Culto de la Hermandad Ntrª SRª de la Piedad

La Hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora de la Piedad, celebra el quinario en Honor a sus Sagrados Titulares, durante los días: El lunes 20 a las 21:30 horas devoto vía crucis, con la Imagen del Señor.

Durante los días: 21,22,23,24 y 25, a las 21:00 horas solemne Quinario, con los siguientes orden de cultos:Rezo del Santo Rosario,ejercicio del Quinario, Santa Misa. Ocupando la Sagrada Cátedra, Rvdº. Padre D. Alberto Jaime Manzano. Vicario Parroquial de Santa María del Alcor.
El domingo 26 tendrá lugar Solemne Función Principal de Instituto, a las 13:00 horas, que será oficiada por, Rvdº Padre D. Francisco Suarez Salguero , Párroco de Santa María del Alcor.
Durante los días 6 y 7 de abril estarán expuesta en fiel devoto besamanos las Sagradas Imágenes , en la casa Hermandad , C/ Albaicin.

Culto en Honor a María . Stmª. de la Paz

Durante los día 15,16 y 17 tendrá lugar el triduo en honor a María Stmª. de la paz, con el siguiente orden de cultos, rezo del santo rosario , ejercicio del triduo, EXPOSICIÓN DEL  SANTÍSIMO SACRAMENTO.
La predicación a cargo de Rvdº. Padre D. Francisco Suarez Salguero. Párroco de la santa maría del Alcor.
El sábado 18 a las 21:30 Solemne Función .

Encuentro Parroquial

ENCUENTRO PARROQUIAL

AVISO:  LOS ENCUENTROS QUEDAN APLAZADO HASTA EL 25 DE ABRIL , POR MOTIVO DE CULTOS DE LAS DISTINTAS HERMANDADES QUE OCUPAN LA PARROQUIA.

( Martes 14 de marzo de 2017)

SOBRE CRISTO RESUCITADO:
AL TERCER DÍA RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS

(Catecismo, 638-658)

La resurrección de Jesús no es, sin embargo, un dato “científico” incontrovertible: creer en esta es, siempre, en última instancia, un acto de fe.
La cuestión de la fe en la resurrección de Jesús no puede ser resuelta por la mera prueba histórica.
Aceptar la verdad de la resurrección y creer en Jesucristo resucitado es mucho más que un simple razonamiento fundado sobre anuncios y hechos cerrados en el pasado a los que adherirnos intelectualmente. Dios entra en el mundo de una forma inesperada, chocante y paradójica. Como escribió el cardenal Gianfranco Ravasi en la introducción de Inchiesta sulla resurrezione de Andrea Tornielli, investigando en los Evangelios sobre la resurrección de Cristo, “se actúa casi como sobre un filo cortante a lo largo del cual se deben mover los pies con mucho cuidado, con el riesgo constante de resbalar hacia el lado de la penumbra de la historia, donde cuenta sólo lo que está válidamente probado, o bien lanzarse hacia la pendiente deslumbrante de la luz pascual, de la gloria y de la experiencia de fe”.
El riesgo, como diría Pascal, es el de caer en “los dos excesos: excluir la razón, o no admitir nada más que la razón”. Don Giuseppe Ghiberti, teólogo y biblista que, desde hace años, se ocupa de la Sábana Santa, comentó [a Aleteia]: “De la resurrección no hay experiencia externa directa. Todo indica que esta experiencia no fue posible; sin embargo los primeros testimonios aparecieron después de que se diera el hecho. Las consecuencias, sin embargo, son históricamente calificables: aquel que estaba muerto, y que era imposible que se relacionara interpersonalmente con la mediación del cuerpo, después de un tiempo bien determinado vuelve a la relación humana, a la dimensión corpórea, con muchos interlocutores, en muchas circunstancias. La interpretación de este dato factitivo es ofrecida a través de la fe”.

Cultos en Honor Ntrº Padre Jesús Cautivo y Mª Stmª de la Amargura

La hermandad de Nuestro Padre Jesús Cautivo y María Santísima de la Amargura, celebra solemne cultos en honor a sus titulares, durante los días 8,9 y 10 de marzo.
Con predicación a cargo del Rvdo. padre D. Miguel Vázquez Lombo.
Dando comienzo a las 21:00 horas, con el rezo del santo rosario , para continuar con la celebración de la Eucaristía.
El sábado 11 solemne función de instituto, con predicación del Rvdo. Padre D. Francisco Suarez Salguero, Párroco de la Santa María del Alcor.
El domingo 12 a partir de la 17:00 horas estarán expuesta en devoto besa mano los sagrados titulares.

