ENCUENTRO PARROQUIAL SOBRE LOS MISTERIOS DE CRISTO

LA INFANCIA DE JESÚS SEGÚN EL CATECISMO (525-530)

(Martes 1 de diciembre de 2015)

El misterio de Navidad

525 Jesús nació en la humildad de un establo, de una familia pobre (cf. Lc 2, 6-7); unos sencillos pastores son los primeros testigos del acontecimiento. En esta pobreza se manifiesta la gloria del cielo (cf. Lc 2, 8-20). La Iglesia no se cansa de cantar la gloria de esta noche:

«Hoy la Virgen da a luz al Transcendente.
Y la tierra ofrece una cueva al Inaccesible.
Los ángeles y los pastores le alaban.
Los magos caminan con la estrella:
Porque ha nacido por nosotros,
Niño pequeñito
el Dios eterno»

(San Romano Melodo, Kontakion, 10)

526 “Hacerse niño” con relación a Dios es la condición para entrar en el Reino (cf. Mt 18, 3-4); para eso es necesario abajarse (cf. Mt 23, 12), hacerse pequeño; más todavía: es necesario “nacer de lo alto” (Jn 3, 7), “nacer de Dios” (Jn 1, 13) para “hacerse hijos de Dios” (Jn 1, 12). El misterio de Navidad se realiza en nosotros cuando Cristo “toma forma” en nosotros (Gál 4, 19). Navidad es el misterio de este “admirable intercambio”:

«¡Oh admirable intercambio! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma, nace de la Virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos da parte en su divinidad» (Solemnidad de la Santísima Virgen María, Madre de Dios, Antífona de I y II Vísperas: Liturgia de las Horas).

Los misterios de la infancia de Jesús

527 La Circuncisión de Jesús, al octavo día de su nacimiento (cf. Lc 2, 21) es señal de su inserción en la descendencia de Abraham, en el pueblo de la Alianza, de su sometimiento a la Ley (cf. Gál 4, 4) y de su consagración al culto de Israel en el que participará durante toda su vida. Este signo prefigura “la circuncisión en Cristo” que es el Bautismo (Col 2, 11-13).

528 La Epifanía es la manifestación de Jesús como Mesías de Israel, Hijo de Dios y Salvador del mundo. Con el bautismo de Jesús en el Jordán y las bodas de Caná (cf. Solemnidad de la Epifanía del Señor, Antífona del “Magníficat” en II Vísperas, LH), la Epifanía celebra la adoración de Jesús por unos “magos” venidos de Oriente (Mt 2, 1). En estos “magos”, representantes de religiones paganas de pueblos vecinos, el Evangelio ve las primicias de las naciones que acogen, por la Encarnación, la Buena Nueva de la Salvación. La llegada de los magos a Jerusalén para “rendir homenaje al rey de los Judíos” (Mt 2, 2) muestra que buscan en Israel, a la luz mesiánica de la estrella de David (cf. Núm 24, 17; Ap 22, 16) al que será el rey de las naciones (cf. Núm 24, 17-19). Su venida significa que los gentiles no pueden [no podemos] descubrir a Jesús y adorarle como Hijo de Dios y Salvador del mundo sino volviéndose hacia los judíos (cf. Jn 4, 22) y recibiendo de ellos su promesa mesiánica tal como está contenida en el Antiguo Testamento (cf. Mt 2, 4-6). La Epifanía manifiesta que “la multitud de los gentiles entra en la familia de los patriarcas” (San León Magno, Sermones, 23: PL 54, 224B) y adquiere la israelitica dignitas (la dignidad israelítica) (Vigilia pascual, Oración después de la tercera lectura: Misal Romano).

Catequesis sobre el adorar y sobre los dones o regalos.

529 La Presentación de Jesús en el Templo (cf. Lc 2, 22-39) lo muestra como el Primogénito que pertenece al Señor (cf. Ex 13,2.12-13). Con Simeón y Ana, toda la expectación de Israel es la que viene al Encuentro de su Salvador (la tradición bizantina llama así a este acontecimiento). Jesús es reconocido como el Mesías tan esperado, “luz de las naciones” y “gloria de Israel”, pero también “signo de contradicción”. La espada de dolor predicha a María anuncia otra oblación, perfecta y única, la de la Cruz que dará la salvación que Dios ha preparado “ante todos los pueblos”.

530 La Huida a Egipto y la matanza de los inocentes (cf. Mt 2, 13-18) manifiestan la oposición de las tinieblas a la luz: “Vino a su Casa, y los suyos no lo recibieron” (Jn 1, 11). Toda la vida de Cristo estará bajo el signo de la persecución. Los suyos la comprarten con él (cf. Jn 15, 20). Su vuelta de Egipto (cf. Mt 2, 15) recuerda el éxodo (cf. Os 11, 1) y presenta a Jesús como el liberador definitivo. [En él (y en nosotros si le seguimos) se reproduce el AT].

