Confirmaciones

Tarde de confirmaciones la vivida es la tarde del viernes en nuestra parroquia, un gran numero fueron los que recibieron el sacramento de la confirmación , entre jóvenes y adultos , tras su preparación de catequesis.
Los jóvenes de manos de sus respectivos catequistas y los adultos de manos del Párroco D. Francisco han recibido la suficiente preparación para recibir dicho sacramento.
Estas confirmaciones ha sido un poco particular ya que nuestro Párroco a confirmado junto al Sr. D. Diego Pérez Ojeda vicario Episcopal de la Vicaria Este, otorgado dicho permiso por D. Diego.
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Encuentro Parroquial

ENCUENTRO PARROQUIAL

Martes 15 de noviembre de 2016

UNA DE LAS CONCLUSIONES DE LO QUE VIMOS EN ESTE DÍA

TRAS LA LECTURA DEL CAPÍTULO 24 EN SAN MATEO

En la parte final del mencionado capítulo (42-51): “Estad preparados…”.

san-mateoSi cada uno de nosotros hiciera lo que tiene que hacer, todo sería bastante diferente, bastante bueno. Pero en el mundo real no hacemos lo que tenemos que hacer, sino que hacemos, muchas veces, lo que no es bueno, lo que no tenemos que hacer; y empleamos mucho tiempo hablando de cómo hacer que los demás hagan lo que deben hacer.

A fin de cuentas, ni hacemos lo nuestro (lo que debiéramos) ni dejamos a los demás hacer lo suyo (lo que debieran).

¿Acaso no fue esto lo que pasaba en el caso de los fariseos a los que Jesús tanto denunció? ¿Acaso no es esto también lo que sucede en nuestro caso, pues es bastante lo que tenemos de fariseos? Pareciera que estamos demasiado ocupados “cambiando y arreglando el mundo” con nuestras ideas, sin darnos cuenta que el cambio viene del servir y de la fidelidad.

¿Cuántas veces pensamos que vivir en los zapatos del otro, o ponernos en el lugar del otro sería más fácil? ¿Cuántas veces creemos que haríamos mejor las cosas que los demás? ¿Cuántas veces juzgamos a los demás por lo que hacen y no miramos lo malo que hacemos nosotros o que no lo hacemos con mejor sentido?

Ay de nosotros, si nos encuentra el Señor criticando a los demás en vez de estar trabajando por cambiar nuestros propios defectos.

Horarios de misa

AGENDA PARROQUIAL PRÓXIMA

Domingo 30 de octubre: Por estar en besamanos la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso en la iglesia del Corpus Christi (Convento), la Misa vespertina o de la tarde será en la Parroquia, a la hora habitual de las 8 de la tarde.

TODOS LOS SANTOS Y DIFUNTOS

Lunes 31 de octubre: Misa en la Parroquia a las 8 de la tarde (no en el Convento), celebrándose ya la víspera de la solemnidad de Todos los Santos.

Martes 1 de noviembre: Solemnidad de Todos los Santos. El horario de Misas es el si-guiente:

  • A las 11 de la mañana en la Capilla de la Esperanza.
  • A las 12 del mediodía en la Parroquia.
  • A las 8 de la tarde en el Convento.

Miércoles 2 de noviembre: Conmemoración de los fieles difuntos. El horario de Misas es el siguiente:

  • A las 5 de la tarde en el Cementerio.
  • A las 7 de la tarde en la Capilla del Rosario.
  • A las 8 de la tarde en la Parroquia.
  • A las 9, ya de noche, en el Convento.

VIAJE PEREGRINACIÓN PARROQUIAL A FÁTIMA

Se tiene previsto durante los día 4, 5 y 6 de noviembre.

HORARIO ESPECIAL DOMINGO 6 NOVIEMBRE

  • No hay Misa a las 11 de la mañana en la Capilla de la Esperanza sino en el Ce-menterio a esa misma hora con la imagen de la Santísima Virgen del Carmen, llevada hasta el santo recinto con el rezo del rosario.
  • Misa a las 12 del mediodía en la Parroquia.
  • (No hay Misa a las 13 horas en la Parroquia).
  • A las 6 de la tarde habrá Misa en la Capilla de la Esperanza.
  • Misa en el Convento a las 8 de la tarde.

Encuentro Parroquial

 

ENCUENTRO PARROQUIAL

Martes 11 de octubre de 2016

Controversias en torno al tributo del César y a la resurrección de los muertos

Tras la parábola del banquete nupcial que vimos el pasado día (Mt 22, 1-14), seguimos hoy con el relato de Mt 22, 15-33.

Entonces los fariseos se fueron y acordaron en consejo ponerle una trampa para sorprenderle en alguna palabra. Y le envían unos discípulos suyos, con los herodianos, para decirle: Maestro, sabemos que eres sincero, que enseñas realmente el camino de Dios, y que nada te importa de nadie, porque no te fijas en las apariencias de las personas. Dinos, por consiguiente: ¿Qué te parece? ¿Es lícito pagar tributo al César: sí o no? Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Enseñadme la moneda del tributo. Ellos le presentaron un denario. Y él les pregunta: ¿De quién es esta figura y esta inscripción? Y contestan. Del César. Entonces les dice: Pues pagad lo del César al César, y lo de Dios a Dios. Al oírlo quedaron admirados, y, dejándolo en paz, se fueron.moneda

Los adversarios en apariencia dan un testimonio honorífico de Jesús, diciendo que no se fija en el aspecto de la persona, sino que enseña recta y realmente el camino de Dios, que es el camino de la justicia, por el que ya vino Juan (21, 32). ¿Habían reconocido y creído los adversarios que en la doctrina del Maestro se les ofrecía la verdad? Eso es inconcebible después de todo lo que hemos leído hasta ahora. Esta introducción aduladora es hipocresía, como dice Jesús en el tratamiento que da a los adversarios. No vienen para enterarse de la verdad, sino para cogerle en un lazo urdido sutilmente. “Alguna palabra” debe hacerle caer. Ellos se han figurado que esta palabra tiene que significar sí o no. Si dice que sí, se opone a la masa del pueblo piadoso; si dice que no, puede ser entregado a la potencia ocupante como sedicioso. La cuestión de la licitud del tributo romano era discutida entre los judíos. Los saduceos, como políticos realistas, se habían resignado a pagar el tributo y no veían en ello ningún motivo para adoptar una actitud hostil. Los fariseos, en cambio, admitían la licitud a regañadientes. Pero la licitud era radicalmente rechazada por los zelotas, que veían en el impuesto una disminución del dominio de Dios sobre su pueblo.

No obstante, en amplios sectores del pueblo se sentía vivamente indignación contra el tributo personal, porque recordaba constantemente la dominación extranjera. Con demasiada facilidad, se cedió a cualquier conato de rebelión, como demuestran en aquel tiempo los numerosos secuaces de los patriotas más celosos. La pregunta contenía materia inflamable y resultaba peligrosa por su contenido político. Jesús hace que le muestren la moneda del tributo y que le digan de quién es la figura y la inscripción. Esta moneda es el medio de pago que aquí tiene validez. Ella sola demuestra que en este país tiene validez el dominio de aquel, cuya imagen está estampada en la moneda. Esta pertenece al César, no por razón de su riqueza personal, sino por ser el representante del imperio romano. Así pues, en la imagen de la moneda se denota que en este país de hecho es válida la soberanía del César y del imperio.

Jesús con su respuesta salomónica se refcesariere a este hecho incontrovertible. Lo que pertenece al César –como tenían que confesarlo los adversarios con sus propios labios–, se le tiene que devolver. Es evidente que Jesús no ve en ello ningún problema, sino que solamente hace constar lo que es un hecho. Pero tampoco indica que en la dominación extranjera haya surgido ninguna competencia a la soberanía de Dios sobre su pueblo. Es el orden que actualmente está en vigor, y que así es aceptado incluso por los zelotas sediciosos. Pero lo que en último término interesa, resulta posible incluso bajo dominación extranjera, a saber, pagar a Dios lo que le pertenece. Jesús sobre este punto se pronuncia con imperturbable firmeza y todo el evangelio reitera que debe buscarse primero a Dios y su reino. En tal caso, pasan a ser de segundo orden todas las demás cuestiones, las que versan sobre el alimento y el vestido, la justicia terrena (cf. 5, 39-42) y también la legitimidad de pagar el tributo.

Las palabras del Señor no quieren establecer dos órdenes, cada uno de los cuales tendría su propio derecho soberano –el Estado y la Iglesia– y tampoco quieren exhortar a una actitud resignada ante la legitimidad del César. Estas palabras colocan los intereses del César en el lugar que les corresponde para el discípulo del reino, es decir muy por debajo de los intereses de Dios. Se preguntó a Jesús por el pago del impuesto y no por las exigencias de Dios. No obstante, Jesús no se ha desviado de la respuesta porque ésta le hubiese podido resultar peligrosa. Cada cosa ha sido colocada en su lugar, de tal forma que los adversarios ya no quieren continuar el diálogo. No se viola el derecho del César, pero sobre todo se hace valer el derecho de Dios. También se puede cumplir en un grado suficiente esta primera, y preeminente pretensión legal sobre el hombre, si se pagan impuestos al César. Pues el hombre sólo debe amar a Dios con todas sus fuerzas (cf. 22, 37).

Luego –a continuación– viene la pregunta de los saduceos sobre la resurrección de los muertos.

Aquel mismo día se le acercaron unos saduceos –que afirman que no hay resurrección– y le preguntaron: Maestro, Moisés dijo: Si uno muere sin tener hijos, su hermano se casará con la mujer de aquél, para dar sucesión al hermano difunto. Pues bien, había entre nosotros siete hermanos. El primero, ya casado, se murió, y como njesuso tenía descendencia, le dejó la mujer a su hermano. Igualmente, el segundo y el tercero, y así hasta los siete. Después de todos ellos, se murió la mujer. Ahora bien, en la resurrección, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque todos la tuvieron.

Los saduceos sólo admiten la Escritura y no reconocen la tradición “de los antepasados”. Pero en la Escritura no se expresa claramente la doctrina de la resurrección de los muertos. No obstante, los fariseos la defendían, y en tiempo de Jesús la resurrección era en líneas generales un bien común de los creyentes. Fundándose en la Escritura los saduceos declaran absurda esta fe; por la Escritura les demuestra Jesús lo contrario. La ley indicaba que el hombre, cuyo hermano había muerto sin hijos, debía contraer matrimonio con la mujer de su hermano para conseguir la descendencia (matrimonio de dos cuñados, cf. Dt 25, 5s). Los saduceos argumentan ingeniosamente: si la ley da esta orden, es evidente que no espera la resurrección de los muertos, porque ¿qué debe suceder en este caso grotesco, en que siete hermanos tomaron sucesivamente por esposa a la misma mujer?

Jesús les respondió: Estáis en un error, por desconocer las Escrituras y el poder de Dios. Porque, en la resurrección, ni los hombres se casarán ni las mujeres serán dadas en matrimonio, sino que serán como ángeles en el cielo. Y en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que Dios os ha declarado al decir: Yo soy el Dios de Abraham y el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Él no es Dios de muertos, sino de vivos. Y al oír esto la gente, quedó asombrada de su doctrina.

Jesús contesta con un doble razonamiento. Con el primero, les demuestra que no conocen la Escritura, en cuyo testimonio tratan de apoyar su punto de vista. Porque la Escritura dice que Dios se ha revelado a Moisés como Dios de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob (Ex 3, 6). Hacía mucho tiempo que habían muerto los patriarcas, y con todo Dios se dio a conocer a Moisés (que vivió mucho más tarde) como el Dios de los patriarcas. Su ser divino no puede ser eficaz sobre los muertos, sino solamente sobre los vivos. “No te alaban los muertos, Señor” (Sal 115, 17). Está profundamente impreso en la mente del israelita que ha sido creado para alabar a Dios. Por consiguiente se arredra ante la muerte, que le despoja de esta posibilidad. Así hablan los Salmos antiguos (cf. sobre todo el Salmo 88). Pero ahora Jesús dice de nuevo que Dios quiere ser y tiene que ser Dios sobre los vivos, si su ser divino debe tener un sentido.

