ENCUENTRO PARROQUIAL
(Martes 7 de junio de 2016)

Jesús compasivo (Mt 9, 32-38)

Proclamación del santo Evangelio.

Salían ellos todavía [los dos ciegos], cuando le presentaron [a Jesús] un mudo endemoniado. Y expulsado el demonio, rompió a hablar el mudo. La gente, admirada, decía: “Jamás se vio cosa igual en Israel”. Pero los fariseos decían: “Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios”.
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia.
Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dice a sus discípulos: “La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”.

+ El evangelio de hoy nos presenta dos hechos: 1) la curación de un endemoniado mudo (Mt 9, 32-34) y 2) un resumen o sumario del actuar de Jesús (Mt 9, 35-38).

+ Estos dos episodios enmarcan la parte narrativa de los capítulos 8 y 9 del Evangelio según San Mateo, donde el evangelista trata de mostrarnos cómo Jesús ponía en práctica sus enseñanzas impartidas o proclamadas en el Sermón de la Montaña (capítulos 5-7), el primer gran discurso de Jesús en Mt.

+ Al principio de nuestro relato de hoy, en un único versículo, nos dice Mateo que un endemoniado mudo fue presentado ante Jesús, y que Jesús expulsó el demonio y el mudo empezó de nuevo a hablar.

+ Lo que impresiona en la actitud de Jesús, aquí y en todos los cuatro evangelios, es el cuidado y su cariñosa cercanía con las personas enfermas. Las enfermedades eran muchas, y no existía la seguridad social, ni había las necesarias atenciones médicas para todos. Las enfermedades no eran sólo corporales: mudez, parálisis, lepra, ceguera y muchos otros males. En el fondo, estos males eran apenas una manifestación de un mal mucho más amplio y bastante más profundo que arruinaba la salud de la gente, a saber, el abandono total y el estado deprimente y no humano en que se veía obligada a vivir. Las actividades y las curaciones de Jesús se dirigían no sólo contra las deficiencias corporales, sino también y sobre todo contra ese mal mayor del abandono material y espiritual en que la gente se veía obligada a pasar los pocos años de su vida. Pues, además de la explotación económica que robaba la mitad de los ingresos familiares, la religión oficial de la época, en vez de ayudar a la gente a encontrar en Dios la fuerza y a tener esperanza, enseñaba que las enfermedades eran un castigo de Dios por el pecado. Aumentaba en la gente el sentimiento de exclusión y de condena. Jesús hacía lo contrario. La acogida llena de ternura y la curación de los enfermos formaban parte del esfuerzo más amplio para rehacer la relación humana entre las personas y restablecer la convivencia comunitaria en los poblados y en las aldeas de su tierra, Galilea.

+ Se nos ofrece una doble interpretación (por parte de la gente y por parte de los fariseos) de la curación del endemoniado mudo. Ante la curación del endemoniado mudo, la reacción de la gente es de admiración y de gratitud: “¡Nunca se vio cosa semejante en Israel!”. La reacción de los fariseos es de desconfianza y de malicia: “Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios”. No pudiendo negar los hechos que producen la admiración de la gente, la única manera que los fariseos tienen para neutralizar la influencia de Jesús ante la gente es atribuir la expulsión al poder del maligno. Cuando no se tienen argumentos, se echa mano al insulto, a la descalificación. En San Marcos (3, 22-27) se expone una larga argumentación de Jesús para poner de manifiesto la malicia y la falta de coherencia de la interpretación de los fariseos. Aquí en San Mateo no hay ninguna respuesta de Jesús a la interpretación de los fariseos, pues cuando la malicia es evidente, la verdad y la bondad brillan por sí mismas.

+ En el v. 35 se nos muestra a Jesús recorriendo incansable los poblados y las aldeas. Es bonita la descripción de la actividad de Jesús, en la que se manifiesta la doble preocupación antes aludida: la cercana acogida llena de ternura y la curación de los enfermos: Jesús recorría todos esos lugares enseñando en las sinagogas, propagando la Buena Nueva del Reino y curando todo tipo de enfermedades y dolencias. En los capítulos anteriores, ya había aludido San Mateo a esta actividad ambulante de Jesús por los poblados de Galilea (Mt 4, 23-24; 8, 16).

+ En el v. 36 contemplamos la compasión de Jesús: “Al ver a tanta gente, Jesús sintió compasión de la muchedumbre, porque estaban vejados y abatidos, como ovejas sin pastor”. Los que debieran ser pastores no lo son, no cuidan del rebaño sino que lo maltratan y se aprovechan de él. Jesús sí trata de ser pastor, quieres ser buen pastor, que da la vida por las ovejas (cf. Jn 10). El evangelista Mateo ve en esta imagen la realización de la profecía del Siervo de Yahvé: “Él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias” (Mt, 8, 17 a Is 53, 4). Y así son “bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados” (Mt 5, 5). Al igual que Jesús, la gran preocupación del Siervo era “encontrar una palabra de consuelo para quien se encontrara desanimado, alentando al desvalido” (Is 50, 4). La misma compasión para con el pueblo abandona-do, Jesús la mostró en ocasión de la multiplicación de los panes: son como ovejas sin pastor (Mt 15, 32). El Evangelio según San Mateo tiene una preocupación constante en revelar a los judíos convertidos de las comunidades de Galilea y de Siria que Jesús es el Mesías anunciado por los profetas. Por esto, muestra frecuentemente cómo en las actividades o el obrar de Jesús se realizan las profecías (cf. Mt 1, 23; 2, 5.15.17.23; 3, 3; 4,14-16; etc.).

+ Con los vv. 37-38 se cierra o concluye este poquito del Evangelio al que hoy nos hemos acercado, diciéndonos Jesús que la mies es mucha, siendo pocos los obreros. Jesús transmite a los discípulos –nos transmite a nosotros– la preocupación y la compasión que lo animan por dentro: “Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”.

Piensa, hermano/a:

¿Tienes tú compasión?
En la historia de la humanidad, ahora mismo, nunca hubo tanta gente cansada y hambrienta. La TV divulga los hechos, lamentables situaciones, pero no ofrece habitualmente respuestas ni soluciones. ¿Tenemos los cristianos la misma compasión de Jesús? ¿La irradiamos a los demás?
La bondad de Jesús para con los pobres y los enfermos era molesta para los fariseos. Ellos recurren a la malicia para deshacer y neutralizar el malestar causado por Jesús. ¿No crees que haya muchas actitudes buenas en las personas que me incomodan? ¿Cómo las interpreto: con admiración agradecida como la gente o con malicia como los fari-seos?
¿Qué hay en mí: bondad o maldad?

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