Encuentro Parroquial

ENCUENTRO PARROQUIAL

Martes 7 de marzo de 2017).
Del Catecismo 641-642-643

SOBRE CRISTO RESUCITADO:
AL TERCER DÍA RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS

Los apóstoles anunciaron públicamente el descubrimiento de la tumba vacía y los encuentros con el Resucitado a poca distancia de la muerte de Jesús, cuando los testigos aún vivos en Jerusalén habrían podido desmentirles.
Una ulterior prueba de que las fuentes escritas que nos han llegado son fiables es que ningún evangelista, ni otra tradición neotestamentaria, narran el modo en que sucedió la resurrección. La única que lo hace es el Evangelio de Pedro, el escrito apócrifo –por tanto, no incluido por la Iglesia entre sus textos oficiales– en el cual se encuentra el relato más antiguo, conocido por nosotros, sobre este argumento que fue redactado presumiblemente en Siria, hacia la mitad del siglo II. Los primeros seguidores de Jesús eran mayormente pescadores, encarnaban bien la mentalidad semítica de entonces, no eran visionarios, necesitaban pruebas tangibles y no promesas vanas y etéreas. Y las manifestaciones de Jesús resucitado recalcan su carácter de experiencias concretas, de encuentros reales.
Dos son los verbos griegos usados por el Nuevo Testamento para definir el acontecimiento pascual: el primero es é, literalmente “despertar” del sueño de la muerte por obra de Dios Padre; mientras que el otro verbo es ì, que indica el “ponerse en pie”, casi un levantarse del sepulcro y de la tierra hacia el cielo. En estos dos verbos hay una doble descripción de la Pascua, que no es meramente reducible a la reanimación de un cadáver, como el de Lázaro o el del hijo de la viuda de Naín, o el de la hija del jefe de la sinagoga de Cafarnaúm, destinados todos a morir de nuevo. Con la resurrección se quiere subrayar que Cristo sale del reino de la muerte y vuelve a la vida: no es casualidad que en las apariciones se insista en la verificabilidad de la realidad personal del Resucitado que se deja tocar, habla, se encuentra con sus discípulos y come.
Según el testimonio de los Hechos de los Apóstoles, confirmado por las Cartas de San Pablo a los Romanos, Corintios y Gálatas, la Iglesia primitiva ha predicado además la resurrección de Jesús desde sus inicios, ya con ocasión del primer Pentecostés, es decir, apenas dos meses después de la muerte de Jesús (Hech 2, 24-36). Esto prueba, por el poco tiempo a disposición, el hecho de que las apariciones de Jesús no podían ser elaboraciones legendarias del mensaje de la resurrección fruto de la fe. Por otro lado, ¿Cómo habrían podido los apóstoles predicar la resurrección de Jesús de entre los muertos si los habitantes de Jerusalén podían en cualquier momento mostrar la presencia del cadáver de su maestro?
El documento más antiguo sobre Jesús resucitado se encuentra en el capítulo 15 de la primera Carta a los Corintios, escrita por San Pablo a mitad de los años 50, por tanto menos de veinte años después de la muerte de Jesús. “Pedro” es citado por su nombre arameo “Kefa”, que significa “Pedro” pero también “piedra”, signo típico del Antiguo Testamento para indicar la estabilidad, don divino. El biblista y teólogo italiano Rinaldo Fabris (1936-2015) explica a Aleteia [sitio web] que esto “indica que Pablo se remitía a una tradición antigua procedente de Antioquía”. Según la tradición, quienes vieron a Jesús resucitado fueron Simón Pedro (1 Cor 15, 5; Lc 24, 34), Santiago, el “hermano del Señor” (1 Cor 15, 7) y María Magdalena (Mt 28, 9-10; Jn 20, 14-18); dos discípulos mientras se dirigían a Emaús (Lc 24, 15-31), los once apóstoles (1 Cor 15, 5; Mt 28, 16-20; Lc 24, 36-51; Jn 20, 19-29; 21, 1-23; Hech 1, 3-11); un número considerable de apóstoles (1 Cor 15, 7) y en una ocasión más de quinientos discípulos, “la mayor parte de los cuales vive aún, mientras que otros han muerto”. Este último detalle es importante, pues San Pablo parece llamar en causa a los testigos de la resurrección entonces vivos que habrían podido fácilmente confirmar o desmentir sus palabras.
Jesús resucitado no hizo apariciones al gran público en general, a Poncio Pilato, a Caifás o a la gente que había pedido su ejecución. Como Lucas y Pedro admiten abiertamente, Jesús se apareció “no a todo el pueblo, sino a los testigos predestinados por Dios, a nosotros” (Hech 10, 39-40). Por tanto los testimonios a favor de la resurrección de Jesús en el Nuevo Testamento provienen todos de miembros del movimiento cristiano, no de observadores neutrales o adversarios. Un frágil punto de apoyo para los críticos de la autenticidad de las apariciones, pues también algunos no creyentes como Santiago, pariente de Jesús, Tomás o Pablo encontraron a Jesús resucitado.
Las apariciones suceden en circunstancias normales, no en momentos de éxtasis o trances, ni en sueños, y sin esas características de gloria apocalíptica [o teofanías] que encontramos en otros lugares (Mc 9, 2-8; Mt 28, 3). Para Fabris: “Las apariciones son inesperadas, no son buscadas. No son fruto de la elaboración del luto, o de una visión, sino una verdadera intervención desde el exterior. Además, se diferencian de las apariciones de Dios en el Antiguo Testamento; del Dios inefable, indecible, invisible de Abraham, Isaías o Jeremías”. Y tampoco podían ser alucinaciones colectivas, pues de lo contrario sería imposible explicar lo que le sucedió a Pablo en el camino de Damasco, algunos años después de la aparición a Pedro, que muy probablemente sucedió en Galilea.