El segundo razonamiento concierne el poder de Dios. Dios puede mover al hombre a una nueva vida, crearle por segunda vez para un nuevo ser humano. La vida después de la resurrección no puede ser la mera prolongación de la vida terrena. Allí están en vigor otras leyes, que todavía están ocultas en el poder de Dios. De una forma alusiva Jesús solamente dice que allí “serán como ángeles en el cielo”. En esta frase hay que fijarse en la conjunción como. Los resucitados serán semejantes a los ángeles en que ni se casarán ni serán tomados en matrimonio. Aquí no llegamos a conocer todo lo demás sobre el cuerpo después de la resurrección y la manera como viven los resucitados.

San Pablo escribe de una forma profunda sobre este particular, pero tiene que servirse de muchas imágenes para acercarse prudentemente a lo que quiere decir (sobre todo en 1 Cor 15, 35-49). Para nosotros es más importante la imagen del Señor, como se describe en los relatos de sus apariciones después de la resurrección. Porque él es “primicia de los que están muertos” (1 Cor 15, 20), a quien todos deben seguir. “Porque si por un hombre vino la muerte, también por un hombre ha venido la resurrección de los muertos: pues, como en Adán todos mueren, así también en Cristo serán todos vueltos a la vida” (1 Cor 15, 21s). Los que fueron injertados a una nueva vida, están destinados a configurarse de un modo semejante a la imagen del Señor. En la imagen del Señor resucitado no solamente se puede reconocer que hay una resurrección de los muertos, sino también que la nueva vida será una vida de gloria, que no puede compararse con la actual.

Encuentro Parraquial

PARÁBOLA DEL BANQUETE NUPCIAL

(Mt 22, 1-14)

ENCUENTRO PARROQUIAL DEL MARTES 4 DE OCTUBRE DE 2016

Nuevamente se puso Jesús a hablarles en parábolas, diciendo: El reino de los cielos se parece a un rey que preparó el banquete de bodas para su hijo. Envió sus criados a llamar a los convidados al banquete, pero éstos no querían venir. Nuevamente envió a otros criados con este encargo: Decid a los convidados: Ya tengo preparado el banquete; he sacrificado mis terneros y reses cebadas; todo está a punto. Venid al banquete. Pero ellos no hicieron caso y se fueron: el uno a su campo, el otro a sus negocios; y los demás echaron mano a los criados del rey, los ultrajaron y los mataron.

Salta a la vista la semejanza de esta narración con la precedente. Allí actúa un propietario y dueño de la viña, aquí un rey. El propietario por dos veces envía mensajeros para reclamar el beneficio que le correspondía, el rey envía criados dos veces para ir a buscar a los invitados. Los comisionados no consiguieron su objetivo ninguna de las dos veces por la maldad de aquellos a quienes fueron enviados. Las dos veces se presenta el «hijo». Allí como el último de los delegados, aquí como la persona a quien se dedica la fiesta. Las dos veces se maltrata a los criados y se les da muerte. Mediante estos múltiples puntos de contacto nuestra inteligencia se orienta en la dirección intentada por el evangelista. El propietario y el rey hacen alusión al mismo Padre que está en el cielo, y el hijo se refiere al que se había designado como el «Hijo» por excelencia (11,27). Cuando se nos habla de los criados también debemos pensar en los similares mensajeros de Dios, sobre todo en los profetas, y cuando se nos habla de los invitados hay que pensar en el pueblo infiel, que había administrado tal mal la viña. Pero en la disposición del relato hay además otra cosa. En la parábola de la viña se trataba de una reclamación justa, aquí se cursa una invitación honrosa. Allí está el propietario severo, que insiste en su derecho; aquí el rey magnánimo, que quiere que sean muchos los que participen en la alegría de su hijo. Así pues, en la parábola del banquete de bodas los colores son más vivos. Gravedad tanto mayor reviste el desinterés de los invitados. No se trata de una infracción del derecho, sino de una grave injuria al honor. El trabajo cotidiano en el campo y en el negocio es preferido a la invitación a la brillante fiesta. Esta falta de interés se convierte en enemistad de forma inexplicable. La gente incluso se siente molesta con los mensajeros y sin reflexionar les da muerte. En este pasaje surge la misma pregunta que Jesús antes hizo a los adversarios: Si ahora viene el Señor de la viña, ¿qué hará con estos viñadores? (21,40). Aquí ya no se da la respuesta con palabras amenazadoras, sino con una acción punitiva. En el orden de las parábolas hay una gradación.

Entonces el rey se enfureció y, enviando sus tropas, acabó con aquellos asesinos y les incendió la ciudad. 8 Luego dice a sus criados: El banquete de bodas está preparado, pero los convidados no se lo merecían. Salid, pues, a las encrucijadas de los caminos, y a todos cuantos encontréis, convidadlos al banquete. Salieron los criados a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de comensales.

La respuesta del rey es una devastadora expedición de castigo. Al instante, se movilizan grupos armados y se ponen en marcha. Tienen el encargo de matar a los asesinos y pegar fuego a su ciudad. Este giro de la narración resulta difícilmente comprensible para un lector atento. ¿No se tenía que pensar hasta ahora en una misma ciudad en que viven el rey y los invitados? ¿Es devastada toda la ciudad con todos sus habitantes, incluso los inocentes, aunque sólo los homicidas han merecido esta represalia? ¿No son los asesinos solamente algunos de los invitados indignos, de tal modo que ningún castigo debe recaer sobre los desinteresados, que van al campo y a los negocios? Tales preguntas muestran que en el versículo séptimo la historia se corta interiormente. Aquí se tiene que haber hecho alusión a una cosa distinta de la que se tendría que esperar de la parábola (cf. también Lc 14, 16-24). Se continuó la historia en línea recta con la invitación de los nuevos huéspedes en vez de los antiguos. Pero la represalia produce el efecto de un cuerpo extraño en el curso de la narración.

Es muy probable que el evangelista piense en la destrucción de Jerusalén, que ya había ocurrido cuando redactó su libro. Esto sólo explicaría la enorme envergadura de la expedición militar y la totalidad del exterminio. De hecho Jerusalén, el año 70 después de Cristo, fue entregada enteramente a las llamas y arrasada hasta los cimientos. Y los asesinos no solamente son los pocos que pueden hacer comprensible la parábola, sino los viñadores en total, que han matado al hijo en virtud de un común acuerdo (cf. 21, 38s). Una actual interpretaci6n del evangelista se mete aquí en una historia transmitida por tradición. San Mateo de este modo creyó exponer acertadamente y dilucidar las palabras de Jesús. De san Mateo no sólo recibimos el fiel testimonio de las palabras tradicionales de Jesús, sino también la manera como las entendía la Iglesia primitiva. Ambas cosas están indisoluble y recíprocamente unidas. Sólo las palabras del Señor acertadamente entendidas e interpretadas en la Iglesia apostólica son las inspiradas por el Espíritu Santo y las competentes para nosotros. Se concibe la destrucción de Jerusalén como castigo de Dios por la obstinación de Israel y por el homicidio del Mesías. Aquí había obrado la ira de Dios, como ya antiguamente, cuando Dios hizo que los ejércitos babilónicos asaltaran y conquistasen la ciudad santa. Entonces el mejor núcleo del pueblo se había convertido durante el destierro. ¿Ocurrirá lo mismo esta vez?

Los acontecimientos de la historia son susceptibles de muchas interpretaciones. Los profetas han interpretado la historia a luz de la fe, y los autores sagrados solamente así han relatado la historia. Así lo hacen también los autores del Nuevo Testamento. Con todo así como pueden coexistir varias interpretaciones en el Antiguo Testamento -según la manera de entender de un escritor y de su tiempo y según el especial propósito de su libro-, así también en el Nuevo Testamento. Porque la verdad de la historia siempre es mayor y más amplia que el éxito que podría tener una tentativa de expresarla. Es una interpretación verdadera, pero sólo es una interpretación dentro del Nuevo Testamento decir que la destrucción de la ciudad santa es un castigo de Dios por haber dado muerte al Mesías. Los criados deben invitar a nuevos huéspedes sin hacer distinciones. Al que hallen en el camino, le deben traer a la sala del banquete. Se cumple la orden, y la sala pronto se llena de una multitud abigarrada. Allí ha concurrido un pueblo entremezclado, no por causa de sus diferencias en el vestido, en el estado o en la posición social, sino por causa de su cualidad externa. Allí están juntos malos y buenos. Eso es digno de notarse, y para explicarlo también se requiere pensar en la realidad a la que alude el evangelista. En vez de Israel, que no mereció la invitación, ahora entra en su posesión el nuevo pueblo. Pero no es un pueblo de puros y santos, sino una sociedad mixta de malos y buenos. Las dos clases se encuentran en la Iglesia, así como en el campo la cizaña no está separada del trigo. La sala se ha llenado, la invitación ha logrado su objetivo. Había libre acceso para todos los que se había hallado. Pero es inminente una separación definitiva. Con la invitación no se ha celebrado ya la boda, para mantenernos en el lenguaje de la parábola. Antes de celebrarla se colocan unos aparte de otros, como la cizaña aparte del trigo y los machos cabríos aparte de las ovejas. Así nos lo dice la segunda parte de la historia.

Cuando entró el rey a ver a los convidados, descubrió allí a uno que no estaba vestido con traje de ceremonia, y le dice: Amigo, ¿cómo entraste aquí sin traje de ceremonia? Pero él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: Atadlo de pies y manos y arrojadlo a la obscuridad, allá afuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos.

A cualquiera se le puede ocurrir preguntar cómo el hombre debe tener su vestido de fiesta, si se le va a buscar a la calle, para que asista a la celebración. ¿No es eso una injusticia espantosa? La dificultad que todos nosotros experimentamos, sólo pone en claro que el vestido de boda tiene que designar una cosa distinta de una vestidura de tela. Estamos preparados para esta solución observando que en la sala hay malos y buenos. El que no está vestido con traje de fiesta, evidentemente forma parte de los malos. Sólo entonces resulta inteligible que se trate así al huésped. No solamente se le saca de la sala de fiestas profusamente iluminada y se le arroja al sombrío jardín, sino a la obscuridad en general, donde hay llanto y rechinar de dientes. Es echado a la perdición.

En la Iglesia se multiplica rápidamente la cizaña entre el trigo, incluso los fieles van hacia la separación definitiva. Aunque están invitados, es decir aunque fueron llamados, aún no están definitivamente salvados. El número de los llamados es grande, es decir, a muchos se les hace entrar indistintamente, sin cumplir las condiciones previas. No necesitan guardar la ley de Moisés ni se hacen circuncidar, sino que tienen libre acceso. Pero no tienen ninguna garantía de que con su admisión en la Iglesia también se les haya asegurado la elección para el reino de Dios al fin de los tiempos. Hay una esperanza confiada y una temeraria seguridad de la salvación. Se debe aspirar a la esperanza y precaverse de la seguridad.

La oposición entre muchos y pocos se refiere en primer lugar a que el número de los definitivamente salvados no es igual al número de los que fueron invitados al principio. Pero esta oposición no dice que sólo sean pocos los que consiguen el fin y que se pierda la gran masa de los llamados. En esta sentencia también hay que pensar en el contexto en que está, y en el acento exhortativo que domina la segunda mitad de la parábola, Esta sentencia no contiene ninguna relación entre llamados y escogidos, sino el serio llamamiento de ser cuidadosos en este particular y de tener la aspiración de formar parte del segundo grupo. Por lo demás la frase «para Dios todo es posible» (19,26) también puede aplicarse a la salvación del que quizás aporta pocos requisitos para la misma. El misterio de la predestinación de Dios no se revela, se sustrae a cualquier cavilación. No debemos derrochar nuestros pensamientos sobre este problema, sino vivir de modo que nos salvemos. ¿Qué es el vestido de ceremonia? Sólo puede ser lo mismo, a lo que antes se aludía con los frutos del reino en la parábola de los viñadores. Es la justicia del reino, y por cierto la justicia realizada en la vida y en las obras. Sólo puede esperar ser uno de los predestinados el que ha cumplido la voluntad del Padre celestial. El que la ha cumplido, aporta lo que le dispone a participar en la festividad eterna. Ante todos, está amenazador el destino del que no dio fruto y, en consecuencia, fue arrancado como árbol estéril y arrojado al fuego.

