TEMAS DE CRISTOLOGÍA PARA LOS ENCUENTROS PARROQUIALES
SUPONIENDO Y RESUMIENDO NÚMEROS DEL CATECISMO …422-511…

DÍA 1º

CENTRAL EN NUESTRA FE ES:
“CREO EN JESUCRISTO, HIJO ÚNICO DE DIOS”
JESÚS MESÍAS Y CRISTO

Jesucristo es el enviado al mundo por Dios Padre como su Hijo Unigénito y nuestro Señor.
Mucha es la gente que dice saber bastante acerca de Jesucristo. Pero esta no es la clave en la que ahora nos situamos. No estamos aquí para aprender cosas acerca de Jesucristo, ni siquiera para proporcionarnos un “punto de vista católico” sino para profundizar como creyentes, en lo que decimos y sentimos con la expresión “Creo en Jesucristo”. No se es cristiano si no se cree en Jesucristo.
Proliferan corrientes más o menos religiosas hoy en día tratando de un Jesús determinado, pero que no es más que un personaje entre tantos. Pero en realidad, ¿quién es Jesús, Jesús para que creamos en Él?
Consideremos que en la catequesis lo que se enseña es a Cristo, el Verbo encarnado e Hijo de Dios y todo lo demás en referencia a Él; el único que enseña es Cristo, y cualquier otro lo hace en la medida en que es portavoz suyo, permitiendo que Cristo enseñe por su boca… Todo catequista debería poder aplicarse a sí mismo la misteriosa palabra de Jesús: “Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado” (Jn 7, 16) (Cat. Nº 427; CT 6).
Jesús quiere decir en hebreo: “Dios salva”. El nombre de Jesús significa que el Nombre mismo de Dios está presente en la persona de su Hijo hecho hombre para la redención universal y definitiva de los pecados. Él es el Nombre divino, el único que trae la salvación (Cf. Jn 3, 18; Hech 4, 12) y de ahora en adelante puede ser invocado por todos porque se ha unido a todos los hombres por la Encarnación de tal forma que “no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos” (Hech 4, 12).
Cristo viene de la traducción griega del término hebreo “Mesías” que quiere decir “ungido”. No pasa a ser nombre propio de Jesús sino porque Él cumple perfectamente la misión divina que esa palabra significa. Jesús cumplió la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de sacerdote, profeta y rey.
“Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado” (Hech 2, 36).
Fruto de esta declaración (predicación kerygmática) de Pedro en aquella mañana de Pentecostés, muchos recibieron el Bautismo en el nombre de Jesucristo, sus pecados fueron perdonados y recibieron el Espíritu Santo (cf. Hech 2, 38).
Nosotros somos cristianos justamente porque, por la gracia de Dios, hemos recibido el Espíritu Santo, nos hemos convertido y confesamos con nuestra boca y nuestra vida que Jesús es el Cristo, que ha cumplido fielmente su misión y eso nos ha salvado. Él, que es el Hijo, se hizo uno de nosotros, se unió a nosotros como en una boda, y quedamos emparentados con Dios: también nosotros somos ahora hijos de Dios.

Concluimos este encuentro con el prefacio de la Plegaria Eucarística IV:

Te alabamos, Padre Santo,
porque eres grande y porque hiciste todas las cosas con sabiduría y amor.
A imagen tuya creaste al hombre y le encomendaste el universo entero,
para que, sirviéndote sólo a ti, su Creador, dominara todo lo creado.
Y cuando por desobediencia perdió tu amistad,
no lo abandonaste al poder de la muerte, sino que, compadecido,
tendiste la mano a todos, para que te encuentre el que te busca.
Reiteraste, además, tu alianza a los hombres;
por los profetas los fuiste llevando con la esperanza de salvación.
Y tanto amaste al mundo, Padre Santo,
que, al cumplirse la plenitud de los tiempos,
nos enviaste como salvador a tu único Hijo.
El cual se encarnó por obra del Espíritu Santo, nació de María, la Virgen,
y así compartió en todo nuestra condición humana menos en el pecado;
anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos
y a los afligidos el consuelo.
Para cumplir tus designios, él mismo se entregó a la muerte,
y, resucitando, destruyó la muerte y nos dio nueva vida.
Y porque no vivamos ya para nosotros mismos, sino para él,
que por nosotros murió y resucitó, envió, Padre, al Espíritu Santo
como primicia para los creyentes, a fin de santificar todas las cosas,
llevando a la plenitud su obra en el mundo…

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