Nuevos horarios de Misa

Durante los días 7, 8,9,10 y 11 la Misa será en el convento , a las 20:30 horas. durante los cultos del Señor de la Misericordia.
Mañana martes a las 20:00 horas , en la parroquia tendremos el encuentro parroquial.
A las 22:00 horas tendrá lugar la salida en via-crucis de Ntrº. Sr.º. Cautivo, por los alrededores de la parroquia.
Durante los días 8, 9, 10 y 11, a las 21:00 horas dará comienzo el triduo en honor a Ntrª Srª de la Amargura y Ntrº Srº. Cautivo.

Este Domingo estrenamos nuevo Misal

Una presentación sintética puede servirnos de ayuda para captar qué es el Misal romano, qué significa una nueva edición y cuál son sus principales cambios. Conocerlo será mejor nuestra vivencia y participación en la santa Eucaristía… porque lo vamos a estrenar este I Domingo de Cuaresma y es obligatorio para todas las iglesias, parroquias, monasterios, conventos…img_20170305_2158521
¿Qué es el Misal?
– El Misal es el libro que contiene los textos y oraciones para celebrar la Santa Misa, el libro del altar. En sus primeras páginas ofrece toda la normativa y explicaciones de cómo se ha de celebrar paso a paso
¿Por qué una nueva edición? 
-La 3ª edición del Misal Romano en latín es de 18 de marzo de 2002, con algunas correcciones en 2008. Una vez publicado el Misal en latín, hay que traducirlo a todas las lenguas y que la Santa Sede apruebe esta traducción.
-En la edición castellana destaca sobre todo la traducción que es muy fiel al latín, sin reinterpretar nada, como ya se hizo con los nuevos Leccionarios. Y es que una Instrucción de 2001, “Liturgiam authenticam”, de la Cong. para el Culto divino, pedía que se revisaran todos los Misales y leccionarios en todas las lenguas y se buscase una traducción que no interpretase, sino que fuese lo más literal posible al original en latín.
“Algunas novedades” del nuevo Misal
– Santos que han subido de categoría litúrgica (de memoria libre a obligatoria, de memoria obligatoria a fiesta, etc.)
– Se han añadido nuevas Misas: (por ejemplo, vigilia de Epifanía y Ascensión).
– Se ha enriquecido el Misal con nuevos elementos:
Nuevos textos de la “Oración sobre el pueblo” en Cuaresma, asignándolos para cada día.
Un prefacio nuevo de Mártires.
Nuevas oraciones colectas alternativas.
Posibilidad de utilizar en la profesión de fe el Símbolo Apostólico en lugar del Credo “largo” (niceno-constantinopolitano), que ya se hacía en la anterior edición española del Misal (pero no en forma de preguntas y respuestas, reservado a la Vigilia pascual y a las Misas en que se celebre el Bautismo).
Enriquecimiento de los formularios de las misas de la Virgen María.
Añadido de las melodías de las plegarias eucarísticas y de los prefacios para fomentar su uso y cuidar el canto litúrgico: así se pueden cantar los saludos, las respuestas y aclamaciones, las oraciones y prefacios, etc.
onsagración del cáliz: “será derramada por vosotros y por muchos”
* La fórmula de la consagración del cáliz varía buscando, precisamente, la mayor fidelidad al texto original. En lugar de “que será derramada por vosotros y por todos los hombres”, se dirá obligatoriamente: “por vosotros y por muchos”.
* “Pro multis”, “por muchos”: ¿Qué entraña, qué significa? “Por muchos” fueron las palabras mismas del Señor al instituir la Eucaristía (Mt 26,28; Mc 14,24); “por muchos” es una traducción más fiel que “por todos”; ésta es una traducción menos exacta porque interpreta el contenido al traducirlo, es una explicación que más bien “pertenece propiamente a la catequesis” (Carta Cong. Culto divino).
* También la Carta de la Congregación da una explicación del sentido teológico:
“La expresión “por muchos”, mientras que se mantiene abierta a la inclusión de cada persona humana, refleja el hecho de que esta salvación no ocurre en una forma mecánica sin la participación o voluntad propia de cada persona; más bien, se invita al creyente a aceptar en la fe el don que se ofrece y a recibir la vida sobrenatural que se da a aquellos que participan en este misterio y a vivir así su vida para que sean contados entre los “por muchos”, a quienes se refiere el texto”.
* La voluntad de Dios en Cristo es la redención de todos los hombres, pero no todos la aceptarán ni la querrán, sino “muchos”. No todos quieren beneficiarse de la redención, sino “muchos”. La salvación no es automática: “¡esforzaos en entrar por la puerta estrecha…!”