Encuentro Parroquial

Encuentro parroquial , martes 17 de septiembre.

El tema de hoy :

La parábola de los dos hijos, San Mateo 21:28-32.

Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, vé hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue.
Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue.
¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios.
Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.

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Reflexión

Seguramente nos es bastante familiar este refrán: “Obras son amores, que no buenas razones”. Es probable que nosotros mismos lo hayamos pronunciado miles de veces. Y, sin embargo, parece que en muchas ocasiones nos olvidamos fácilmente de él….

En el Evangelio de hoy nuestro Señor nos cuenta la historia de dos hijos. Su padre les pide que vayan a trabajar a la viña. El primero responde de un modo muy poco cortés y un tanto violento: -“¡No quiero!” -le dice al padre. En cambio, el otro, con palabras muy atentas y comedidas, dignas incluso de un caballero: -“Voy, señor” -le contesta, pero no va. En cambio, el hijo rebelde y “rezongón” se arrepiente y va a trabajar. Y Cristo pregunta a sus oyentes: -“Cuál de los dos hizo lo que quería el padre?”-. La respuesta era obvia: el primero. Sus obras lo demostraron.

Y, después del “cuentito”, el Señor dirige unas palabras muy duras a los sumos sacerdotes y jefes del pueblo que le oían: -“Yo os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del Reino de Dios”-. ¡Un juicio duro, pero muy certero! ¿Por qué? Porque los pecadores y las prostitutas son como el primer hijo de la parábola: a pesar de que sus palabras no eran las más “bonitas” y adecuadas, ellos hicieron la voluntad del Padre: creyeron en Cristo y se convirtieron ante su predicación. Mientras que los fariseos y los dirigentes del pueblo judío, que se consideraban muy justos y observantes, y se sentían muy seguros de sí mismos, ésos son como el segundo hijo: sus “pose” externo es muy respetuoso y comedido, pero NO obedecen a Dios. Y lo que Cristo quería era que hicieran la voluntad del Padre.

Yo creo que lo que nuestro Señor quiere decirnos con esta parábola es, en definitiva, que lo que verdaderamente importa para salvarse no son las palabras, sino las obras. O, mejor: que las palabras y las promesas que hacemos a Dios y a los demás cuentan en la medida en que éstas van también respaldadas por nuestras obras y comportamientos. Éstas son las que mejor hablan: las obras, no los bonitos discursos; las obras, no los bellos propósitos o los nobles sentimientos nada más.

Se cuenta que en una ocasión, la hermana pequeña de santo Tomás de Aquino le preguntó: –”¿Tomás, qué tengo yo que hacer para ser santa?”–. Ella esperaba una respuesta muy profunda y complicada, pero el santo le respondió: “Hermanita, para ser santa basta querer”. ¡Sí!, querer. Pero querer con todas las fuerzas y con toda la voluntad. Es decir, que no es suficiente con un “quisiera”. La persona que “quiere” puede hacer maravillas; pero el que se queda con el “quisiera” es sólo un soñador o un idealista incoherente. Éste es el caso del segundo hijo: él “hubiese querido” obedecer, pero nunca lo hizo. Aquí el refrán popular vuelve a tener la razón: “del dicho al hecho hay mucho trecho”.

Por eso, nuestro Señor nos dijo un día que “no todo el que me dice ¡Señor, Señor! se salvará, sino el que hace la voluntad de mi Padre del cielo”. Palabras muy sencillas y escuetas, pero muy claras y exigentes.
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Y nosotros, ¿cuál de estos dos hijos somos?

Misa de envío del catequista

img_20160925_1211441Hoy domingo 25 de septiembre en la Misa de 12:00 , damos por comenzada la catequesis de este nuevo curso con el envío de los catequistas del despertar,con un total de 19 , más 24 catequistas de primera síntesis en la fe.
De unos años atrás nos reunimos siempre al comienzo del curso para festejar juntos este don, este regalo de Dios que es la vocación del catequista. Por eso, mis primeras palabras quisieran ser una sencilla acción de gracias al Señor y a cada uno de vosotros por ser catequistas.
La Catequesis, esto es importante, no es sólo enseñar cosas, ¡enseñamos si, lo que Jesús nos enseñó! Y esto es importante, muy importante, y hay que aprenderlo, y aprendiéndolo se abren los ojos y el corazón. Pero además de enseñar cosas, de enseñar una doctrina, o enseñar las enseñanzas de Jesús, la Catequesis apunta a enseñar a vivir ¡y a vivir bien, a vivir con sabiduría! ¿Y quién es el más sabio? El que se encuentra con Jesús, se agarra fuerte de su mano y, junto con sus hermanos, en comunidad, camina haciendo el bien por la Justicia, por la Verdad , por la Paz y sobre todo por estos niños y niñas que comienzan a conocer a Jesús.
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Sed pues, y en esto consiste el Envío, testigos de Jesús Resucitado acompañando a estos niños y niñas, para que reconozcan a Cristo y que, como aquellos dos discípulos, vuelvan corriendo y a su vez compartan con otros esta Buena Noticia que nosotros tenemos y es que Jesús es el Camino, la Verdad y Vida.

Fiestas Patronales, Stª Mª del Alcor

 

Breve resumen de las fiestas patronales en honor a Stª Mª del Alcor.img_20160830_2151241

Han sido días muy intensos y emotivos los celebrado entorno a nuestra patrona Stª Mª del Alcor, comenzando el pasado sábado día 27 de agosto , con el rezo del Ángelus y continuación en devoto besamanos de la virgen, a las 21:00 celebración de la Eucaristía y oración sabatina.dscf9344

 

El domingo 28 de agosto a las 18:00 hasta las 23:30 , tuvo lugar la presentación de todos los niños nacido en el año, siendo presentado en primer lugar los nuevos hermanos, dándoles la bienvenidas a los nuevos hermanos y colocándoles la medalla de la hermandad, la hermana mayor ,Dñª. Mercedes oliva.img_20160828_1823061

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En los días del 2 hasta el 9 de septiembre a las 21:00 da comienzo la solemne novena en honor a Stª Mª del Alcor, rezo del Santo Rosario, ejercicio de la novena y Exposición del Santísimo Sacramento, con la participación de todas las hermandes del pueblo , una cada noche y presidida por el Rvdo. Sr. D. Sergio García rojas , párroco de San Anton ( carmona).

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Éste año a de destacar el plan del altar que ha montado la prioste-ria de la hermandad, estrenando todo su conjunto y un magnifico exorno floral.

El sábado día 10 con motivo del XI aniversario de la coronación canónica de Stª Mª del Alcor, durante todo el día estuvo en devoto besamanos y a las 12:00 rezo del Ángelus continuación ofrenda de nardos, ofrecida por todo el pueblo, a las 21:00 la novena con celebración de la Eucaristía.

El domingo día 11, a las 22:30 traslado del simpecado desde la capilla del rosario (donde permanece todo el año), por las calles del pueblo hasta el templo parroquial con el rezo del santo rosario, acompañado por todas las hermandes del pueblo y fervorosas devotas mujeres de mantillas, a la llegada al templo parroquial rezo de las letanías y felicitación a Stª Mª del Alcor , este año a cargo de Dñ. Inmaculada Martín.

El lunes día 12, a las 9 de la mañana santa misa ofrecida por todos los difuntos del pueblo oficiado por el Rvdo. Sr. D. José Manuel Pineda Benítez,Hijo del pueblo actualmente párroco de San Vicente Mártir (tocina).dscf9379

A las 12:00 Solemne Función Principal de Instituto en honor a Stª Mª del Alcor , presidida por el Rvdo. Sr. D. Francisco Suárez Salguero, Párroco de la Santa María del Alcor.dscf9517

A las 20:30 de la tarde salida procesional de Stª Mª del Alcor , por las calles del pueblo.

Todo lo acontecido ha sido acompañado de una gran multitud de feligreses, fervorosos y fervorosas, devotos y devotas de Stª Mª del Alcor , patrona de nuestro pueblo y titular de nuestro templo parroquial.

El martes día 13, a las 18:00 horas son llevado todo los nardos ofrecido por el pueblo , que a lucido la virgen en el paso en la salida procesional, al campo santo para todos los difuntos del pueblo.img_20160910_2248211

En los días del 2 al 9 de septiembre a las 19:00 horas la novena llamada de niños dirigida por el Rvdo. Sr. D. Alberto Jaime Manzano , Vicario Parroquial de la Santa María del Alcor, con un gran aceptación y fluencia de niños y no tan niños.dscf9177 ninos

El domingo día 18 de septiembre a las 7:30 de la mañana , celebración de la Eucaristía a continuación romería con el simpecado a los molinos del alcaudete.

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Momentos de la felicitació a Stª Mª del Alcor , por Inmaculada Martín

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El clero y monaguillos que han participado en los cultos

Encuentro Parroquial

Encuentro parroquial , martes 13 de septiembre.

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DE HERMOSAS CONTRADICCIONES

De hermosas contradicciones
sube hoy la Reina adornada,
muy mujer para divina,
muy celestial para humana.

Con admiración en ella
se ve la ley derogada,
muy humilde para reina,
muy exenta para esclava.

Por su caudillo la tienen
las celestiales escuadras,
para combatir muy tierna,
para niña muy armada.

La dignidad de que goza
con su modestia batalla,
para mandar muy pequeña,
para humillarse muy alta.

Une en sus divinos ojos
el temor de la confianza,
muy terrible para hermosa,
para espantar muy amada.

Colocada en el empíreo
en la celestial morada,
corto solio a su grandeza,
a su humildad mucho alcázar.

Este poema para rezar es de Juana Inés de la Cruz (México, 1651-1695, monja jerónima). Incluido en Oración litúrgica del pueblo de Dios (Difusora del libro Tepeyac, México, 1074), incluido en Al celebrar tu memoria. Poesía para domingos y fiestas, de Casiano Floristán, ed. (2005), Santander, Sal Terrae. Rezado en himno de Vísperas del 22 de agosto, fiesta de Santa María Reina o de la Coronación de la Virgen Nuestra Señora como Reina y Madre de todo lo creado.

LAS CONTRADICCIONES DE LA VIDA

Alguna vez leí que una sonrisa dice más que mil palabras, hoy sé que una lágrima dice más que mil lamentos, que las flores no sólo se le regalan a una mujer enamorada y denotan alegría… También se le regalan a una persona muerta.

Que no siempre los días soleados son nuestros mejores días, pues he vivido momentos maravillosos en tardes grises.

Que el mar en calma es hermoso, pero el mar salvaje no lo es menos, que los árboles en primavera son divinos, pero los de otoño no le piden nada, que los amaneceres acompañados de la persona amada son indescriptibles, pero los ocasos a sus lado simplemente no tienen palabras…

Un nido en un árbol, el capullo de una flor, una madre amamantando y la luz de una mirada, reflejan esperanza. Una flor marchita, un nido vacío, unos ojos tristes, son lo contrario y no por eso son menos bellos.

Todo en la vida tiene su contradicción como lo es el nacimiento un niño o la muerte de un viejo. Si existe lo blanco, existe lo negro, si Dios existe, existe el infierno…

Lo único que no tiene una contradicción es el amor que siento por ti.