Cf. El sufrimiento de los Inocentes y esto en la sinfonía (de Kiko, parte “espada”, etc.) de la que nos hacemos eco. Y la Virgen de los Dolores. Y el Icono del Perpetuo Socorro.

Como hicimos en la catequesis sobre Juan el Bautista, destacando la visión al respecto del Papa Benedicto XVI, también acudimos a éste (desde sus escritos) en lo concerniente al nacimiento de Jesús y al misterio de su infancia.

Y hemos de señalar que las narraciones o relatos de la infancia de Jesús que aparecen en los primeros capítulos de los Evangelios de Mateo y de Lucas no son leyendas ni reconstrucciones fantásticas. Tampoco son, sin más, un “midrash”, es decir una interpretación de la Escritura mediante narraciones típicas de la literatura judía. Son “historia, historia real, acontecida, claro, historia interpretada y comprendida con base en la Pa-labra de Dios”. Lo escribe Joseph Ratzinger en el libro sobre La infancia de Jesús (Rizzoli, Librería Editrice Vaticana), el tercer volumen dedicado a la vida de Jesús de Nazaret. Este tomo es un libro mucho más breve que los anteriores, que se ocupaban de la vida pública de Jesús (el primero) y de la pasión, muerte y resurrección (el segundo). El Papa Benedicto volvía a desplegar sus dotes de teólogo y de exégeta para completar la parte dedicada a la llegada al mundo de Cristo, una obra que habría querido escribir desde mucho tiempo atrás.

Las fuentes de Lucas y de Mateo (¿en qué se basan?)

¿De dónde sacaron Mateo y Lucas la historia que cuentan?, se pregunta Ratzinger. Y responde así: Proviene, evidentemente, de tradiciones familiares. Lucas, “a veces, alude al hecho de que María misma era una de sus fuentes” cuando escribía. “Sólo ella–observa Ratzinger–podía referir el evento [histórico] de la Anunciación”. El Papa admite que la exégesis “crítica” moderna considera que son “ingenuas” relaciones de este tipo, pero se pregunta: “¿Por qué Lucas habría inventado la afirmación sobre el custodiar las palabras y los eventos en el corazón de María, si para todo ello no había una referencia concreta?”. Y explica que la tardía aparición, “sobre todo de las tradiciones marianas, encuentra su explicación en la ‘discreción’ de la Virgen: mientras ella misma siguiera con vida, ‘no podían convertirse en una tradición pública’”.

La referencia a María como “mujer valiente”

Refiriéndose a la reacción de la Virgen María ante el anuncio del Ángel (desde la turbación hasta el consuelo interior gracias a la palabra recibida), el Papa escribe: “María se muestra como una mujer valiente, que incluso ante lo inaudito mantiene el autocontrol. Al mismo tiempo, es presentada como mujer de gran interioridad, que tiene juntos el corazón y la razón y trata de entender el contexto, el conjunto del mensaje de Dios”.

El parto virginal: ¿mítico o verdadero?

Benedicto XVI expone, muestra bien, que no cree en el paralelismo que ha propuesto la historia de las religiones entre “el nacimiento virginal de Jesús” y las narraciones mitológicas de las uniones entre divinidades y hombres. “No se puede hablar de verdaderos paralelos. En las narraciones del Evangelio se conservan plenamente la unicidad del único Dios y la infinita diferencia entre Dios y la criatura. No existe ninguna confusión, no hay ningún semidiós [de por medio]… Las narraciones en Mateo y Lucas no son mitos que [como tales] se habrían desarrollado”; y en cuanto al contenido concreto de ambos evangelistas, “provienen de la tradición familiar, son una tradición transmitida que conserva lo sucedido” [no lo inventado].
Por todo ello, concluye Ratzinger diciendo que, si le preguntan si cree que es cierto “lo que decimos en el Credo”, sobre el nacimiento del Hijo concebido por el Espíritu Santo y que nació de María la Virgen, “la respuesta, sin reservas, es sí”.

Nace Jesús y termina la astrología

En cuanto a la estrella que guió a los Reyes Magos en la narración de Mateo (aparte de que las estrellas no caminan), Benedicto XVI recuerda que “a caballo entre el año 7 y el 6 antes de Cristo (que hoy se considera como el año verosímil del nacimiento de Cristo) se verificó una conjunción de planetas: Júpiter, Saturno y Marte”. A esta conjunción, según el gran astrónomo Keppler (1571-1630), se había añadido una supernova, de la que parece haber indicios en “tablas cronológicas chinas” relacionadas con el año 4.
Citando a San Gregorio Nacianceno, el Papa escribe que “en el momento mismo en el que los Magos se postraron ante Jesús, habría llegado el fin de la astrología, porque a partir de ese momento las estrellas habrían girado en la órbita establecida por Cristo”.