Encuentro Parroquial

ENCUENTRO PARROQUIAL

Sábado 4 de marzo de 2017

SOBRE CRISTO RESUCITADO:
AL TERCER DÍA RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS

(Catecismo, 638-658)

Sobre la historicidad de la resurrección de Jesucristo: ¿Fue esta resurrección un hecho histórico? El anuncio de esta resurrección es central como anuncio evangélico, pero ¿fue un hecho histórico o pudo ser un mito, o un invento de los apóstoles, una impresión subjetiva…?
Se distribuyen por días los siguientes números (añadidos al comentario o lectura de los propios del Catecismo).

A favor de la historicidad de los relatos del sepulcro vacío está seguramente el papel central de las mujeres –en particular de María Magdalena–, que por el derecho hebreo de aquel tiempo no tenían ningún valor como testigos.
El judaísmo de la época de Jesús estaba embebido o imbuido de “machismo”. Y de hecho el retrato de la mujer que surge de la Biblia no es muy reconfortante. En el libro de los Proverbios, por ejemplo, se pone de relieve su naturaleza loca, pendenciera, lunática y melancólica. Pero sobre todo, en sus Antigüedades Judías, el historiador Flavio Josefo, judío, escribe que “los testimonios de mujeres no valen y no son escuchados entre nosotros, a causa de la ligereza y de lo traicionero de este sexo”.
Por tanto, no es históricamente plausible que los evangelistas, intentando inventar una leyenda creíble, indicaran a las mujeres precisamente como testigos privilegiados del sepulcro vacío de Jesús y de sus primeras apariciones cuando, en la sociedad judía del siglo I no podían ser testigos.
Es verdad que en la lista de los primeros testigos de la resurrección recogida en la primera Carta de San Pablo a los Corintios se pone en primer lugar la aparición de Cristo a Pedro: “Se apareció a Pedro y luego a los Doce” (1 Cor 15, 5). Esta prioridad es confirmada por Lucas aunque con una formulación distinta: “Verdaderamente el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón” (Lc 24, 34).
Y sin embargo, en el relato más detallado que tenemos sobre el descubrimiento de la tumba vacía que se encuentra en Juan –cuyo Evangelio fue redactado posteriormente, hacia el final del primer siglo I, aún presentando en sus estratos profundos recuerdos anteriores de los de los evangelios sinópticos– se lee que María Magdalena fue la primera a la que se apareció el Señor resucitado. Ella, a quien Jesús había librado de siete demonios y que se había convertido en su discípula, siguiéndole hasta la muerte en el Calvario, es la primera testigo en el alba primaveral de esa Pascua de abril de principios de los años 30.
Según otro Evangelio, el de Mateo, María Magdalena y “la otra María” encontraron a Jesús mientras volvían de haber descubierto el sepulcro vacío (Mt 28, 9-10). En estos dos Evangelios el mismo Señor resucitado (Jn 20, 17; Mt 28, 10) y un ángel (Mt 28, 7) dijeron a las dos mujeres (Mateo) o sólo a María Magdalena (Juan) que llevaran la noticia de la resurrección a los discípulos.

AVISO:EL MARTES 7 EL ENCUENTRO ES A LAS 20:00 HORAS , EN LA PARROQUIA

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SOLEMNE TRIDUO En honor del SANTÍSIMO CRISTO DEL AMOR

Durante los días 1, 2 y 3 de marzo a las 9 de la noche, ocupando la Sagrada Cátedra el Rvdo. Padre
D. José Antonio Martínez Jiménez
Párroco de la de Santa María la Blanca de Fuentes de Andalucía.
Sábado día 4, a las 21:15
SOLEMNE FUNCIÓN
(El vía crucis anual se suprime al haber presidido el Cristo del Amor el del Consejo de Hermandades)
El domingo día 5, desde las 5 de la tarde, la imagen del Señor quedará expuesta en
BESAPIÉ
hasta las 9 de la noche en que se rezará el Ejercicio de las Cinco Llagas y se dará a besar la reliquia del
SANTO LIGNUM CRUCIS
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Miércoles Ceniza