Pastoral Expediente Matrimonial

PASTORAL DEL EXPEDIENTE MATRIMONIAL

Preparación del matrimonio en el expediente matrimonial
y prevención de las nulidades.
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En el sacramento del matrimonio, como es común en los demás sacramentos, hay un deber que recae sobre los pastores de preparar adecuadamente a los fieles para su recepción. En el caso de este sacramento se suele concretar mediante una catequesis previa (que en muchas diócesis está organizada en cursos de preparación matrimonial) y una investigación previa que intenta dar cumplimiento al contenido del canon 1066: “Antes de que se celebre el matrimonio debe constar que nada se opone a su celebración válida y lícita”.
Para ayudar a los pastores en esta tarea previa el Código de Derecho Canónico delega en las Conferencias Episcopales el modo de realizar la investigación previa:
Canon 1067: La Conferencia Episcopal establecerá normas sobre el examen de los contrayen¬tes, así como sobre las proclamas matrimoniales u otros medios oportunos para realizar las in¬vestigaciones que deben necesariamente preceder al matrimonio, de manera que, diligentemente observadas, pueda el párroco asistir al matrimonio.
El objetivo de esta investigación, como queda dicho, es comprobar que nada se opone a la ce¬lebración del matrimonio. En el caso de este sacramento, no se puede olvidar, la legítima au¬toridad eclesiástica se pronuncia de vez en cuando sobre la validez o nulidad de este sacra¬mento, lo cual no ocurre en los demás sacramentos. Y la conclusión que se puede extraer es que no son pocas las veces que se celebra inválidamente el matrimonio.
Es legítimo, por ello, preguntarse sobre la eficacia de la investigación previa.
En muchas ocasiones las Conferencias Episcopales han aprobado un formulario que el párroco de uno de los contrayentes debe rellenar, delante de los interesados y dos testigos, haciéndoles a ellos diversas preguntas sobre su conocimiento del matrimonio, su estado de libertad y otras cuestiones. Es lo que se llama el expediente matrimonial. Se trata de un documento que –además de cumplir la obligación de realizar una investigación previa del canon 1066– incluye el permiso que, según el canon 1115, debe dar el párroco de uno de los contrayentes para que se celebre el matrimonio fuera de los términos de la parroquia, lo cual actualmente suele suceder con bastante frecuencia.
Parece que sería normal que, después de realizar el expediente matrimonial, no se dieran de¬masiados casos de nulidad. A la vez, hay que tener cuidado para no limitar el ius connubii. No sería razonable que se prohibieran matrimonios que no tienen impedimentos ni obstáculos por simple precaución. Desde el punto de vista teórico este límite está claro, aunque en la práctica en no pocas ocasiones es difícil de llegar al equilibrio entre prevención y limitación del ius connubii.
Por lo tanto, la pregunta sobre la eficacia de la preparación matrimonial actualmente sería si es eficaz el expediente matrimonial. En la actualidad las nulidades que declaran los tribunales eclesiásticos en la gran mayoría de las ocasiones se refieren a vicios del consentimiento –y dentro de ellos la principal causa de nulidad se refiere a la incapacitas assumendi del canon 1095, 3– mientras que son escasas las nulidades por defecto de forma o por la existencia de impedimentos.
Parece que se puede concluir que el actual sistema del expediente matrimonial es eficaz para evitar los capita nullitatis que se pueden prevenir mediante la recogida de documentos, como son los que se refieren a la forma canónica y la mayoría de los impedimentos, pero es mejora¬ble para prevenir las nulidades que se refieren al consentimiento de los contrayentes.
La importancia de esta cuestión es clara: la nulidad de los matrimonios es una cuestión que debe interesar no solo a los canonistas, sino a toda la comunidad eclesial. Todos deben poner lo mejor de su parte para asegurar la eficacia de las declaraciones matrimoniales que realizan los contrayentes en el altar.
Sobre estos temas habló el Papa (Benedicto XVI) en su Alocución a la Rota Romana de 2011. Según recordó el Papa, estos medios de investigación cumplen una función pastoral, entre los que se incluyen los aspectos jurídicos; pues no podemos olvidar que los aspectos jurídicos también son pastorales. En efecto, “está difundida la mentalidad según la cual el examen de los esposos, las publicaciones matrimoniales y los demás medios oportunos para llevar a cabo las necesarias investigaciones prematrimoniales, entre los que se colocan los cursos de preparación al matrimonio, constituirían trámites de naturaleza exclusivamente formal”. Al contrario, este examen prematrimonial debe tener un contenido jurídico, el cual está al servicio de la pastoral: “entre los medios para asegurar que el proyecto de los contrayentes sea realmente conyugal, destaca el examen prematrimonial”, el cual tiene un contenido jurídico, pero “jurídico no quiere decir, sin embargo, formalista, como si fuese un trámite burocrático consistente en rellenar un módulo sobre la base de preguntas rituales”.
Existe, en efecto, la mentalidad de que la vida pastoral de la Iglesia debe ir por distintos ca¬minos de la jurídica, y en no pocos casos se considera el derecho de la Iglesia como un obstá¬culo para la atención pastoral de los fieles. Contra esta mentalidad aler-taba (San) Juan Pablo II en 1990 en su alocución a la Rota Romana, en la que afirmaba: “no es cierto que para ser más pastoral, el derecho deba hacerse menos jurídico”. En el caso de la preparación al matrimonio, esta mentalidad antijuridicista se manifiesta en la falta de atención a las cuestiones canónicas durante los cursos de preparación y en las entrevistas que se suelen tener con los novios. Para otros la preparación al matrimonio (la publicación de las proclamas matrimoniales, el expe¬diente y el curso prematrimonial) serían simples trámites por los que se debe pasar a la ligera para no afectar al ius connubii o derecho natural de los novios a contraer matrimonio.
En contra de esta mentalidad el Papa Benedicto XVI recordó que el ius connubii no es un derecho formal, como si fuera un derecho a la ceremonia matrimonial. “El ius connubii, de hecho, se refiere al derecho de celebrar un auténtico matrimonio. No se negaría por tanto, el ius connubii allí donde fuese evidente que no se dan las premisas para su ejercicio” (Alocución a la Rota Romana de 2011). Por ello los pastores han de realizar las investigaciones necesarias para asegurar la validez del matrimonio que pretenden celebrar los contrayentes.
Por eso los beneficiarios reales de un sistema eficaz de preparación al matrimonio son los pro¬pios contrayentes, los cuales desean contraer un verdadero matrimonio –esa es su petición a la Iglesia– y quedarían defraudados en sus expectativas si se produce una nulidad que se podría haber evitado con una investigación prematrimonial adecuada: si se conoce a tiempo que hay una causa de nulidad muchas veces se puede solucionar el problema antes de la ceremonia, o si esto no es posible la solución es no celebrar el matrimonio proyectado. En cualquiera de los dos casos es evidente que los beneficios son para los contrayentes. Como dice Benedicto XVI en la Alocución citada de 2011, “con los diversos medios a disposición para una cuidadosa preparación y verificación, se puede llevar a cabo una eficaz acción pastoral dirigida a la prevención de las nulidades matrimoniales”.
Se han hecho propuestas de diversos tipos para mejorar la preparación matrimonial, como el establecimiento de un verdadero recorrido formativo, pasando de unos simples cursos a recorridos de formación más orgánicos y unitarios. Quizá sería planteable el recurso a un examen psicológico, si el párroco sospecha que uno de los contrayentes no ha alcanzado el grado de madurez necesaria o no puede asumir los compromisos matrimoniales por causas de naturaleza psíquica.
Naturalmente estas recomendaciones se deben practicar sin obstaculizar el acceso al matrimo¬nio de aquellos que estén debidamente preparados. El matrimonio constituye –lo hemos re¬cordado ya– un derecho de los fieles, el ius connubii, y es misión de los pastores facilitar su actuación, no poner dificultades. No está de más recordar que el canon 1075 § 2 indica que solo la autoridad suprema tiene el derecho de establecer nuevos impedimentos matrimo¬niales. No sería correcto que se establecieran en la práctica impedimentos distintos de los aprobados, como la asistencia a un consultorio psicológico.
A esta misma conclusión se debe llegar de la falta del expediente matrimonial. No olvidemos que el Código de Derecho Canónico no impone que se realice la investigación previa del matri¬monio bajo pena de nulidad, ni autoriza a las Conferencias Episcopales a ordenar que se haga el expediente matrimonial bajo la misma sanción. Por lo tanto si no se realiza el expe¬diente matrimonial o se hace defectuosamente, no debe tener mayores consecuencias. No se quiere decir que se tenga que menospreciar el expediente matrimonial: este tiene un papel clave para la preparación inmediata del matrimonio, y además sería erróneo llegar a esa idea a la luz de la doctrina del Papa en la Alocución a la Rota de 2011 que ya hemos comentado. Lo cual por otro lado es consecuencia del principio de seguridad jurídica: ¿qué párroco puede asegurar que ha realizado bien la investigación previa?
En cualquier caso, la consecuencia de una preparación adecuada al matrimonio debería ser la no admisión de contrayentes que no están debidamente preparados. Seguramente debe ser el legislador particular –el Obispo diocesano o la Conferencia Episcopal por la competencia que le da el canon 1067– el que arbitre medios concretos, pero la consecuencia lógica sería que el párroco, cuantas veces sea necesario, rechace la petición de casarse de novios que presentan vicios del consentimiento. Y esto no atenta contra el carácter pastoral de la fase preparatoria del matrimonio ni contra el ius connubii. Al contrario, según el derecho de la Iglesia se debe permitir el matrimonio no a todos los fieles, sino sólo a los que el derecho no se lo prohíbe (cf. canon 1058).
Como se comprende, estas recomendaciones pontificias se dirigen más a los párrocos y pastores que a los operadores de los tribunales de la Iglesia. Son los agentes de pastoral los que se dedi¬can directamente a la preparación de los novios, la cual se realiza a través de un plan pastoral más organizado: desde la preparación remota, que comienza incluso en la primera catequesis de los fieles, como en la preparación próxima, durante la edad del noviazgo, como en la prepa¬ración inmediata, que es la que hemos tratado hasta ahora. En todas esas etapas los fieles han de aprender los aspectos esenciales del matrimonio a través de charlas y pláticas, de la predi¬cación en homilías, de los consejos en la confesión o en la dirección espiritual. Ahora bien, ¿cuál es la vida sacramental, pascual, litúrgica, de oración, de participación en la Eucaristía, etc., de los contrayentes?
Para ello es necesario cuidar la formación de los agentes de pastoral en esta materia. Como dijo Benedicto XVI en la citada alocución, “el derecho canónico en general, y especialmente el matrimonial y pro¬cesal, requieren ciertamente una preparación particular, pero el conocimiento de los aspectos básicos y de los inmediatamente prácticos del derecho canónico, relativos a las propias funcio¬nes, constituye una exigencia for-mativa de relevancia primordial para todos los agentes pasto¬rales, en particular para aquellos que actúan en la pastoral familiar” (Alocución a la Rota Romana de 2011).
Sin embargo, también los operadores de los tribunales tienen cierta responsabilidad en pre¬paración al matrimonio en el cumplimiento de sus funciones, transmitiendo “un mensaje uní¬voco sobre lo que es esencial en el matrimonio, en sintonía con el Magisterio y la ley canónica, hablando a una sola voz”.
Como se ve, es una tarea que afecta a todos los fieles, pues la verdad sobre la familia y sobre el matrimonio es esencial en la vida de la Iglesia y de toda la sociedad.

Las causas de nulidad en el matrimonio canónico

Por explicarlo de un modo sencillo, para que un matrimonio sea válido debe ser realizado en forma válida, entre personas hábiles y además que sean capaces de prestar consentimiento. En sentido contrario, las causas de nulidad son el defecto de forma, o celebrado con impedimento o con vicio de consentimiento. Cada uno de estas tres causas generales se divide también en varios tipos. La terminología canonística habla de caput nullitatis, o capítulo de nulidad, para referirse a cada motivo de nulidad. Se ofrece aquí un elenco general de los caput de nulidad de los matrimonios canónicos. En esta relación se pretende sólo enunciar las causas de nulidad a título exclusivamente orientativo; no se pretende, a través de esta presentación, analizar exhaustivamente cada una de ellas. Para poder determinar si un matrimonio es nulo, debe realizarse un proceso judicial ante el juez competente, al que se le deben aportar las pruebas pertinentes, y en el que deben intervenir todas las partes procesales, como son el promotor de justicia y el defensor del vínculo. No es posible, por lo tanto, pretender que, a través de unas pocas líneas de reflexión, quien esto escucha o lee sea capaz de obtener conclusiones definitivas sobre una determinada situación.
Por otro lado, las circunstancias de los católicos en el mundo moderno son tan diversas, que es imposible recogerlas todas en esta presentación. Por eso, se recomienda que quien quiera conocer exactamente algún capítulo de nulidad, o consultar algún caso concreto, examine el canon correspondiente que se cita, además de acudir a un experto en la materia.

