles el pasaporte. ¡Esto es el mundo de hoy! Por eso predicamos a CRISTO, Y CRISTO CRUCIFICADO. Por eso hermanos, tenemos una misión ¡SUBIR CON CRISTO A LA CRUZ DE LA HISTORIA! Y desde de allí cantar a los hombres el AMOR DE DIOS. A esto nos llama el Señor, profunda y realmente.

Y he aquí ahora una síntesis explicativa del asunto que hoy nos ha convocado:
En la religión cristiana se da el encuentro definitivo del hombre con Dios, porque Dios se ha hecho hombre.
Si Dios habla al hombre de sí mismo (revelación), entonces el hombre podrá conocerle mejor. También podrá, en consecuencia, hablar mejor acerca de Dios, proclamando y profesando la fe en lo que Dios le ha dicho acerca de sí mismo y del universo.

El hombre busca la verdad: Por su propia dignidad, todos los hombres, en cuanto son personas, esto es, dotados de inteligencia y voluntad libre y, por ello, dotados de responsabilidad personal, se sienten movidos por su propia naturaleza y por obligación moral a buscar la verdad, en primer lugar la que corresponde a la religión.
El hombre, con su inteligencia, trata de comprender el mundo que le rodea, es decir, busca la verdad. Desea saber lo más posible acerca del mundo y de sí mismo. Lleva impresa en su alma una tendencia a saber las verdades más profundas. Son éstas las que se refieren al origen del mundo y del hombre, a su fin y, en definitiva, a su Creador.
Pero así como puede el hombre conocer verdades con su inteligencia, también puede comunicárselas, por medio del lenguaje, a los demás hombres, que también son inteligentes.
Nada impide que el Creador se comunique con el hombre y le revele o descubra verdades, utilizando el lenguaje del propio hombre. Esto es la Biblia.
Estas verdades pueden ser: tanto aquellas que el hombre podía conocer con su inteligencia (verdades naturales), como otras que le superan, pero cuyo conocimiento es beneficioso para él y, por eso, Dios se las transmite (verdades llamadas sobrenaturales, reveladas, en la historia como historia de salvación).

Revelación: Es la manifestación, en hechos y en palabras, que Dios hace de sí mismo y de sus planes de salvación para con los hombres: Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigos, como hijos, y trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía. La revelación de Dios se lleva a cabo plenamente en Jesucristo. Comenzó con las primeras comunicaciones proféticas de la palabra divina en la Antigua Alianza y objetivamente ha acabado con la muerte del último apóstol. Sin embargo, la explicación o explicitación de lo que Dios ha revelado sigue haciéndose en la Iglesia a medida de las necesidades vivas que el desarrollo de la misma comunidad creyente hace aparecer.

La fe: Fe es creer algo a alguien. Se cree porque se fía uno de ese alguien y se está cierto, seguro, de aquello que le dice el otro, aunque no lo haya visto. En la vida de cada día estamos constantemente teniendo fe en los demás. Nadie, por ejemplo, se subiría en un avión si no confiara en el piloto, que le va a llevar a un lugar determinado y no le va a estrellar contra el suelo.
Cuando el hombre asiente a unas verdades, no porque las adquiera con su inteligencia, sino porque se fía de la palabra de Dios, tiene fe religiosa o fe en Dios. Y aunque no comprenda esas verdades más que en una pequeña medida, la sabiduría sin límites del Creador le hace asentir a ellas con más fuerza que a las que él mismo adquiere con su esfuerzo.
Toda profesión de fe es una comunicación a los demás de lo que se cree. También pueden varios hombres juntos confesar esa fe y proclamarla. Es lo que hacemos cuando juntos rezamos el Padrenuestro, El Credo, etc. “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡ven, Señor, Jesús!”.
Confesando o proclamando nuestra fe servimos a la unidad y a la fraternidad universal. Al profesar la fe, el hombre da testimonio de lo que cree ante los demás, crea la comunión, la fomenta. El testimonio perfecto será el de quien cumple con sus obras lo que expresa en las palabras.
El creyente, al confesar y proclamar la fe, convoca a los demás, les invita a que crean lo que él cree. ¡Y lo celebren!
Fe, ante todo, es la plena aceptación de Dios, tal como Él se nos revela o se nos da a conocer. Esta actitud de fe se caracteriza por la confianza en Dios y por una adhesión personal a Cristo Revelador del Padre y Salvador de los hombres. Aceptar a Cristo quiere decir aceptar su Evangelio, sus enseñanzas y vivir según su Espíritu, ¡en comunión con la fe de la Iglesia!
“Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo” (Jn 17, 3).

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