Los horarios para el  miércoles de ceniza son los siguientes:

El Convento: A las 17:00 horas , para los niños el despertar en la fé , (catequesis de comunión).
La Parroquia: A las 18:00 horas, para los niños de primera síntesis de la fé, (catequesis de comunión).
La Capilla del Rosario: A las 19:00 horas con misa.
La Parroquia: A las 20:00 horas con misa.
La Parroquia: A las 21:00 Horas en el triduo del Cristo del Amor.
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Via-crucis del consejo de hermandades y cofradias

El próximo día 28 de febrero tendrá lugar el vía crucis del Consejo de Hermandades de Cofradías de El Viso del Alcor, presidido por la imagen del Santísimo Cristo del Amor. El traslado a la plaza del Ayuntamiento, donde se realizará el rezo, será, tras Santa Misa a las 18:00 horas,en la parroquia Santa María del Alcor , presidida por su Párroco , D. Francisco Suarez.
por el siguiente recorrido:
Salida, Manuel Roldán “el Campanero”, plaza padre Nicasio, Santa María del Alcor, Rosario, Cervantes, Cruz, Maestro Seri, Rosario, Hondilla y plaza del Ayuntamiento.
Una vez en la plaza del Ayuntamiento tendrá lugar el rezo del vía crucis.
La vuelta se realizará por el recorrido que sigue: plaza del Ayuntamiento, Convento, plaza Sacristán Guerrero, Condes de Castellar, Albaicín, Amargura y entrada en el templo parroquial, aproximadamente a las 22:00 horas.
En los traslados acompañarán los cantos de la Capella Victoria, de Sevilla.
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Encuentro Parroquial

ENCUENTRO PARROQUIAL

(25 de febrero de 2017)

JESUCRISTO FUE SEPULTADO Y DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS

(Catecismo de la Iglesia Católica, números 624-637)

Es central esto que confesamos de Jesucristo en el Credo, de mucho considerar y meditar, orando del modo más reverente, en el silencio y en la hondura del Sábado Santo: Jesucristo murió en la cruz y, descendido de la misma, fue sepultado, descendiendo luego a los infiernos cuando su cuerpo estuvo en las entrañas de la tierra.
Así se explicaba en una ocasión al respecto Don Antonio Montero Moreno siendo arzobispo de Mérida-Badajoz:

Nadie llega a ser plenamente un ser humano hasta tanto no pasa por el trance de morir. A los humanos se nos suele llamar también los mortales porque de la guadaña no se escapa nadie. Y, menos, el Hijo de Dios e Hijo del Hombre, cuya razón de venir al mundo era igualarse al máximo con nosotros, menos en el pecado. Y tanto más, cuanto que fue precisamente su muerte la mejor muestra de obediencia, de amor a los hombres, de comunión con nuestro destino e incorporación de los hombres al suyo. Sin la muerte física de Jesús no alcanzaría su verdad entera la Encarnación del Hijo de Dios.

I.- Mirada al Crucifijo

Todo se ha cumplido. Estamos en el fin del final: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y dicho esto, inclinó la cabeza y expiró. Los soldados de Pilato le dieron por muerto y no le quebraron las piernas como a los otros dos crucificados. Con todo, uno de los guardianes, recordado después como Longinos por la tradición cristiana, pa-ra cerciorarse de su muerte, y como “tiro de gracia”, empuñó la lanza y taladró con ella el costado, es decir, el corazón, del crucificado, del que manó luego sangre y agua.
Con lo cual, la lanzada vino a rubricar a un tiempo el acta de defunción del Mesías, clave de nuestra salvación, y también su amor insondable a los hombres, hasta la última gota de su ser viviente. Vale decir también lo del “tiro de gracia” (expresión, por otra parte, extrañísima), porque la brecha de Longinos hizo saltar los manantiales de la gracia redentora: agua del Bautismo, sangre de la Eucaristía, nacimiento místico de la Iglesia, del costado de Cristo ya exangüe, como lo fuera Eva del de Adán dormido.
Todos los comentaristas de este pasaje evangélico, hasta los exégetas de hoy, buscan claves simbólicas para su interpretación. Es el mismo San Juan el que da pie para ello, confesándose testigo de los hechos, cosa que hace rara vez en su Evangelio: “El que lo vio, dice, da testimonio. Y su testimonio es verdadero y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis” (Jn 19, 36). ¿A qué decirnos esto con tanto énfasis, si sólo se tratara de la secreción acuosa de una herida? Estamos pisando, como Moisés en el Sinaí, una zona de misterio. Sigamos por ella, aunque volando a menor altura.
Permanece todavía, alzada e izada en la cima del Calvario, la cruz del escarnio y la victoria, con el INRI hecho grabar en su cabecera por Poncio Pilato, proclamando, a contrapelo del Sanedrín, el señorío mesiánico y universal del Nazareno crucificado. Reconstruyo en mi interior su estampa más sublime: abiertos los brazos e inclinada la frente, en gesto de acogida sobre el mundo. Amoroso el semblante en expresión sagrada y silenciosa, según quedó plasmado en la pintura y la escultura del Cristo de Velázquez o el de la Buena Muerte, de los estudiantes sevillanos.
No hubo tiempo, empero, ni siquiera entonces, para una callada meditación. Avanzaba la tarde del viernes y había que retirar los cuerpos de los ajusticiados en las breves horas que faltaban para el descanso sabático. Sobreponiéndose al trauma y al desconcierto, entran en juego, rápidos y bien conjuntados, los mejores amigos de Jesús.
El primero, José de Arimatea, un noble senador, discípulo suyo, que esperaba el Reino de Dios. De él dice San Marcos que se dirigió resueltamente a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús; que Pilato mostró su extrañeza de que hubiera muerto tan pronto y se aseguró de ello llamando al Centurión (cautelas del Derecho romano); y que, al fin, le concedió el cadáver a José de Arimatea.
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II.- El entierro de Cristo