Nulidades derivadas de impedimentos

Impedimentos que nacen de circunstancias personales.

• Impedimento de edad (16 años para el varón y 14 para la mujer): c. 1083.
• Impedimento de impotencia antecedente y perpetua: c. 1084.

Impedimentos que nacen de causas jurídicas.

• Impedimento de vínculo o ligamen: c. 1085.
• Impedimento de disparidad de cultos: c. 1086.
• Impedimento de orden sagrado: c. 1087.
• Impedimento de voto público y perpetuo de castidad en un instituto religioso: c. 1088.

Impedimentos que nacen de delitos.

• Impedimento de rapto: c. 1089.
• Impedimento de crimen: c. 1090.

Impedimentos de parentesco.

• Impedimento de consanguinidad: c. 1091.
• Impedimento de afinidad: c. 1092.
• Impedimento de pública honestidad: c. 1093.
• Impedimento de parentesco legal: c. 1094.

Nulidades por vicio de consentimiento.

• Nulidad por carecer de uso de razón: canon 1095, 1º.
• Nulidad por grave defecto de discreción de juicio: canon 1095, 2º.
• Nulidad por incapacidad de asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza psíquica (incapacitas assumendi): canon 1095, 3º.
• Ignorancia de las propiedades esenciales del matrimonio: canon 1096.
• Error acerca de la persona: canon 1097 § 1.
• Error acerca de una cualidad de la persona directa y principalmente pretendida (error redundans): canon 1097 § 2.
• Dolo provocado para obtener el consentimiento: canon 1098.
• Error determinante acerca de la unidad, de la indisolubilidad o de la dignidad sacramental del matrimonio (error determinans): canon 1099.
• Simulación total del matrimonio o exclusión de una propiedad esencial: canon 1101.
• Nulidad por atentar matrimonio bajo condición de futuro (canon 1102 § 1) o bajo condición de pasado o de presente que no se verifica (canon 1102 § 2).
• Matrimonio contraído por violencia o por miedo grave: canon 1103.

Nulidades por defecto de forma.

• Matrimonio nulo por celebrarse sin la asistencia del ordinario del lugar o párroco, o sin su delegación: canon 1108.
• Matrimonio por procurador nulo por vicio del mandato: canon 1105.

He aquí 10 causas por las que se puede declarar nulo un matrimonio
o algunas circunstancias por las que el matrimonio celebrado no es válido

La dependencia excesiva de uno de los cónyuges a su madre o su padre puede ser causa de nulidad matrimonial. No se trata de la última ocurrencia de un determinado vicario general de un tribunal eclesiástico sino uno de los tipos de nulidad que figuran en el Código de Derecho Canónico.
Aunque existen muchos motivos por los que un matrimonio puede ser considerado no válido, el Código de Derecho Canónico divide las causas en tres grandes grupos: las circunstancias externas que hacen imposible contraer matrimonio (impedimentos); las circunstancias internas que afectan a la voluntad de quienes van a contraer matrimonio y hace éste inválido (vicios de consentimiento) y las formalidades que se deben seguir para contraer un matrimonio válido (defectos de forma).
Cada una de estas tres causas generales se divide a su vez en varios tipos, siendo los siguientes algunos de los motivos eclesiásticamente considerados para admitir que un matrimonio celebrado (sin las debidas condiciones) no es válido:

1.- Impedimento de impotencia tanto en el varón como en la mujer (c. 1084). Se trata de una circunstancia personal que impide que se pueda realizar el acto conyugal de modo natural. En el caso del varón debe ser capaz de erección, penetración y eyaculación para que el matrimonio se pueda consumar (sin que lo impida algún medio, como por ejemplo el uso de preservativo). Si falta alguna de estas tres cosas descritas esa persona es impotente aunque fuera capaz de engendrar hijos. En el caso de la mujer puede darse la circunstancia de padecer frigidez.

2.- Impedimento de vínculo (c. 1085). Si una persona está casada canónicamente y sin que lo sepa nadie consigue contraer nuevamente matrimonio, por ejemplo, en una ciudad o un país distinto, ese segundo matrimonio es nulo, ya que estaba vinculado con anterioridad a otra persona.

3.- Impedimento de consanguinidad (c. 1091). Entre dos hermanos (del mismo padre y la misma madre) no se puede contraer matrimonio porque hay un impedimento de derecho natural. En el caso de primos hermanos el obispo puede dispensar ese impedimento. En el primer caso, en cambio, no.

4.- Vicio de consentimiento por carecer de uso de razón (c. 1095, 1º). Puede darse el caso que una persona, aún siendo mayor de edad, no tenga uso de razón debido a una enfermedad psíquica. Esa persona no puede manifestar un consentimiento válido por lo que ese matrimonio celebrado puede considerarse nulo por vicio de consentimiento.

5.- Vicio de consentimiento por grave defecto de discreción de juicio (c. 1095, 2º). Se puede dar en el caso de una pareja de novios que después de dos años de noviazgo ella se da cuenta de que está embarazada. Los padres al enterarse de la noticia presionan a los jóvenes para que se casen pese a que ellos no están decididos. Si durante el proceso se logra probar que uno o los dos no han sido libres internamente para manifestar el consentimiento, ese matrimonio puede declararse nulo.

6.- Nulidad por incapacidad para asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza psíquica (c. 1095, 3º). En este apartado puede incluirse el caso antes mencionado, incluyendo muchas más cosas que suceden en la práctica, como los casos de grave inmadurez a la hora de contraer matrimonio y cuyo diagnóstico se obtiene a través de pruebas psicológicas y psiquiátricas. La dependencia psicológica de uno de los cónyuges al padre, madre, hermano o amigo es un trastorno de la personalidad que, pese a no ser considerado una enfermedad mental, sí incapacita a la persona para desarrollar sus deberes conyugales. En otras épocas en este apartado se incluían muchos casos de homosexualidad del varón, que contraían matrimonio presionados por el entorno social, pero que luego se veían incapaces de cumplir con las obligaciones matrimoniales.

7.- Error acerca de la persona (c. 1097). Se daba en la Edad Media, cuando los reyes pactaban un matrimonio y los futuros cónyuges se veían por primera vez el día de la boda. Allí se daban cuenta que la persona que se había presentado no era el futuro esposo u esposa. Hoy día es difícil que se produzca, pero podría darse en el caso de celebrarse un matrimonio por procurador.

8.- Dolo provocado para obtener el consentimiento (c. 1098). Ser estéril no es causa de nulidad matrimonial, si la contraparte está al corriente de esta circunstancia. En cambio, si la persona sabe que es estéril y lo oculta, porque si no, no se celebra el matrimonio, entonces sí es causa de nulidad.

9.- Simulación del matrimonio por exclusión de una de sus propiedades esenciales –unidad o fidelidad, indisolubilidad y apertura a la vida– (c. 1101). Es el caso de una persona que a la hora de casarse simula un consentimiento. En su fuero interior está excluyendo alguna de las características esenciales del matrimonio como la fidelidad, la indisolubilidad o la procreación. Por ejemplo, se casa pero no con la intención de tener hijos y su cónyuge no lo sabe. El problema en estos casos es la prueba, pero normalmente suele haber testigos que han oído a alguna de las partes manifestar sus verdaderas intenciones.

10.- Por defecto de forma (c. 1108). Son las causas menos frecuentes. Se da, por ejemplo, cuando una boda se celebra por otro sacerdote distinto al de la parroquia donde figura el expediente de bautismo de la novia y sin la delegación correspondiente del párroco. Si no existe esa delegación (una especie de autorización), hay un defecto de forma y el matrimonio es nulo.

Las causas más frecuentes de nulidad se están dando por incapacidad para asumir las obligaciones del matrimonio y por la simulación. En el caso de incapacidad, la mayoría de las causas que se tramitan responden a una grave inmadurez de alguno de los cónyuges o la dependencia psicológica.

OCHO CONSEJOS O RECOMENDACCIONES DEL PAPA FRANCISCO
PARA UN ÉXITO MATRIMONIAL O PARA QUE ÉSTE RESULTE

matrimonio111La receta de un amor sólido
(Ante más de 12.000 parejas de novios, año 2016)

1.- Primero, los novios tienen que estar dispuestos a convertirse en artesanos o incluso, en joyeros.
El matrimonio es un trabajo de todos los días, se puede decir que artesanal, un trabajo de orfebrería porque el marido tiene la tarea de hacer más mujer a la mujer y la mujer tiene la tarea de hacer más hombre al marido. Crecer también en humanidad, como hombre y mujer.
Es un trabajo para siempre, pero no hay que asustarse ni agobiarse, pues se construye todo día a día, poquito a poquito.

2.- El amor es una realización, una realidad que crece y podemos decir, como ejemplo, que es como construir una casa. Y la casa hay que construirla juntos, ¡no solos ni cada cual por su lado!
Para vivir juntos para siempre es necesario que los cimientos del matrimonio estén asentados sobre roca firme.

3.- No querréis construirla sobre la arena de los sentimientos que van y vienen, sino sobre la roca del amor verdadero, el amor que viene de Dios.

4.- Para que un matrimonio sea feliz, no basta con que dure para siempre, pues la cantidad es tan importante como la calidad. Viene a decir el Papa que importa más echarle vida a los años y no tanto años a la vida. Un matrimonio no tiene éxito sólo si dura, es importante también la calidad. Y hay que mirar al cielo. Como se pide el pan de cada día en el Padrenuestro, el Papa recomienda una oración para los esposos.

5.- Rezar juntos. En el Padrenuestro decimos: Danos hoy nuestro pan de cada día. El matrimonio puede aprender a rezar así: Danos hoy nuestro amor de cada día.

6.- Estar enamorado supondrá pronunciar a menudo estas tres cosas o palabras: con permiso, gracias y perdón. “¿Puedo?”. Es la petición amable de entrar en la vida de algún otro con respeto y atención… ¿Sabemos dar las gracias?: En vuestra relación ahora y en vuestra futura vida matrimonial, es importante mantener viva la conciencia de que la otra persona es un don de Dios… y a los dones de Dios se les dice “gracias”. Además, no hay ninguna persona que sea perfecta. Por eso, el secreto de la felicidad es pedir perdón.

7.- Que el día no acabe nunca sin pedir perdón, “que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro enojo”. Todos sabemos que no existe la familia perfecta, ni el marido o la mujer perfectos, ni el hogar perfecto. No digamos la suegra perfecta… Existimos nosotros, los pecadores, todo más o menos por igual. Jesús, que nos conoce bien, nos enseña un secreto: que un día no termine nunca sin pedir perdón.

