ENCUENTRO PARROQUIAL
Martes 19 de abril de 2016

La tempestad calmada (Mt 8, 23-27)

Proclamación:

Subió Jesús a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba cubierta por las olas. Jesús estaba dor-mido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: “¡Señor, sálvanos, que perecemos!”. Y él les dijo: “¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?”. Entonces se levantó, in-crepó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, mara-villados, decían: “¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?”.

Reflexión:

Mateo escribía para unos cristianos, los de los años 70 del siglo I, que se sentían como zarandeados y a la deriva, como podemos sentirnos nosotros en el siglo XXI: ¡Qué revuelto está todo en nosotros y en torno a nosotros!
Mateo recoge diversos episodios de la vida de Jesús para ayudarnos a descubrir, en medio de su aparente ausencia, su real, acogedora y poderosa presencia como vencedor que domina al mar (la muerte…).
El evangelio nos transmite siempre la esperanza de seguir adelante, sin temor, con fe, a pesar de las tormentas que puedan desatarse.
¿Qué hay que hacer?
Pues lo primero (punto de partida) subir a la barca con Jesús (v. 23). Mateo sigue aquí el paralelo del evangelio de Marcos, pero lo acorta y lo incluye en el nuevo esquema que adopta. En Marcos se trataba de un día que resultó fatigoso y cansado; por eso el cansancio y el sueño en la travesía. El texto de Mateo es abreviado. Solamente señala que Jesús entró en el barco y los discípulos lo acompañan. A donde va el Maestro van los discípulos.

De pronto (vv. 24-25) sobreviene una situación desesperada, una tormenta: peligro de viento y rocas, mar agitado, barco que se anega, miedo, por mucho que los discípulos fueran pescadores experimentados y profesionales, gente del mar. Precisamente por ser conocedores de los peligros piensan que están a punto de hundirse. Pero Jesús no parece reparar en eso y duerme. Los discípulos gritan (rezan): “¡Señor, sálvanos, que perecemos!”. Para Mateo, que nos está presentando a Jesús, lo fundamental es la confianza. La mucha confianza (tranquilidad) de Jesús contrata con todo lo contrario en los discípulos. Es mucha la diferencia.

En el v. 26 tenemos la reacción de Jesús, preguntando: “¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?” Consideremos que Jesús se despierta no por el ruido de las olas sino por los gritos desesperados de los discípulos. En primer lugar se dirige a ellos (no a las olas) y les dice “¿por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?”. Luego increpa a los vientos y al mar y todo queda en calma, como si nada hubiera pasado.
La impresión que se tiene, tras constatar que no había peligro real, es que no era necesario aplacar el mar. Es como cuando uno llega a casa de un amigo, y el perro, al lado del dueño de la casa, empieza a ladrar al visitante. Pero no es necesario tener miedo, porque el dueño está presente y controla la situación. El episodio de la tormenta cal-mada evoca el éxodo, cuando la multitud, sin miedo, atravesó las aguas del mar (Ex 14, 22). Jesús rehace el éxodo en su persona. Evoca al profeta Isaías, que decía al pueblo: “Cuando atravieses las aguas, ¡yo estaré contigo!” (Is 43, 2). Por fin, el episodio de la tormenta calmada evoca la profecía anunciada en el Salmo 107 (23-30):

Los que viajaron en barco por el mar,
para traficar por las aguas inmensas,
contemplaron las obras del Señor,
sus maravillas en el océano profundo.
Con su palabra desató un vendaval,
que encrespaba las olas del océano:
ellos subían hasta el cielo, bajaban al abismo,
se sentían desfallecer por el mareo,
se tambaleaban dando tumbos como ebrios,
y su pericia no les valía de nada.
Pero en la angustia invocaron al Señor,
y él los libró de sus tribulaciones:
cambió el huracán en una brisa suave
y se aplacaron las olas del mar;
entonces se alegraron de aquella calma,
y el Señor los condujo al puerto deseado.

Finalmente (v. 27), tenemos la admiración de los discípulos, sin saber qué responder y preguntando: “¿Quién es éste que hasta los vientos y el mar le obedecen?”.
Ya deberían de estar más familiarizados con Jesús. ¿No nos pasa esto también a nosotros, que no le conocemos aún (o como mucho de oídas y no vivencialmente)? ¡Y nos llamamos cristianos! Pregúntate por si acaso Jesús es un extraño para ti. ¿Quién es? Intenta responder, responderte. ¿Eres de mucha o de poca fe? ¿Cómo vive sus niveles de confianza un/a cristiano/a? ¿Crees en Jesucristo?
Ahora estamos haciendo cristología parroquial.

agua

barco

Justo un año después del trágico naufragio en el que murieron cerca de 800 personas de las que tan sólo se encontraron 58 cuerpos, las autoridades italianas investigan las informaciones que apuntaban a un naufragio múltiple en que habrían muerto 400 migrantes, en su mayoría somalíes, etíopes y eritreos.
El servicio en árabe de la BBC fue el primero en informar, citando fuentes en Egipto, del suceso. Según el medio de comunicación, los inmigrantes “iban a bordo de cuatro barcos que han quedado destrozados”. No obstante, ni las autoridades de Egipto, de donde habría zarpado, ni las de Grecia o Italia podían confirmar el hundimiento.

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