Fue, pues, añade Marcos, “y quitó el cadáver”. Esto suponía desclavarlo, bajarlo de la cruz y llevarlo al sepulcro. Vamos por pasos. Hablemos del Descendimiento, escena contemplada, con infinito amor, por la devoción, la pintura y la escultura cristiana. Junto a José de Arimatea acudió otro voluntario, también dispuesto a todo, el viejo amigo de Jesús, el letrado Nicodemo. Eran dos hombres hechos y derechos, con madurez para tomar decisiones, fieles a Jesús hasta la médula. Eran lo que hoy llamamos dos laicos creyentes, cabales y comprometidos. Junto a ellos estaba ¿quién lo va a dudar? Juan evangelista, discípulo amado, testigo directo de la muerte de Jesús. Muchacho muy ágil y en plena juventud, como lo muestra la carrera de la mañana de Resurrección, con Pedro jadeante a sus espaldas.
Nos consta, igualmente, por los Evangelios sinópticos, que las “Tres Marías”, que le habían acompañado desde Galilea, permanecieron hasta el final en el Calvario y siguieron de cerca a los personajes masculinos mientras colocaban a Jesús en el sepulcro, de lo que hablaremos enseguida. Estuvieron, pues, ellas presentes con toda evidencia junto al Señor, ya muerto, cuando fue bajado de la cruz.
¿Y María, su madre? Si ella estaba junto al madero y de éste lo bajaron, no hay que suponer lo evidente para afirmar que Cristo muerto fue depositado, con patética ternura, en los brazos y en el seno bendito de su madre, sin más comentario que un silencio sagrado, aunque no olvido los estremecedores comentarios de nuestros clásicos asombrosos, Fray Luis de Granada y el P. Luis de la Palma. Estamos en la cima icónica y plástica de la devoción, a un tiempo cristocéntrica y mariana, que se plasma en la Pietà de Miguel Ángel y una entre mil barrocas y españolas la Virgen de las Angustias de mi Granada nativa, cuya medalla llevo al cuello (¡perdón!). María su madre aparece también en ciertos cuadros primitivos en el momento del sepelio. Los Evangelios guardan silencio, pienso que respetuoso.
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III.- Silencio ante el sepulcro

Ante la inminencia del sábado, hubo que buscar con prisa un sepulcro en las inmediaciones del Calvario. Arimatea dio con él en un pequeño huerto (la Magdalena buscaría allí al hortelano), en la base misma del montículo. Dentro estaba excavado en la roca un sepulcro sin estrenar. El sanedrita se hizo con él de inmediato, probablemente a título provisional (¡y tan provisional!) mientras pasaba el Parascebe, o víspera del sábado, como advierte San Juan Evangelista. Previamente había comprado él una sábana nueva, en tanto que Nicodemo trajo consigo cien libras de una mezcla de mirra y áloe. “Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con aromas, como es costumbre sepultar a los judíos” (Jn 19, 40).
Jesús, en su vida pública, había presagiado esta escena ante la mujer que derramó en sus pies un frasco de alabastro “de puro nardo, de mucho precio”. “No la molestéis, dijo, esta mujer se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura” (Mt 12, 40). Y en otro tono, en un momento álgido de su vida pública, les había dicho a los fariseos: “Así como estuvo Jonás en el vientre del monstruo marino tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en las entrañas de la tierra tres días y tres noches” (Mt 12, 40). En este texto, de compleja interpretación en otros aspectos que no son del caso, lo que subraya Jesús con enorme fuerza es su bajada de tres días “a las entrañas de la tierra” ¿No es este un subrayado enorme a su condición humana, a su “hombreidad” como diría Laín? Esto, pienso, encierra tantos mensajes como la llaga del costado.
El sepulcro, en su pétreo mutismo, ¡expresa tantas cosas! En él se depositan tan sólo los despojos mortales de un ser humano. Para muchos el cementerio tiene la palabra definitiva. Eso querían los poderes judíos tras la muerte de Jesús. Por ello consiguieron de Pilato que se sellara el sepulcro y se mantuviera junto a él un turno de guardia durante tres días (cf. Mt 27, 62-66). Mirando a la Historia y al presente, acuden a la mente tantos recuerdos cristianos, que van desde la sábana santa hasta el sepulcro material, vacío tras la resurrección, imán de veneración de todas las generaciones cristianas, que evocan un mundo inquietante de cruzados de antaño, la pluralidad de cus-todios del santísimo lugar, y la connivencia difícil entre cristianos católicos, ortodoxos y reformados. ¿Y qué decir de la situación actual del santo sepulcro y todos los lugares santos, como escenario de una guerra fratricida entre los hijos de Abraham durante casi sesenta años? Cristo sigue enterrado en el sepulcro vacío.