8.- Que el día de la boda sea una jornada genuina e inolvidable, gozosa y llena de sentido. Hacedlo todo de forma que ese día sea de una auténtica fiesta, porque el matrimonio es una fiesta, una fiesta cristiana, ¡no una fiesta mundana! ¡Imaginad acabar la fiesta bebiendo té! No puede ser. ¡Sin vino no hay fiesta! Y no estéis nunca de brazos caídos, desanimados, rutinarios…

Encuentro Parroquial

Tras el tiempo vacacional volvemos a retomar los encuentros parroquiales, éste es del día martes 6 de septiembre.
ENCUENTRO PARROQUIAL
(Martes 6 de septiembre de 2016)

Evangelio según San Mateo, capítulo 19

El evangelista San Marcos había dispuesto en dos grandes grupos toda la materia transmitida. El primer grupo contenía la actuación de Jesús en Galilea, sobre todo alrededor del lago de Genesaret, el segundo grupo se centraba en Jerusalén y culminaba en el relato de la pasión, de la muerte y de la resurrección de Jesús. San Mateo permanece fiel a este diseño. Configura con mayor amplitud sobre todo la parte de Judea y Jerusalén, que en san Marcos es breve, y así equilibra mejor las dos partes, incluso exteriormente.
La estructura del pasaje didáctico sobre el divorcio está más conforme con la realidad en San Mateo, aunque el texto de este evangelista también depende de San Marcos. San Mateo aprovecha la ocasión para añadir un párrafo más sobre el celibato (19, 10-12). Así pues, esta parte de Mateo se centra en dos puntos, el uno expone la ordenación nueva del matrimonio, el otro, el camino especial del celibato, para los discípulos “que puedan entender” (19, 12).

Cuando Jesús acabó estos discursos, partió de Galilea y se fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán. Le siguieron grandes multitudes y realizó curaciones allí.

Por cuarta vez el evangelista concluye uno de los grandes discursos de Jesús con las mismas palabras. Al mismo tiempo Mateo designa aquí una nueva sección en la obra del Mesías. Galilea y Judea se excluyen entre sí. La precedente actividad de Jesús se efectuó según el modo de ver que el evangelista adoptó en su relato, en el ámbito de Galilea con muy pocos cruces de frontera. Aquí un nuevo ámbito entra en el campo visual del lector. Inicialmente parecen las palabras a la región de Judea algo indeterminadas. Paulatinamente aparece con mayor claridad la dirección en que se mueve la comitiva del maestro. Pero con el nombre de Judea resuena lo crítico y decisivo. Ya hace tiempo sabemos lo que sucederá en Judea, sobre todo en Jerusalén, y lo que de allí hay que esperar (cf. 2, 3; 15, 1). Estamos preparados especialmente por medio de vaticinios de la pasión (16, 21s; 17, 22s). Pronto seguirá un nuevo vaticinio (20, 17-19). Desde la confesión mesiánica de Pedro se sabe adónde se va. La inestable vida errante es relevada por el camino resuelto hacia Jerusalén. Jesús llega a Judea, que ya no abandonará hasta su muerte. Judea es el recinto de la crisis, Galilea fue el recinto del comienzo primaveral, y será el recinto de la revelación de Jesús resucitado (28, 16). “Al otro lado del Jordán” es una expresión que aquí solamente indica que Jesús no tomó el camino directo a través de Samaria, sino que dio un rodeo por oriente del Jordán, pasando por la ciudad de Jericó situada en el camino hacia Jerusalén (20, 29). De nuevo le sigue mucha gente, como ya se dijo con frecuencia de una forma sumaria. Y de nuevo se invoca la piedad del Mesías para que cure a los enfermos. Ahora Jesús tampoco cesa de obrar curaciones. Aunque el camino se dirige hacia Jerusalén, las curaciones forman parte de su apostolado y de la prueba de su misión mesiánica. La instrucción del pueblo desde hace mucho tiempo se pospuso a la enseñanza de los discípulos, pero Jesús continúa haciendo el bien y prodigando favores. Así ocurrirá incluso en medio de la ciudad santa, en el templo (21, 14). Sigue siendo inalterablemente fiel a su misión a las “ovejas perdidas de la casa de Israel” (15, 24).

Se le acercaron unos fariseos para tentarlo y le preguntaron: ¿Puede uno despedir a su mujer por un motivo cualquiera? Él respondió: ¿No habéis leído que el que los creó, desde el principio, varón y hembra los hizo? (Gn 1, 27). Y añadió: Por eso mismo, dejará el hombre al padre y a la madre para unirse a su mujer, y serán los dos una sola carne (Gn 2, 24). De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por consiguiente lo que Dios unió, no lo separe el hombre.

La pregunta de los fariseos aquí no se refiere a si en general está permitido disolver un matrimonio. Según el derecho vigente este permiso era evidente por razón de la ley del Antiguo Testamento. La pregunta más bien inquiere si está permitido el divorcio por un motivo cualquiera. Detrás de la pregunta está la diferencia de dos tesis que eran sostenidas en tiempo de Jesús. Una tesis procedía del famoso rabino Hilel, según la cual prácticamente un divorcio podía ocurrir por cualquier motivo, por insignificante que fuera. La opinión más severa la sostenía el rabino Samay, quien sólo consideraba como motivo suficiente los delitos morales, sobre todo los pecados de lascivia. (La diferencia entre estas opiniones dogmáticas se funda en la vaga formulación de Dt 24, 1, según la cual el divorcio puede tener lugar, si el hombre ha visto en ella una tara imputable). Jesús debe adoptar una actitud en esta cuestión discutida. Se le quiere “tentar” con esta cuestión. Según la respuesta que Jesús diese, se le podría tachar de laxismo o de rigor en la interpretación de la ley. Jesús en primer lugar no aborda la pregunta especial, sino el fondo de la cuestión. En la ley no solamente se contiene la disposición sobre el divorcio tomada de la ley mosaica (Dt 24, 1), sino también la ordenación del matrimonio según el relato de la creación. Lo primitivo tiene una primacía jurídica sobre lo tardío. Lo que era al principio, no se invalida por lo que le siga. El Creador es anterior a Moisés (19, 7). Al principio, Dios establece una ordenación que excluye la posibilidad del divorcio. Este es un pensamiento al que nos hemos acostumbrado demasiado y cuya grandeza ya no experimentamos plenamente. El ser humano no es creado por Dios como ser único, sino con dos formas, a saber hombre y mujer. Pero las dos formas están tan mutuamente relacionadas y tan ordenadas la una a la otra, que tienden a constituir de los dos una sola entidad. La fuerza del sexo y el ansia del complemento personal es tan intenso que sobrepujan el vínculo de la sangre. Se deja al padre y a la madre para buscar la nueva unidad de vida con el otro consorte. Los que se han encontrado, se convierten en una sola carne. Esta es la expresión más fuerte que puede concebirse. Con esta expresión el hebreo no solamente piensa en la unión sexual de los cuerpos, sino en la fusión de todo el ser humano terreno con el otro. Ya conocemos la expresión “la carne y la sangre” como designación del modo terreno de vivir del hombre, a diferencia del modo de vivir dado por Dios, lo cual se descubrirá en último término como “vida eterna”. Según el relato del Gn 2, 24, el Creador no ha pronunciado por sí mismo las palabras: “Por eso mismo, dejará el hombre al padre y a la madre”. Pero el evangelista quiere decir que la ordenación de la naturaleza que aquí manifiesta el autor sagrado, es institución divina. Así brota en las palabras de Jesús el concepto de principio en su pura originalidad. Lo que Dios hizo y dijo al principio, vale para siempre, nunca puede ser derogado ni puede mudarse por un precepto adicional o por una disposición suplementaria. Dios ha establecido la unidad mediante su voluntad creadora, que puso en los hombres este anhelo natural y su satisfacción. Pero la unidad no estriba solamente en la satisfacción del impulso corporal, sino en toda la vida. Por eso Jesús puede decir que Dios es quien unió. Lo que así fue unido, no puede ser separado por el hombre, porque el hombre es criatura y se le llama para que obedezca. El matrimonio es más que una unificación corporal; comprende toda la altura y profundidad, la anchura y longitud de la vida. En toda la vida ha de hacerse de dos uno. Ésta es la voluntad de Dios y la ordenación primitiva de Dios. El hombre interviene arbitrariamente y se evade de esta voluntad y ordenación del Creador.
Jesús no solamente cita el Antiguo Testamento, sino que consolida de nuevo y con autoridad propia la ordenación primitiva del matrimonio. La frase “lo que Dios unió, no lo separe el hombre” es la interpretación del texto del Antiguo Testamento y el nuevo mandato propio de Jesús. Este precepto tiene aplicación al pueblo de Dios en el Nuevo Testamento, o sea la Iglesia, y a cada miembro de la misma. Pero los que no son discípulos de Jesús, también tendrán que dejarse guiar por este alto concepto, si realmente tienen interés en la persona humana. A la larga sólo la más alta reivindicación puede bastar al ser humano. Todos los compromisos entre la debilidad humana y la flexibilidad jurídica en último término redundan en perjuicio del hombre.

Ellos le replican: ¿Por qué, entonces, Moisés mando darle el acta de divorcio para despedirla? El les contesta: Moisés, mirando a la dureza de vuestro corazón, os permitió despedir a vuestras mujeres. Pero no fue así desde el principio. Por eso yo os digo: El que despide a su mujer -no en caso de fornicación- y se casa con otra, comete adulterio.

Jesús ha dicho lo fundamental, ahora lo formula una vez más en una “ley” (19, 9). Queda por contestar la pregunta de los fariseos si está permitido disolver el matrimonio por un motivo cualquiera. Vuelve a conducir a esta pregunta la objeción, según la cual en la ley también se da la posibilidad del divorcio. Jesús contesta: No lo ha mandado Dios, sino Moisés. Para nosotros eso es tan difícil de entender como para los judíos de aquel tiempo. Puesto que Dios nos habla por medio de Moisés, el mandamiento de Moisés ¿no es mandamiento de Dios? Ciertamente lo es, pero tiene menor autoridad. Primero porque lo anterior mantiene la primacía con respecto a lo posterior; segundo, porque el mandamiento de Moisés fue dado por él de modo indirecto (cf. Gál 3, 19s.), mientras que el orden de la creación fue establecido directamente por Dios. Todo eso, desde luego, no se expresa en la respuesta de Jesús; son argumentos teológicos que van implícitos en el diálogo.
Lo que Jesús dice para explicar este mandamiento de divorcio, es algo muy distinto, que impresionará a sus oyentes. Existe ya una diferencia en el mismo hecho de que Moisés no ha mandado, sino permitido. No se trata de un mandamiento, que debe estimular y conducir a la vida, sino de una concesión que se hace a la debilidad del hombre. Moisés lo ha permitido mirando a la dureza de vuestro corazón. Esta imagen designa la sordera y apatía de corazón de Israel ante la orden de Dios. La hallaremos asociada a la “incredulidad” (Mc 16, 14). Un tono profético penetra en el diálogo jurídico. Moisés os dio esta libertad, porque conocía vuestra condición y preveía que seríais negligentes e indóciles ante la voluntad de Dios. El hecho de que todavía se practique el divorcio, no es señal de que se cumpla fielmente el mandamiento, sino, todo lo contrario: atestigua la obstinación de Israel.
La explicación que Jesús da a lo que dispone la ley mosaica, no es una explicación histórica o jurídica. Antes bien es una llamada profética, que también ahora tiene un alcance profundo. El hombre sólo es capaz de cumplir en particular el mandamiento divino, si se confía totalmente a la voluntad de Dios. Quien se obstina frente a ella y es indolente, o persevera arbitrariamente en su propia voluntad, llegado el caso fallará y, por consiguiente, se verá obligado a invocar la libertad de divorciarse. Esto se afirma, de forma inequívoca, en las últimas palabras. El hombre que despide a su mujer, no ha anulado el matrimonio que existía entre ambos. Continúa existiendo, y si el hombre vuelve a casarse, comete adulterio. Para la mujer tiene aplicación lo inverso, que sólo san Marcos dice explícitamente (Mc 10, 12). Incluso la añadidura discutida “no en caso de fornicación” no puede cambiar nada en el principio dado por Jesús. Si se entiende esta adición en el sentido que de algún modo se pueda disolver el vínculo del matrimonio como tal, entonces se desplomaría toda la doctrina de Jesús expuesta en 19,3-9. La Iglesia, por encargo de su Señor, se mantiene aferrada hasta el día de hoy en esta firme resolución. Porque la Iglesia también observa la misma obediencia que ha de exigir a cada uno de sus miembros. Por eso es tan importante este diálogo, porque muestra la posición de Jesús ante la ley.
Aquí Jesús deroga formalmente una disposición de la ley del Antiguo Testamento, así como antes ha anulado la legislación del Antiguo Testamento sobre la pureza. Sigue estando en vigor que Jesús no ha venido para abolir “la ley o los profetas”, sino para “darle cumplimiento” (5, 17). Pero también puede formar parte del cumplimiento de la ley que una disposición particular sea derogada o sustituida por una nueva orden. Esto aquí no ocurre por la propia plenitud de poderes, sino por el recurso a la primitiva voluntad del Creador. Se hacen valer de nuevo la pureza y la genuina intención de la voluntad de Dios, tal como han sido expresadas al principio. Pero el hecho de que el orden de la creación y el mandamiento de Moisés se puedan contraponer mutuamente y el hecho de que el orden inicial se ponga de nuevo en vigor sólo pueden explicarse por la pretensión de Jesús de ser el definitivo revelador de la voluntad de Dios. Sólo puede hacerlo el Mesías. En cualquier otro sería una presunci6n blasfema. Aquí aparece de nuevo el estilo que ya conocemos: “Pero yo os digo…” (5, 22).

