TRASVASE Y CONVERSIÓN, PERIFERIAS Y ZONAS INTERMEDIAS

ENCUENTRO PARROQUIAL DEL 24 DE DICIEMBRE DE 2016

Como leemos en nuestras recientes Orientaciones pastorales y diocesanas de Sevilla 2016-2021, nº 6, hay muchos bautizados alejados de la Iglesia y cada vez más conciudadanos que no han recibido el anuncio del Evangelio.
Existen también cristianos que viven en zonas intermedias, ni dentro ni fuera de la Iglesia: Ni creen del todo, ni han dejado de creer del todo. Viven confusos, inseguros, llenos de dudas y de reservas sobre la Iglesia. Sin embargo, siguen sin desligarse de su adhesión a Jesucristo, alejados de la práctica sacramental, pero conservando en su corazón la memoria de la fe. En nuestra Archidiócesis se dan también las circunstancias que describiera San Juan Pablo II, refiriéndose a Europa: “Muchos europeos contemporáneos creen saber qué es el cristianismo, pero en realidad no lo conocen. Muchos bautizados viven como si Cristo no existiera. Se repiten los gestos de la fe, pero no se corresponden con una acogida real del contenido de la fe y una adhesión a la persona de Jesús. Un sentimiento vago y poco comprometido ha suplantado las grandes certezas de la fe” (San Juan Pablo II, Ecclesia in Europa, 46 y 57).
La orientación que se nos propone en este contexto es la de superar la mentalidad del “todo o nada”, teniendo –Dios no lo conceda– un corazón lleno de misericordia.
Estamos urgidos a salir a estas periferias para evangelizar a los bautizados que han olvidado su bautismo, a los no bautizados que cada vez van siendo más numerosos, y a los que no creen. Es necesario superar la mentalidad del “todo o nada”, que pretende situarse en un mundo donde todo esté claro y bien distribuido, dentro de la Iglesia los creyentes y practicantes, fuera de la Iglesia todos los demás. Hoy nuestra sociedad no es así, y los bautizados tampoco.
Y es que siempre hubo, como lo hay actualmente, ese decantarse o alejarse de la fe, ese andar en un “medio sí medio no”, esa definida indefinición, ese ni entrar del todo ni irse del todo, porque las opciones no se dan de la noche a la mañana, ni siempre con la total claridad que no arroje ni el más mínimo arrojo de sombras, dudas, ignorancias…; hay incluso una geografía de las decisiones, un contexto en el que se ubica la fe, el seguimiento cristiano y el acercamiento total a Jesucristo y a su Iglesia. También hay atracción o repulsa, dependiendo del genuino o dudoso testimonio, de las determinadas circunstancias y experiencias. Además, estamos en una era de globalización e intercambios comunicativos sin precedentes, una era en la que la fe, como todo fenómeno religioso o de otra índole, es un tanto sincrética, no siempre en un sentido peyorativo sino de permeabilidad. Cierto que hemos de velar por no ceder ni caer en el relativismo, pero tampoco en la intransigencia o en no ver sino enemigos de la fe por todas partes, aun a sabiendas de que haberlos haylos y haylas.
Es cierto que hoy está desaparecida la facilidad como por ósmosis para la vida cristiana, pues no existe el humus cultural favorable. De otra parte, como en nuestros encuentros parroquiales, al hilo de ir siguiendo el Credo, vía Catecismo, vamos por el número 595, he aquí lo que en este número se nos enseña o señala sobre cómo se fue dando el trasvase comunicativo-creyente desde el Antiguo Testamento al Nuevo, desde la fe judía a la cristiana (en iglesia primitiva judeo-cristiana), previo al trasvase que se dio del Bautista a Jesús, desde el Hosanna de los Ramos al Crucifícalo ante el Ecce Homo, etc:
Entre las autoridades religiosas de Jerusalén, no solamente el fariseo Nicodemo (cf. Jn 7, 50) o el notable José de Arimatea eran en secreto discípulos de Jesús (cf. Jn 19, 38-39), sino que durante mucho tiempo hubo disensiones a propósito de Él (cf. Jn 9, 16-17; 10, 19-21) hasta el punto de que en la misma víspera de su Pasión, San Juan pudo decir de ellos que “un buen número creyó en él”, aunque de una manera muy imperfecta (Jn 12, 42). Eso no tiene nada de extraño si se considera que al día siguiente de Pentecostés “multitud de sacerdotes iban aceptando la fe” (Hech 6, 7) y que “algunos de la secta de los fariseos… habían abrazado la fe” (Hech 15, 5) hasta el punto de que Santiago puede decir a san Pablo que “miles y miles de judíos han abrazado la fe, y todos son celosos partidarios de la Ley” (Hech 21, 20).

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