IV.- Salvador del género humano

En la misma línea de fe con que profesamos en el Credo apostólico la muerte y el sepelio de Jesús, lo hacemos también con su misteriosa “bajada a los infiernos”, que realiza Jesús entre su muerte y su resurrección, mientras yace en el sepulcro su cuerpo santo. Diversos textos del Nuevo Testamento dan cuenta de este descendimiento, digamos que del alma y la divinidad de Cristo, al lugar de los muertos. La palabra infiernos, de la misma raíz que inferior, significa, en la cosmovisión judía, el valle profundo del Sheol o Hades, donde sus espíritus (de los propios muertos) estaban a la espera del Salvador de la Humanidad. Adán, Eva, los antiguos patriarcas, reyes, profetas y pueblo de Israel. Y, ¿qué sabemos de la humanidad precristiana? serían objeto de esta visita transcendental. Cristo, al morir en la cruz, “atrajo así y hacia sí a todo el universo” (Jn 12, 32). Por eso, de este descendimiento, del que lo ignoramos casi todo, lo que se desprende es que la sangre y la gracia de Cristo extienden su sombra salvífica a todo el género humano.
Con Jesús de Nazaret, Hijo de Dios e Hijo del Hombre, fueron sepultados, con aparente fracaso y frustración, todos los inocentes, todos los perdedores de la historia. Sólo la fuerza de su Resurrección pudo remover la piedra de su sepulcro y de todas las tumbas (incluidas las piras y los hornos crematorios) de la doliente familia humana. Su Resurrección gloriosa y para siempre no sólo viene exigida por su condición divina, sino reclamada a gritos y aplausos por un imperativo categórico de la justicia final y del triunfo del bien, que abra paso a la nueva humanidad.
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Encuentro Parroquial

ENCUENTRO PARROQUIAL

(18 de febrero de 2017)

LA MUERTE DE JESÚS Y NUESTRO MORIR CON CRISTO

(Cf. Catecismo, 612 ss.)