Los discípulos le dicen: Si tal es la situación del hombre con respecto a la mujer, no conviene casarse. Él les respondió: No todos entienden esta doctrina, sino aquellos a quienes se ha concedido. Porque hay incapacitados para el matrimonio que nacieron así del seno materno, y hay incapacitados a quienes así los hicieron los hombres, y hay incapacitados que ellos mismos se hicieron así por el reino de los cielos. Quien pueda entender, entienda.

Si hay que ligarse mutua e indisolublemente para toda la vida, entonces resulta gravoso casarse. Así puede entenderse la réplica aterrada de los discípulos. La libertad del hombre ¿no está entonces coartada de un modo insoportable? ¿Sólo tiene el hombre ante sí el camino del matrimonio, y además con este vínculo, que aquí se tiene la sensación de que es una carga y una tortura? Esta réplica dada con la primitiva manera de pensar del hombre vulgar, hace que Jesús añada otras palabras, que abren un segundo camino. Estas palabras se introducen de un modo significativo con la observación de que no todos son capaces de entender lo que se dice a continuación. Sólo son capaces de entender aquellos a quienes se ha concedido. Esto también es un misterio del reino de los cielos, cuya comprensión se concede desde arriba. El hombre no la tiene por sus propias fuerzas, sino por don de Dios (cf. 13, 11). Nos podemos disponer para esta comprensión, pero no nos la podemos dar. Se puede estar agradecido por ella, si alguien la obtuvo, pero no se puede reprochar a nadie que no la tenga. De lo que se trata se nos aclara en la última parte de la respuesta (que consta de tres grados): hay incapacitados para el matrimonio que ellos mismos se hicieron así por el reino de los cielos. El reino de Dios reclama todo el interés del hombre. También puede reclamar la renuncia al matrimonio y a la familia, más aún, como se dice en estos versículos, la renuncia voluntaria y permanente a la satisfacción del apetito sexual. Entonces todo el vigor íntegro del hombre puede emplearse para el servicio del reino de Dios. Toca a todos los discípulos emprender la aventura de buscar primero el reino de Dios y su justicia (6, 33); pero sólo a algunos de ellos realizarla y aplicar su persona a ello con tal amplitud, que incluso abandonen la tendencia innata en el hombre de dar satisfacción a su vida sexual. Los capaces de entender son aquellos a quienes se les ha concedido. Aquí probablemente no sólo se piensa en la comprensión, sino también en el seguimiento de esta otra vocación. Para dicho seguimiento en primer lugar se requiere la inteligencia, pero además la renuncia magnánima. Puesto que la palabra de Jesús queda así vibrando y postula consciente apertura en el oyente, preferimos también dejarla con esta apertura. En la vida de la Iglesia a través de los siglos se testifica que esta aventura magnánima se emprende en forma duradera, y también se testifican los frutos para el reino de Dios, que se originan de esta renuncia.

Entonces le presentaron unos niños para que les impusiera las manos y orara por ellos; pero los discípulos los reprendieron. Y Jesús dijo: Dejad a los niños y no les impidáis venir a mí, porque el reino de los cielos es de los que son como ellos. Y después de imponerles las manos, se fue de allí.

No sólo llevan los enfermos a Jesús para que los cure, sino también le llevan los niños para que los bendiga. Es un gesto conmovedor de confianza. La fuerza de la bendición que con frecuencia se había experimentado, también se comunicará a los niños. Necesitan especialmente la protección de los mayores y sobre todo el amparo de quien es el mayor entre los mayores: Dios. Jesús debe poner sus manos sobre ellos y orar por ellos, es decir invocar en favor de ellos la protección y la gracia de Dios. A los discípulos les parece ridículo importunar al Maestro con tales niñerías. No conocen la confianza que con razón empuja a la gente hacia Jesús, ni el gran concepto del niño que Jesús ha dado a los discípulos (cf. 18, 3).
Jesús no sólo exige que los niños le puedan ser traídos, sino que dice algo fundamental a este respecto. El reino de los cielos es de los que son como ellos. ¿Cómo deben entenderse estas palabras? En primer lugar en sentido literal. Los niños tampoco están excluidos de la llamada y de la promesa magnífica del Padre. No es preciso que ellos se queden fuera, aunque todavía sean pequeños y entiendan poco. Los escribas creen que los niños tienen poca capacidad, y en general los menosprecian, como también hacían con las mujeres. La tesis de los escribas es que la religión es cosa de hombres. Jesús ha exaltado a la mujer, así hace ahora con el niño. Esta división de los hombres en adultos y menores de edad tampoco vale ante el reino de Dios. El niño también puede entender y hacer aquello de lo que propiamente se trata, a saber que Dios debe reinar, y su voluntad debe llevarse a término. Así pues, los niños pueden colocarse libremente al lado del que trae este reino, y esta voluntad. No les impidáis venir a mí… Ellos quizás entienden a Dios mejor que los adultos. Dios ha ocultado a sabios y entendidos lo que ha revelado a la gente sencilla (11,25). Ni siquiera en la Iglesia nadie tiene el derecho de escatimar a los niños los dones de Dios. Desde el tiempo más antiguo se les ha administrado el bautismo, aunque no pudieran hacer ninguna profesión personal de su fe. Hoy día se les ofrece el cuerpo del Señor tan pronto como pueden distinguirlo del pan ordinario. Porque el reino de los cielos es de los que son como ellos, y así lo ha querido el Padre que está en el cielo (11,26). No sólo debemos apreciar y amar a los niños por inclinaci6n natural, sino porque Dios tiene tan gran concepto de ellos.

Luego se le acercó uno y le preguntó: Maestro, ¿qué haría yo de bueno para poseer vida eterna? Él le contestó: ¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el bueno. Pero, si quieres entrar en la vida, observa los mandamientos. Dícele aquél: ¿Cuáles? Jesús respondió: Aquello de no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra al padre y a la madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo. El joven le replica: Todas esas cosas las he cumplido. ¿Qué me falta todavía?

En el camino un hombre se acerca a Jesús, como otros hicieron antes que él (cf. 8, 19-21). Su pregunta no se refiere a lo que debe hacer para seguir al Maestro ni a las condiciones que le serán impuestas, sino al fin perseguido con este seguimiento, que es la vida eterna. Nuestro hombre conoce el fin, pero pregunta por el camino. A este camino tiene que conducir algo bueno. La bondad de la vida humana aquí en la tierra, y de la vida eterna (donada por Dios) allí en el cielo, se corresponden mutuamente. Además el que pregunta sabe que se tiene que hacer algo. El don de Dios no se logrará con independencia del esfuerzo del hombre, aunque nunca se puede merecer en el sentido propio. Ya es muchísimo saber estas dos cosas y poder preguntar tan atinadamente. La respuesta en primer lugar, y sin atenerse a la pregunta estricta, se refiere al concepto de lo “bueno”. La respuesta sólo llega a ser plenamente inteligible con el texto de San Marcos, en el que el joven rico había dado a Jesús el tratamiento de “Maestro bueno”, y Jesús le había contestado: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino uno, Dios” (Mc 10, 18).
San Mateo enfoca la pregunta de otra manera y coloca lo bueno en sentido objetivo ante lo bueno en sentido personal. Sólo Dios es bueno, y por tanto también es el dechado de todo lo bueno que hay. Así pues, cuando se pregunta a Jesús por lo bueno, se le pregunta por Dios. Sólo por Dios se mide todo lo bueno que el hombre puede conocer y anhelar como valor. Es la plenitud de lo bueno, y cada una de las cosas buenas que se ven y hacen participa en el bien absoluto, que es el mismo Dios. Prosigue la respuesta propiamente dicha, a saber guardar los mandamientos, que son los mandamientos de Dios. Jesús no los nombra todos, sino algunos de los diez mandamientos, que tienen más importancia, y además se añade -y así se hace resaltar- el mandamiento del amor al prójimo. No se nombran los tres primeros mandamientos de la tabla del decálogo, que se refieren a Dios y a su servicio, sino que solamente se nombran los que se refieren al hombre y a su servicio. Como complemento no se añade el mandamiento de amar a Dios, sino el de amar al prójimo. Así se indica la dirección de la respuesta de Jesús: Importa hacer lo bueno en favor del hombre si se quiere alcanzar la vida eterna. El que pregunta en general por la vida eterna, ya sabe que se tiene que obedecer a Dios, honrarle y amarle. Pero lo otro se le tiene que decir de una forma que se grabe. El punto central e importante del diálogo radica en la segunda pregunta: ¿Qué me falta todavía?
La primera contestación que dio Jesús, está en el Antiguo Testamento. Se la podía dar el piadoso judío, y los escribas también lo han hecho alguna que otra vez. El camino de la salvación ya está contenido en el Antiguo Testamento si se entiende en la forma debida y no se ahogan sus exigencias capitales con innumerables prescripciones particulares. No obstante, el joven puede declarar sin reservas que ha cumplido todo lo que Jesús menciona. Difícilmente podrá salir airosa esta confianza ante un criterio estricto. Pero la respuesta también quiere indicar que todo eso le es bien conocido y no contiene ninguna novedad. Sin embargo, hay que poder decir algo nuevo, porque la persona y la actividad de Jesús para él tienen una apariencia nueva. El joven desde el principio debió de esperar que Jesús le diera una orden especial que excediera lo ordinario. Ya que el Señor en primer lugar le da una respuesta tradicional que expresa la unidad con lo que se ha ido transmitiendo en Israel, el joven ahora tiene que preguntar expresamente por lo nuevo: ¿Qué me falta todavía?

Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende todos tus bienes y dáselos a los pobres, que así tendrás un tesoro en los cielos; luego ven y sígueme. Pero, cuando el joven oyó estas palabras, se fue lleno de tristeza, pues poseía muchos bienes.