Resumiendo –ya por nuestra cuenta, aun sin dejar de tener en cuenta al Papa emérito–, podemos decir que cuanto más se medita sobre Jesús, más se descubre el misterio que se escondía tras su vida humilde y más lejos en el tiempo se localizan sus orígenes. Cuando Lucas y Mateo redactan sus respectivos Evangelios, hacia los años 75-85, se recogen las reflexiones que se habían hecho en las diversas comunidades. Para todos era evidente que Jesús había sido constituido por Dios como Mesías, Salvador, Hijo de Dios e incluso Dios mismo en forma humana. A partir de esta fe se interpretaron los hechos relativos al nacimiento y a la infancia de Jesús. Por detrás de esos relatos late un trabajo teológico muy profundo e intenso, fruto de un esfuerzo por descifrar el misterio de Jesús y anunciarlos a los fieles de los años 75-85 en el siglo I. Las escenas familiares de Navidad, descritas por Lucas y Mateo, pretenden ser proclamaciones de la fe acerca de Jesús Salvador, mucho más que relatos neutros (o curiosidades) acerca de su historia o biografía. Fue un proceso cristológico, en los que indudablemente se dieron procedimientos literarios (y razonablemente conceptuales). Lo que se resalta es un prodigio teológico, no biológico, ni geográfico en sí, etc., sin que esté este nivel al servicio o dirigido al primer nivel, el cristológico.
En el común sentir de los cristianos –como señala L. Boff–, los relatos del nacimiento de Jesús y la celebración de la Navidad constituyen una fiesta para el corazón. La fe se hace sentimiento, con lo cual alcanza a lo más profundo e íntimo de la personalidad humana, haciendo vibrar, alegrarse y saborear la vida como sentido. En el establo, ante el pesebre, con el Niño entre el buey y el asno, la Virgen y el buen José, los pastores y las ovejas, la estrella, las artes y las profesiones, la naturaleza, las montañas, las aguas, el universo de las cosas y de los seres humanos, todo sé congracia y se reconcilia ente el Recién Nacido. El día de Navidad todos nos hacemos pequeños y permitimos que, una vez al menos, el pequeño príncipe que anida en cada uno de nosotros hable el lenguaje inocente de los niños que se extasían ante el árbol navideño, las velas encendidas y las bolas de cristal. El ser humano se sumerge en el mundo de la infancia, del mito en ese sentido primordial, del símbolo y de la poesía que es propiamente la vida, pero que los intereses, los negocios y la preocupación por la supervivencia pretenden ahogar, impidiendo la vivencia del eterno niño adulto que cada uno de nosotros sigue siendo.
Todos éstos son valores que hay que defender y alimentar. Pero, para que sigan siendo valores cristianos han de estar en conexión con la fe. De lo contrario, el sentimiento y la atmósfera de la Navidad se transforman en un sentimentalismo que la máquina comercial de la producción y el consumo se encarga de explotar. La fe se relaciona con la historia y con Dios, que se revela dentro de la historia. Entonces, ¿qué fue lo que realmente ocurrió en la Navidad? ¿Será cierto que se aparecieron los ángeles en los campos de Belén? ¿Acudieron de verdad unos reyes de Oriente? No deja de ser curioso el imaginar una estrella errante que primero se dirige a Jerusalén y después a Belén, donde estaba el Niño. ¿Por qué no se dirigió directamente a Belén, sino que primero tuvo que brillar sobre Jerusalén, atemorizando a la ciudad entera y al rey Herodes, hasta el punto de obligar a éste a decretar la muerte de niños inocentes? ¿En qué‚ medida es todo esto fábula o realidad? ¿Cuál es el mensaje que pretendieron transmitir Lucas y Mateo con la historia de la infancia de Jesús? ¿Se trata de un interés histórico, o tal vez, mediante la amplificación edificante y embellecedora de un acontecimiento real, intentan comunicar una verdad más profunda acerca de ese Niño que más tarde, con la Resurrección, iba a manifestarse como el Liberador de la condición humana y como la gran esperanza de vida humana y eterna para todos los seres humanos?
Los relatos sobre la infancia de Jesús, con ser rotundos, no son románticos, ni para niños. Pensad en todo esto y, para quien lo quiera, quedamos, si podemos, y lo aclaramos más al detalle. Porque por hoy vamos a terminar. Nadie piense que la Navidad es un cuento o un relato de maravillas sin más. Piense y aprenda cada cual qué es lo que nos quisieron transmitir los evangelistas y sus comunidades cristianas. La Navidad es que en aquella noche, la que nos queda como Noche Buena, nació un Sol que en la tierra ya no conocerá ocaso, nació una luz imperecedera, de esperanza viva que no se apaga. Y aun fue mejor aquella noche, la pascual, como la noche de la resurrección y de la vida eterna.
Buenas noches, con la bendición de Dios.

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