El morir con Cristo y como Cristo ha quedado abierto a la resurrección (1 Cor 15). Por eso grita Pablo estas exclamaciones: “¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde, muerte, tu aguijón venenoso?” (1 Cor 15, 55).
La tradición bíblica que Pablo sabía por asimilación y herencia le presentaba la muerte así: como una conclusión natural de la existencia o también como un castigo del pecado. Pablo comprendió, por la muerte y resurrección de Jesús, que todos los hombres son pecadores (Rom 3, 9) y que todos “fuimos reconciliados con Dios por medio de la muerte de su Hijo” (Rom 5, 10). Por causa del pecado, la muerte hizo su entrada en el mundo (Rom 5, 12): si todos morimos, esto significa que también todos pecamos. La muerte, como fenómeno universal, es el signo de una situación universal de pecado.
¿A qué se refiere San Pablo al hablar de “muerte”? Al hablar de “muerte”, Pablo entiende evidentemente algo más que un simple fenómeno biológico de descomposición: la muerte es también separación de Dios; es dolor, violencia radical, sufrimiento, incomunicabilidad. Por tanto, Pablo ve también la muerte en el contexto de la humanidad sometida al dominio del pecado. Esto no significa que sea, de suyo, la consecuencia o el castigo de los pecados personales.
El morir con Cristo y como Cristo arranca de la ambigüedad peligrosa de la muerte relacionada con el pecado: “Si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él” (Rom 6, 8). Como él ha resucitado, también nosotros resucitaremos (1 Cor 15). Nuestra vida y nuestra muerte tienen un referente: Jesús.
Sin embargo, la finalidad sigue siendo el deseo de vivir y la búsqueda de la superación de la muerte. Se inserta aquí la vida sacramental del cristiano.
El morir cristiano comienza ya con el bautismo; con la “muerte” al pecado (Rom 6, 11), al hombre viejo (Rom 6, 6), a la carne o el egoísmo (1 Pe 3, 18), al cuerpo del pecado o al ser pecador (Rom 6, 6; 8, 10), a la ley o pretensión de autosalvación (Gál 2, 19), a todos los elementos del mundo o las diversas ideologías (Col 2, 20). Y, al final, un morir a la muerte para pasar de la muerte a la vida (Jn 5, 24). La vida con Cristo, inaugurada con el bautismo, nos libera del pecado y de las fuerzas de muerte que nos aprisionan, de todos los poderes que limitan y oscurecen nuestra libertad; nos hace vivir de modo verdaderamente humano. El Espíritu de Cristo nos libera del pecado precisamente porque nos hace vivir como Cristo para hacernos resurgir como Cristo.
Lo mismo que vivió para el Señor, así también el cristiano “muere para el Señor” (Rom 14, 7-8; Fi1 1, 20). Y su muerte abre hacia una dicha sin fin: “Dichosos desde ahora los muertos que mueren en el Señor” (Ap 14, 13). En el morir con Jesús tiene lugar nuestro encuentro definitivo con Dios. Nacerá entonces para nosotros “un cielo nuevo y una tierra nueva” (Ap 21, 1) y “no habrá más muerte, ni luto, ni llanto, ni pena” (Ap 21, 4). ¡Para nosotros habrá acabado el “mundo”! Con Jesús viviremos para siempre en Dios, junto con nuestro mundo transfigurado.

EPÍLOGO Y CONCLUSIÓN DE ESTA PARTE DE NUESTROS ENCUENTROS

Vamos por el artículo del Credo por el que confesamos creer en Jesucristo que padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado. En lo de “sepultado” nos falta aún adentrarnos. Lo iremos considerando, si Dios quiere, en sucesivos encuentros.
Nos está resultando en estos encuentros que no sólo nos hemos adentrado en la muerte de Jesús sino también en nuestra muerte, en la muerte del hombre, no sólo refiriéndonos a la muerte del cuerpo; hemos de tener en cuenta que la antropología bíblica no separa el alma del cuerpo: el hombre es alma y el hombre es cuerpo. Y lo cierto es que la resurrección afecta al hombre entero. ¿Pero muere todo el hombre en la muerte? Hay que tener presente que, para la Biblia, el “alma” y el “cuerpo” no son dos partes o dos elementos separados que se juntan para construir al hombre; sino dos dimensiones del ser humano: el hombre es “alma” en cuanto que es libertad y capacidad de relación con Dios; es “cuerpo” en cuanto que es solidario de los demás y del mundo. En el pensamiento bíblico no existe un esquema dualista de alma y cuerpo. Por eso es preciso tener mucha prudencia al presentar la muerte como separación de alma y cuerpo; ese lenguaje, por lo demás bastante tradicional en la Iglesia, puede convertirse en un instrumento verbal indispensable para anunciar, en la predicación, la fe cristiana en la supervivencia del yo después de la muerte. Precisamente en cuanto “alma”, apertura a Dios Creador y Salvador, el hombre es inmortal, capaz de acoger el don de la vida divina. Pero esto no debe llevar a la conclusión de que la muerte sea un fenómeno puramente biológico que se refiera sólo al cuerpo, sin tocar para nada al alma. Todo el hombre, en las dimensiones del alma y del cuerpo, está manchado por el pecado; todo el hombre, alma y cuerpo, ha sido redimido por la muerte de Jesucristo.
La Biblia (Sagrada Escritura y Palabra de Dios) no quiere asustar con el pensamiento de la muerte ni inspirar un miedo saludable con sus relatos: tampoco quiere banalizar la muerte, despojándola de su terrible seriedad. Siguiendo la Palabra de Dios, se aprende sobre todo a no manipular la muerte, a mirarla y considerarla por lo que es. Sería un grave error comprender la fe bíblica como un ars moriendi, como un ejercicio sobre el modo de morir. El creyente no es un artista del morir: el ars moriendi es un juego fútil para afirmarse a sí mismo incluso en la muerte. El creyente acepta la vida de las manos de Dios, como don de su amor, y acepta el deber y poder morir con la misma confiada esperanza en Aquél que le concedió poder vivir. Y la medida de la fe no depende del miedo o no miedo de la muerte, porque en este caso el miedo no es vileza, sino horror de lo que es extraño a Dios mismo por ser negación de toda relación. Por eso toda la vida del creyente es un no a la muerte, una aceptación de la vida, a fin de vencer, con Cristo, incluso la muerte.