¿Cómo responderá Jesús? ¿Añadirá un undécimo mandamiento a los diez que ya existen, o explicará, como hizo más tarde, el único mandamiento del amor como resumen de toda la ley? (22, 34-40). En primer lugar está la palabra “perfecto”. Ya la oímos en el sermón de la montaña (5, 48). Como en aquel sermón, esta palabra aquí también sirve para expresar el objetivo sintético de lo que Dios reclama. La frase si quieres ser perfecto no se dice como pregunta, que deje esta volición al arbitrio del individuo (un consejo), así como tampoco se dijo como pregunta la locución de la primera parte del diálogo: “Si quieres entrar en la vida” (19, 17). Es lo que vale para todos los que quieren ser discípulos, porque para todos vale la misma finalidad de la vida eterna. Todos deben ser perfectos como su Padre celestial. No basta solamente conocer los distintos mandamientos y cumplirlos puntualmente, sólo basta la perfección. La justicia de los discípulos debe superar la de los escribas y fariseos (5, 20). El mismo Dios debe ser la medida de las acciones del hombre. El cristianismo no consiste en cumplir los mandamientos, sino en entregarse perfectamente y en amar sin limitaciones. Pero Jesús además dice que el joven debe vender lo que posee, desprenderse del producto de la venta, y luego debe seguirle. Estas palabras del Maestro hay que entenderlas como llamada personal, que sólo puede aplicarse a este joven y a su situación. Tiene muchos bienes, y su corazón está pendiente de ellos, aunque haya cumplido los mandamientos. Por eso no es “perfecto”, porque su corazón no está indiviso en Dios, sino que está dividido, porque también ama lo que posee. Aún no sabe nada de la nueva resolución firme que Jesús ha traído: “No podéis servir a Dios y a Mammón” (6, 24).
El joven aún no puede distinguir entre el tesoro en la tierra, que destruyen la polilla y el orín, y que roban los ladrones, y el tesoro en Dios (cf. 6, 19-21). Por eso el joven es invitado a emplear su tesoro en la tierra como tesoro en el cielo. Si así lo hace, entonces se verá que a él primero le interesa Dios y por tanto en realidad también le interesa la vida eterna. Lo que aquí se dice de la perfección en general (junto con 5,48), puede aplicarse a todos los discípulos y los une sin hacer diferencias. Lo que se dice sobre la venta de lo que se posee, en primer lugar tiene aplicación al que preguntó. Pero cualquier discípulo de Jesús reconoce a manera de ejemplo lo que importa. Primeramente escuchará el llamamiento a la perfección. Pero este llamamiento para el discípulo quizás contiene una reclamación concreta distinta de la de desprenderse de lo que posee. No se trata de liberarse de los bienes como tales, sino de la libertad para Dios. Pero esta libertad sólo se puede obtener en el seguimiento de Jesús. Por eso tiene validez que cuando hayas hecho todo lo que te hace libre, entonces tienes que seguirme. Y también es verdad que sólo puede conservarse la plena libertad para Dios en el seguimiento de Jesús. La ley vital de Jesús: Dios solo y en primer término, también puede aplicarse a sus discípulos. El discípulo sabe que en el Evangelio al usar el verbo “seguir” de ordinario se piensa en la disposición para el sufrimiento y en participar en la pasión de Jesús…

Jesús dijo a sus discípulos: Os lo aseguro: un rico difícilmente entrará en el reino de los cielos. Os lo vuelvo a decir: Más fácil es que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico en el reino de Dios. Cuando lo oyeron los discípulos, se quedaron hondamente sorprendidos y dijeron: Pero entonces, ¿quién podrá salvarse? Fijando en ellos su mirada, díjoles Jesús: Para los hombres, esto es imposible; pero para Dios, todo es posible.

Son unas palabras difíciles que empalman con el sermón de la montaña (cf. 6, 24-34). No pueden ser paliadas ni cambiadas de sentido. Para los ricos es difícil, dice Jesús categóricamente, alcanzar el reino de Dios. Al hablar de “un rico” no debemos fijarnos en la cantidad de sus posesiones, como si fuera posible distinguir, de acuerdo con ella, lo que es justo o injusto; tampoco hay que pensar en un rico dominado por sus riquezas, que con avidez y codicia ha hecho de sus bienes un dios. El “rico” es una persona que tiene muchas posesiones, y para cuya vida estas posesiones significan mucho. Las dos cosas son inseparables. Un rico de esta clase, dice Jesús, está en sumo peligro. Jesús sabe que los bienes no son una magnitud neutral, una acumulación de dinero, o de casas, o de acciones, o de joyas, o de lo que sea. Los bienes tienen un poder seductor que procura subyugar al hombre. Así habla Jesús de Mammón, que incluso entra en competencia con Dios (6,24c). Nadie puede sustraerse a esta resaca seductora, si no se aparta por completo de ella, y no se adhiere a Dios. Una imagen drástica expresa lo antedicho. Exagera consciente y desmedidamente, y con todo quiere ser tomada como una imagen. Un camello no pasa nunca por el ojo minúsculo de una aguja. ¿Quiere esto decir que ningún rico conseguirá su objetivo por principio? esta interpretación contradiría la primera frase, que se limita a decir que un rico difícilmente entra en el reino de los cielos. La imagen no dice que nadie lo logre, sino que las probabilidades son sumamente exiguas. Estas palabras quieren agitar, sacudir, hacer que caigamos en la cuenta de la gravedad de la situación. El joven ha encallado en este escollo, a pesar de hacer una pregunta tan radical y de estar dispuesto para una orden muy exigente del Maestro. Su apego a los bienes lo ha desvalorizado todo y le ha impedido recorrer el camino que conduce a la vida eterna. Este ejemplo y las graves palabras del Señor sobre los ricos tienen que ser como un estímulo en la carne para todos los que se encuentran en una situación semejante a la del joven rico.
La sentencia de Jesús aterroriza a los discípulos. Nos vienen a la memoria las palabras sombrías de la puerta estrecha y del camino angosto (7, 13s). ¿Son quizás muy pocos los que se salvan (cf. Lc 13, 23) o quizás no hay nadie que se salve? Es preciso experimentar en sí mismo este temor. El salvarse no es algo natural y evidente; el hombre no puede invocar en favor suyo ningún derecho ni abrigar esperanza alguna. Muchas almas escogidas experimentaron dolorosamente tan terrible incertidumbre. La respuesta del Maestro no da ningún consuelo humano ni sosiega la cuestión discutida. No obstante, libera al hombre de la angustia y del temor. Siempre es lo mismo: hay que confiar enteramente en Dios. Así como quien realmente tiene fe, confía enteramente en Dios, así también el que teme seriamente por su vida. En Dios todo es posible. El destino del hombre sólo está en manos de Dios. El conocimiento de esta verdad no conduce a una angustia servil, o a una cruel mutilación de sí mismo, sino a la libertad de los hijos de Dios. Dios no es un maestro de escuela, ni un tirano, sino un padre.

Entonces tomó la palabra Pedro y le dijo: Pues mira: nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué habrá, pues, para nosotros? Jesús les contestó: Os lo aseguro: cuando el Hijo del hombre se siente en su trono glorioso, en la regeneración, vosotros los que me habéis seguido, también os sentaréis en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

La pregunta de Pedro no es tan dura como la de los hijos de Zebedeo (Mc 10, 37), pero también proviene de “abajo”. En esta pregunta no se nombra la recompensa, pero se hace alusión a ella. Ellos lo han dejado todo y han seguido el llamamiento de Jesús; el joven rico no supo desprenderse de sí mismo y por eso se negó a seguir el llamamiento. Esta vez Jesús no rechaza bruscamente la pregunta, como lo hizo con Pedro hablando del tema de la pasión (16, 23) y como lo hará con los hijos de Zebedeo (20, 20-24). El que ha dejado, recibirá (19, 29). El que ha seguido a Jesús en la humillación, compartirá su gloria (19, 28). Esta es la doble respuesta a la pregunta de Pedro. Para el fin del tiempo en este mundo y para el paso al mundo nuevo san Mateo emplea en la mayoría de los casos la palabra parusía. Aquí encontramos la extraña palabra regeneración. El primero de estos dos vocablos alude sobre todo al acontecimiento único, que inicia la transformación del mundo, este segundo vocablo se refiere a la restauración del mundo según su estado primitivo. El mundo es engendrado por segunda vez, después que estén dominadas las fuerzas caóticas, como la primera vez fue engendrado del caos con una belleza inmaculada y con un orden armónico. La segunda creación será como la primera, es decir la producción del mundo al principio sólo puede compararse con la acción revolucionaria de Dios, la cual abarca todo el cosmos (Gn 1, 4). Pero la gloria del mundo nuevo será todavía mayor que la del antiguo, del que ya se pudo decir: “Y vio Dios todas las cosas que había hecho y eran buenas en gran manera” (Gn 1, 31). Porque el mundo nuevo debe subsistir con una duración eterna. La regeneración se inicia con la venida del Hijo del hombre y se pone en vigor con su juicio. El Hijo del hombre estará sentado en su trono de gloria (25, 31) y pronunciará la sentencia. Los doce se sentarán junto a él como asistentes y pronunciarán con el juez la sentencia. Antes se ha dicho: “Quién a vosotros recibe, a mí me recibe; y quien a mí me recibe, recibe a aquel que me envió” (10, 40). Esta unidad entre el Padre que envía, el Mesías enviado y los apóstoles vale en la humillación y valdrá luego en la gloria. El Mesías se ha declarado en favor de ellos y se les ha identificado con su actuación de un modo tan íntimo que ahora pueden declararse ellos en favor de él en el juicio e identificarse con su sentencia. Esto en realidad es recompensa del seguimiento: seguimiento hasta lo profundo de la pasión, del desprecio, e incluso hasta la impotencia de la muerte, luego hasta la altura de la gloria y del poderío en el trono del Mesías al fin de los tiempos. El pueblo de Dios constaba de doce tribus, tal como tuvo su origen en el padre Jacob, según testimonio de la Escritura. Las doce tribus tienen que ser reunidas al final de los tiempos, en ellas se presentará el pueblo de Dios en la gloria. Pero las doce tribus, de las que aquí habla Jesús, son las tribus del nuevo Israel, engendrado por Dios y redimido por Jesús. Es una gran imagen que se ofrece a Pedro. También es una imagen que la Iglesia peregrina edificada sobre el cimiento de los apóstoles y profetas (Ef 2, 20), tiene ante los ojos, ya que marcha hacia el juicio de su Señor y de sus apóstoles.

Y todo aquel que por mi nombre haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos, o campos, recibirá mucho más y heredará vida eterna. Pues muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros.

La segunda respuesta habla en primer lugar de lo que se ha dejado por amor de Jesús; es decir por causa de la íntima solidaridad con él y del servicio a su palabra (cf. la distinción que se hace entre ambas cosan en Mc 10, 29). Se nombran sin interrupción vínculos familiares y bienes terrenales. Que los hijos se separen de los padres o que el campesino abandone su casa y sus tierras es lo mismo para el caso. La enumeración podría ser más larga. Lo que importa no es lo que se deja, sino por qué se deja, importa la relación con el Mesías y el empleo de la propia persona en su seguimiento. Distinto es lo que se reclama y cuánto se reclama; pero en ningún caso se da sin que se reciba, en cambio, el céntuplo. No para que el discípulo trabaje por esta recompensa, sino para que siempre crea más en la riqueza mayor y en la magnanimidad de Dios, que constantemente aventaja al hombre. No trabajamos por la recompensa. Pero trabajamos por Dios, que también es nuestra recompensa. Esta recompensa no se divide en una recompensa terrenal y otra eterna (como en Mc 10, 30). San Mateo solamente nombra la única amplia recompensa de la vida verdadera, de la vida eternal. Esta vida es mucho más de lo que aquí ahora se podría dejar. La pregunta del joven rico versaba sobre el camino hacia la vida eterna (19, 16). La orden de Jesús prescribía al joven que dejara lo que poseía y le siguiera. Los discípulos lo han hecho y no sólo han dejado los bienes terrenales. Obtienen la promesa de alcanzar el verdadero objetivo. ¡Qué esperanza se contiene en esta promesa para todos los que están seriamente preocupados por su salvación! El hombre no tiene una última seguridad sobre si se salva y logra la solidaridad con Dios. Siempre perdura una tensión entre la esperanza de conseguir estos fines y la experiencia de ser insuficiente ante la pretensión que implica esta esperanza. A pesar de esta inseguridad general que perdura, estas palabras también dan una seguridad libertadora. Estas palabras de la recompensa puede referirlas a sí mismo el que pueda decir de si como Pedro que realmente lo ha dejado todo por amor de Jesús. Dios no olvida ni siquiera las múltiples acciones ínfimas. ¡Cuánto menos olvidará la única gran acción de la renuncia en el seguimiento! Esto se manifestará en la regeneración del mundo. Entonces tendrá lugar una gran revalorización. Muchos que aquí eran los primeros, allí serán últimos, es decir los que serán arrojados fuera. Y muchos que eran los últimos, serán primeros, es decir los coherederos de Cristo en el reino de Dios. Lo ganará todo el que todo lo dejó, perderá su vida el que la buscó, la encontrará el que la perdió.